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Rey de reyes y Señor de señores

 

 
 

Para el 24 de Septiembre del 2005

 

Material Auxiliar

Hechos 1:11

 

 Objetivos para el Maestro

  1. Analizar el retorno de Cristo como Rey y Señor.

  2. Enfatizar la certeza de la promesa del regreso de Cristo.

  3. Examinar la diferencia entre la gente que estará preparada y la que no lo estará.

 

 Bosquejo de la Lección

I.          Cristo, el Rey (Apoc. 19:16).

A.         ¿Con qué finalidad regresará Jesús como Señor y Rey?

B.         ¿Por qué se lo llama el Fiel y Verdadero?

C.         Por qué motivo tiene el derecho de gobernar esta tierra como Rey de reyes?

II.         La bienaventurada esperanza (2 Ped. 3:9, 10).

A.         ¿Por qué podemos estar seguros de la promesa que hizo Cristo de regresar?

B.         En ocasión de la ascensión de Cristo, ¿por qué los ángeles aseguraron a los discípulos su regreso en gloria?

C.         ¿Por qué la Biblia describe con exactitud la manera en que volverá Cristo?

III.        ¿Estarás listo? (Apoc. 16:15).

A.         ¿Cómo puedes atender tus deberes diarios y, sin embargo, vivir como si Cristo regresara en cualquier momento?

B.         Analiza lo que significa estar listos cuando Jesús regrese.

C.         ¿Por qué todos confesarán que Cristo es el Señor cuando él vuelva?

 

  •  Resumen

Podemos estar seguros de que Jesús regresará. Ese día, aun los impíos confesarán que él es el Señor. Debemos decidir ahora si queremos estar listos para encontrarnos con él en su venida. Porque, estemos listos o no, ¡Jesús vuelve otra vez!

 

  •  Comentario

¡Rey de reyes y Señor de señores!

La antigua ley civil hebrea reconocía a Dios como el Juez definitivo. Eso significaba que la meta exclusiva de cada proceso judicial humano era descubrir el juicio de Dios sobre ese asunto determinado. Los actos de Dios como Juez no eran simplemente el modelo que los jueces humanos debían seguir; él era la Autoridad a la que debían someterse los juicios humanos (ver 1 Rey. 8:31, 32; 2 Crón. 19:6, 7). Hoy, tendemos a ignorar este aspecto del juicio humano porque no seguimos la comprensión bíblica de la actividad de un juez.

Solemos pensar que los jueces condenan a las personas. Cuando una persona es encontrada culpable de una ofensa, en la tradición occidental, un juez pronuncia la sentencia que condena a tal persona por su actividad impropia; aun en la tradición hebrea, se hace lo mismo. Sin embargo, en la Biblia, la tarea principal de los jueces era dejar las cosas en buena forma. Como parte de su tarea, los jueces categorizaban los actos, clarificando así la diferencia entre los actos buenos y los malos. De hecho, las palabras para bueno o correcto, justo, juez y juicio, todas tienen la misma raíz en griego: dikaióo. Los pobres, los despreciados, los oprimidos, las viudas y los huérfanos acudían a los jueces para pedirles que vinieran en su defensa y pusieran en orden el mal que se les había causado. De este modo, el Antiguo Testamento usa las palabras salvación y justicia como sinónimos (ver Sal. 71:13, 16; Isa. 51:5; 56:1; 59:15-17).

Cuando Dios actúa como Juez justo para poner las cosas en su lugar, él trae salvación, vindicación y liberación a los oprimidos y a los exiliados. Dios aclara la confusión de que el bien sea llamado mal y el mal sea llamado bien. En la parábola de Jesús (Luc. 18:1-8), la mujer sabe adónde ir para que las cosas se resuelvan; y sigue yendo allí hasta que el juez actúa en favor de ella, aun cuando él es un juez injusto.

Por eso, cuando Jesús y Pablo hablan acerca de la justicia y del juicio, ellos están más preocupados acerca del proceso de hacer que las cosas vuelvan a su estado correcto, que de condenar a alguien. En el libro de los Jueces, los “jueces” hacían poco de lo que consideraríamos actividad puramente judicial; lo que hacían era ordenar los hechos.

