Notas de Elena White

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El cumplimiento de las profecías bíblicas

Lección 3

Para el 21 de Abril del 2007


 

 

Sábado 14 de Abril

Considerando la brevedad del tiempo, debiéramos, como pueblo, velar y orar, y en ningún caso dejarnos distraer de la solemne obra de preparación para el gran acontecimiento que nos espera. Porque el tiempo se alarga aparentemente, muchos han llegado a ser descuidados e indiferentes acerca de sus palabras y acciones. No comprenden su peligro, y no ven ni entienden la misericordia de nuestro Dios al prolongar su tiempo de gracia a fin de que tengan tiempo para adquirir un carácter digno de la vida futura e inmortal. Cada momento es del más alto valor. Les es concedido tiempo, no para dedicarlo a estudiar sus propias comodidades y ser moradores de la tierra, sino para emplearlo en la obra de vencer todo defecto de su propio carácter y en ayudar a otros, por su ejemplo y esfuerzo personal, a ver la belleza de la santidad. Dios tiene en la tierra un pueblo que con fe y santa esperanza está siguiendo el rollo de la profecía que rápidamente se cumple, y cuyos miembros están tratando de purificar sus almas obedeciendo a la verdad, a fin de no ser hallados sin la vestimenta de boda cuando Cristo aparezca (Review and Herald, agosto16, 1887).

 

Domingo 15 de abril: Licencia profética

"Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos" (S. Mateo 24:24).

En estos días de engaño, cada persona que está afirmada en la verdad tendrá que contender por la fe que una vez fue dada a los santos. Por medio de su obra misteriosa, Satanás introducirá toda clase de error para engañar, si es posible, hasta a los mismos escogidos y así alejarlos de la verdad. Habrá que hacer frente a la sabiduría humana; a la sabiduría de los hombres doctos, quienes, como los fariseos, son maestros de la ley de Dios pero no la obedecen ellos mismos. Habrá que hacer frente a la ignorancia y la locura humanas que se manifestarán en teorías incoherentes ataviadas con un ropaje nuevo y fantástico; teorías que serán más difíciles de enfrentar, porque no hay razón en ellas.

Habrá sueños falsos y visiones espurias, que tendrán una parte de verdad pero alejarán de la fe original. El Señor ha dado una regla para detectarlos: "!A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8:20). Si empequeñecen la ley de Dios, si no prestan atención a su voluntad como ha sido revelada en los testimonios de su Espíritu, son engañadores. Están controlados por el impulso y las impresiones, los cuales creen que provienen del Espíritu Santo, y los consideran más dignos de confianza que la Palabra inspirada. Pretenden que todos los pensamientos y sentimientos constituyen una impresión del Espíritu; y cuando se los hace razonar poniendo las Escrituras como base, declaran que poseen algo más digno de confianza. Pero mientras piensan que son conducidos por el Espíritu de Dios, en realidad están siguiendo fantasías promovidas por Satanás ...

Satanás revestido con ropaje angélico, obrará en forma sutilísima para introducir-invenciones humanas. Pero la luz de la Palabra brilla en medio de la tinieblas morales, y la Biblia nunca será reemplazada por manifestaciones milagrosas. Hay que estudiar la verdad, y hay que buscarla como un tesoro escondido. No se darán inspiraciones maravillosas aparte de la Palabra, ni aquéllas tomarán el lugar de ésta. Aferraos a la Palabra y recibid la Palabra injertada que hará a los hombres sabios para la salvación (Recibiréis poder, p. 121).

Cristo anunció a sus discípulos lo que les esperaba en su trabajo de evangelización. Sabía cuáles serían sus sufrimientos, y cuáles las pruebas y tribulaciones que tendrían que sobrellevar. No quiso ocultarles lo que iba a sucederles, no fuese que las dificultades, al sobrevenir repentinamente, hiciesen vacilar su fe. "Desde ahora os lo digo antes que se haga -dice él- para que cuando se hiciere, creáis que yo soy" (S. Juan 13: 19). La prueba, en vez de minar su fe, debía afirmarla. Unos a otros debían repetirse: "Nos había dicho que esto vendría y cómo hacerle frente" (Joyas de los testimonios, 1. 3, p. 398).

