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 Dios responde las oraciones

Misionero de Jardín de Infantes y Primarios

Misionero para el 10 de Septiembre del 2005


 

Eslabones de la gracia

Adoración. Dos niños japoneses agradecen a Dios por responden sus oraciones.  

A lo largo de la costa suroeste de Japón se encuentra un grupo de montañas que sobresalen del mar. Al abrigo de una de éstas se encuentra un precioso pueblo con una Iglesia Adventista. Allí conocimos a dos niños adventistas que desean compartir con nosotros cómo respondió Dios sus oraciones.

Una noche espantosa

Rintaro tiene nueve años y cursa el tercer grado en una escuela adventista. Su historia es acerca de la noche en que su hermana casi muere.

Rintaro se despertó cuando su mamá lo tocó ligeramente. Luego la escuchó correr por el piso de madera y levantar el teléfono. Ella marcó un número y dijo: "Por favor, venga rápidamente. Mi hija no está respirando".

Rintaro se sentó y miró asombrado a su hermana. Los ojos de ella estaban abiertos, pero no se le veían las pupilas y no se movía.

—¿Qué le pasa a Momoko? — preguntó Rintaro a su mamá.

—No sé —dijo ella con la voz tensa de temor.

Ansiosa espera

El sonido de la sirena traspasó la quietud de la noche. El ruido se hizo más fuerte y luego se detuvo. La mamá corrió hacia la puerta y condujo a los médicos a la estera donde dormía la hermana de Rintaro. Él se sentó en la esquina del cuarto, donde podía ver a los médicos auxiliando a su hermana. Al llamarla por su nombre, ella se quejó.

Mientras los médicos levantaban a su hermana y la colocaban en la ambulancia, la mamá de Rintaro le dijo que corriera a la casa de la abuela, que estaba cerca, y se quedara con ella. Luego la mamá subió a la ambulancia, y ésta se dirigió a prisa hacia el hospital.

Rintaro se vistió y se dirigió a la casa de la abuela. Se enjugó las lágrimas de los ojos mientras le contaba lo ocurrido.

—¿Se va a morir Momoko? —preguntó Rintaro a su abuela.

—No lo sé —dijo ella—, pero podemos ayudarla orando por ella.

Así que Rintaro y su abuela oraron por Momoko. La abuela se sentó junto a Rintaro esa noche, pues él no podía dormir. A la mañana siguiente, mientras se arreglaba para ir a la escuela, llegó su papá.

El se encontraba trabajando fuera de la ciudad, pero la mamá de Rintaro lo llamó cuando Momoko se puso mal. El señor llevó a Rintaro a la escuela adventista. A éste le dio gusto poder hablar con su papá.

En la escuela Rintaro se sintió triste y preocupado. Sus maestros sabían que su hermana estaba enferma, y durante el tiempo para la oración, uno de ellos pidió a los niños que oraran por Momoko. A Rintaro se le hizo un nudo en la garganta y derramó algunas lágrimas.

Bienvenida a casa

Cuando Rintaro llegó de la escuela ese día, sus padres estaban allí.

—¿Cómo está Momoko? —preguntó, preocupado.

—Ven y ve —dijo la mamá, señalando a la hermana de Rintaro, recostada en su estera—. Se ve bien.

—Estoy muy feliz porque estás bien —dijo Rintaro suavemente—. Estaba preocupado. En la escuela oramos por ti hoy.

—Gracias, hermanito —dijo Momoko sonriendo.

Dios respondió las oraciones de Rintaro, y Momoko nunca tuvo un problema similar al de aquella noche espantosa. Rintaro aprendió la importancia de la oración aquel día. "Ahora oro por otras personas también —dice él—.Mi prima está en el hospital, y estoy orando por ella. También estoy orando por mi padre. El no era cristiano, pero ahora ha comenzado a asistir a la iglesia y está estudiando la Biblia con el pastor.

El hermano de Saki

Saki tiene diez años de edad y cursa el cuarto grado. A ella le gusta ir en busca de flores a la ladera de la montaña que se encuentra detrás de su casa. Ella las lleva a casa, las aplana y luego las dibuja.

La historia de Rintaro le hizo recordar a Saki la ocasión cuando su hermano mayor se encontraba en el hospital. El sufría de neumonía y otros problemas, razón por la cual los doctores tuvieron que operarlo. A Saki no le permitieron ir al hospital a visitar a su hermano, pero sí pudo orar por él. Sus padres pasaron mucho tiempo en el hospital con su hijo enfermo, así que Saki se quedó en casa con su hermana. Cada noche, cuando sus padres regresaban del hospital, hablaban acerca de su hermano y oraban por él.

"Los doctores dijeron que le tomaría mucho tiempo recuperarse —dijo Saki—. Pero gracias a nuestras oraciones, él se repuso en mucho menos tiempo del que se pensó. Estoy feliz porque a Jesús le gusta responder nuestras oraciones. Él hizo que mi hermano recobrara la salud."


 

Compilación: Dr. Pedro Martinez (drmartinez@pmministries.com  o ministeriospm@hotmail.com)

 


 

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