La tarea de los jueces no terminaba cuando pronunciaban la sentencia; era tarea de ellos seguir el proceso de cerca, para asegurarse que la sentencia fuera llevada a cabo y realmente se hiciera lo recto. Esto podía incluir el castigo del malhechor, la restitución al que había sido perjudicado o ambas cosas. Los jueces hacían que se efectuara lo que era correcto, no sólo decían a la otra gente que debían hacer las cosas correctas.

Sin embargo, no era suficiente pronunciar un juicio y ver que se cumpliera. Ese juicio debía ser publicado tan ampliamente como fuera posible, de modo que todos los interesados pudieran concordar en que el juicio fue justo. Todos los que lo oían, ya fueran la parte inocente o la parte culpable, sea el acusador o el defensor, fueran los testigos o los espectadores, necesitaban estar de acuerdo en que la decisión fue la correcta.

En vez de que cada parte fuera el adversario de la otra, todas las partes tenían una responsabilidad en lograr que se hiciera justicia. Cuando se realizaba un juicio justo, todos estaban de acuerdo en que el asunto se había resuelto, que lo que estaba mal había sido corregido y que el juez había hecho exactamente lo que era necesario hacer.

Tal vez, esto nos ayuda a comprender de qué se trata el juicio investigador. Dios no está tratando de determinar a quiénes condenar; él está tratando de aclarar las cosas en la tierra ante el universo. Este juicio es una investigación de lo que ocurrió. Es una investigación en la que se revelan los hechos y se dice la absoluta verdad. El Juez pronuncia un veredicto, y ese veredicto trae la salvación al justo pueblo de Dios por causa de su relación con Cristo. No son cubiertos sencillamente con su “manto de justicia”; ellos han llegado a integrar el cuerpo de Cristo. Ellos mismos son un pueblo que actúa con justicia.

Entonces, Dios publica el veredicto para que todos lo examinen. Primero, lo hacen los seres celestiales, después de lo cual dan su aprobación (Apoc. 5:11-14). Luego, los redimidos examinan el veredicto y emiten su opinión de que el juicio es justo (1 Cor. 6:2, 3; Apoc. 20:4). Finalmente, toda la humanidad, los justos y los impíos, se inclinan en sumisión para confesar que el veredicto de Dios es justo (Isa. 45:21-23; Fil. 2:10; Apoc. 20:11-15).

Sólo entonces Dios puede destruir el pecado sin dejar ninguna cuestión sin responder. No quedan dudas. La diferencia entre el bien y el mal queda resuelta para siempre. El Juez de toda la tierra ha hecho lo que era correcto. (Los conceptos para este comentario se encuentran en Vernand Eller, Towering Babble, pp. 104-109),

 

  •  Estudio Bíblico Inductivo

Textos para estudiar: Juan 14:1-3; Hechos 1:7-11; Filipenses 2:5-11; Apocalipsis 19:11-16.

1.         Las diferencias entre la primera y la segunda venidas de Cristo difícilmente podrían ser más notables. En su primera venida, Jesús era totalmente vulnerable. Pasó toda su vida pública como un siervo. Sin embargo, volverá como un héroe conquistador que vence al pecado en todas sus formas. ¿Es nuestra experiencia actual más similar a la primera o a la segunda venida de Cristo? ¿Por qué? ¿De qué modo servir a Cristo como Señor nos prepara para vivir con él en gloria?

2.         La parábola de las diez vírgenes (Mat. 25:1-13) se ocupa directamente de la demora entre la ascensión de Cristo y su regreso. Todas las vírgenes (prudentes e insensatas) se durmieron, pero sólo las prudentes estaban preparadas para la demora. ¿Qué te mantiene motivado para seguir velando hasta el regreso del Señor? ¿Qué te ayuda en mayor medida para esperar productivamente: la actividad o la inactividad? ¿Cuáles son tus métodos preferidos para mantenerte activo?

3.         El hombre que construyó su casa sobre la roca (Mat. 7:24-27) no pudo impedir que viniera la tempestad; ni tampoco el hecho de tener la casa sobre la roca apresuró o demoró la inundación. El único beneficio de tener una casa sobre la roca fue estar preparado cuando vino la creciente. ¿Qué o a quién simboliza la roca? (Sal. 18:2). ¿Qué pasos específicos podemos dar para estar preparados? ¿De qué modo conocer a Jesús como Señor te ayuda a mantenerte preparado?

4.         Lee Colosenses 3:1 al 4. ¿Qué quiso decir Pablo cuando escribió: “Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (vers. 3)? ¿Qué seguridad tienes de que tu vida está realmente escondida con Cristo? ¿Qué diferencias prácticas produce eso en tu vida? ¿Qué notan otras personas, particularmente los no cristianos?

 

  •  Testificación

Aunque Dios no hiciera ninguna otra cosa buena en tu vida, él todavía sería digno de tu alabanza, ¡porque él es el Rey de reyes y Señor de señores!

Nuestra respuesta a Dios determina si estamos preparados para su retorno. Como adventistas que esperamos la segunda venida de Cristo, estamos en peligro de quedarnos mirando al cielo fijamente, como los discípulos hicieron el día de la ascensión.

Esperamos su regreso; pero mientras estemos aquí, él tiene una obra para que hagamos. Pensamos que estamos listos, pero si no hemos hecho a Dios el Señor de nuestras prioridades, nuestros pensamientos, nuestro hablar, nuestras oraciones, nuestras relaciones, nuestros recursos, el templo de nuestro cuerpo, nuestro trabajo, nuestra adoración y nuestro servicio aquí en la tierra, ¿cómo podrá ser nuestro Señor en el cielo?

Y así llega a nosotros la pregunta que ha recorrido los siglos: “¿Por qué estáis mirando al cielo?” (Hech. 1:11).

Jesús volverá, pero nosotros tenemos una comisión que cumplir entretanto. Debemos hacer saber a otros acerca de este Señor y Rey; debemos compartir la esperanza que tenemos en el pronto regreso del Señor.

Si Jesús es Señor de nuestra vida, entonces ya no estaremos dispuestos a permitir que cualquiera perezca más de lo que él está dispuesto a permitirlo. Sí, nos encontramos en un territorio ocupado por el enemigo, esperando que nuestro soberano Señor retome lo que el enemigo robó. Pero trabajemos para ayudar a todos los que están dispuestos a ponerse del lado del Señor, de modo que ellos puedan alegrarse con nosotros en ese día, cuando él regrese en toda su gloria.

 

  •  Aplicación a la Vida

Rompamos el Hielo: ¿Qué penurias te afligen? Si estuvieras haciendo una lista, ¿incluirías las finanzas inadecuadas, las relaciones personales negativas o demandas no realistas en tu trabajo? ¿O son todas esas cosas, y aun más profundas? En Juan 14:1, Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón”. ¿Qué razones da él para tener paz en medio de la adversidad (vers. 2, 3)? ¿De qué modo la cosmovisión según la cual un Salvador está a punto de regresar nos permite mantenernos firmes aun durante los momentos más difíciles?.

Preguntas para Reflexionar:

1.         En tu lugar de trabajo, ¿quién tiene la palabra final, la mayor autoridad? Esa persona generalmente establece las reglas y es quien mejor resuelve los problemas. En el universo, Dios el Padre es la Autoridad máxima. Él quiere resolver nuestros peores problemas: el pecado y la separación de él. Hasta envió a su Hijo, de modo que tuviéramos pruebas tangibles de su plan de rescate. ¿Por qué es importante para ti que Jesús sea “Fiel y Verdadero” (Apoc. 19:11)? ¿Cómo se compara esto con tu jefe? ¿De qué modo explicarías a un compañero de tareas tu confianza en la autoridad de Dios y sus planes?

2.         Lee otra vez Mateo 24:23 al 51. Aquí Jesús pinta un cuadro verbal de los eventos del tiempo del fin. Él invita a sus seguidores a observar los hitos que anunciarán su regreso; también relata una parábola acerca de quienes lo esperan. ¿De qué manera responderás a su pregunta: “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa?” (Mat. 24:45). Como clase, oren por el ministerio y el testimonio de cada uno de sus integrantes. Hagan un pacto, todos juntos, de apoyarse el uno al otro para ser fieles y prudentes.

Preguntas de aplicación:

1.         Dios profetizó de que “en el nombre de Jesús se doble toda rodilla [...] y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Fil. 2:10, 11). Las Escrituras también registran que los que adoran de corazón a Jesús lo alabarán, y los que lo hacen forzados por la evidencia pedirán a las rocas que los escondan de su presencia. ¿De qué modo la bienaventurada esperanza de su retorno inminente beneficia tu vida? ¿Qué harás, esta semana, para compartir en forma auténtica las buenas nuevas de un Salvador próximo a venir, que es digno de alabanza, honor y adoración?

 

 

 

 

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