El Salvador tenía un doble propósito al pronunciar su advertencia a Judas: primeramente quería darle al falso discípulo una última oportunidad de evitar ser condenado como traidor. En segundo lugar, quería darles a los otros discípulos una clara evidencia de que era el Mesías al revelar los movimientos secretos de Judas. Por eso dijo: "No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy" (S. Juan 13:18,19) (Folleto, Redemption: or the Sufferings of Christ, His Trial and Crucifixión, pp. 7, 8).

 

Lunes 16 de abril: Profecías tempranas

El evangelio se enseña a través de toda la Biblia: desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es revelado en todas las profecías relacionadas al primer advenimiento de Cristo como Salvador del mundo. Cada acto de la antigua dispensación buscaba apartar a los seres humanos del pecado o asegurarles el perdón basado en el Salvador que habría de venir. Él era la piedra angular del plan por medio del cual los humanos serían exaltados (Manuscript Releases, 1. 10, p. 156).

La enemistad a que se hace referencia en la profecía del Edén no iba a quedar restringida meramente a Satanás y al Príncipe de la vida. Debía ser universal. Satanás y sus ángeles habían de sentir la enemistad de toda la humanidad. Dijo Dios: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3: 15). La enemistad puesta entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer era sobrenatural... Y nunca esa enemistad llegó hasta un grado tan notable como cuando Cristo se convirtió en habitante de esta tierra (Mensajes selectos, 1. 1, p. 297).

Cuando Cristo murió sobre la cruz, Satanás tuvo un breve momento de triunfo. Se había cumplido la profecía hecha en el Edén: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3: 15). Cristo fue clavado en la cruz, pero ganó la victoria. Todas las fuerzas del mal se reunieron para tratar de destruir al que era la luz del mundo; a quien representaba la verdad que hace sabio para la salvación. Pero esa confederación no pudo triunfar; cada movimiento satánico lo ponía más cerca de su ruina eterna. Cada sufrimiento de Cristo en favor de los pecadores hacía temblar los mismos fundamentos del reino enemigo. Satanás pudo lastimarle el calcañar, pero él lo hirió en la misma cabeza, destruyendo, por su muerte, al que tenía el poder de la muerte. Al tratar de atrapar a su presa, él mismo fue apresado, porque mediante su muerte, Cristo trajo la vida y la inmortalidad por medio del evangelio. Nunca el Hijo de Dios fue más amado por su Padre, por la familia celestial y por los habitantes de los mundos no caídos, que cuando se humilló a sí mismo para soportar la desgracia, la vergüenza y el abuso. Al cargar el pecado del mundo, quitó la maldición del pecado sobre la raza humana, y le anuló el fundamento sobre el que se basa el poder satánico: el pecado (The Youth s Instructor, junio 28, 1900).

Con los lomos ceñidos, las sandalias calzadas, y el bordón en la mano, el pueblo de Israel permanecía en silencio reverente, y sin embargo expectante, aguardando que el mandato real les ordenara ponerse en marcha. Antes de llegar la mañana, ya estaban en camino ... Aquel día completó la historia revelada a Abrahán en visión profética siglos antes: "Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza".

Al sacar a Israel de Egipto, Dios manifestó nuevamente su poder y misericordia. Las obras maravillosas realizadas al librarlos del cautiverio y la forma en que los trató en su viaje por el desierto, no fueron únicamente para el beneficio de Israel. Habían de ser una lección objetiva para las naciones circunvecinas. El Señor se reveló a sí mismo como un Dios que estaba por encima de toda autoridad y grandeza humanas. Las señales y maravillas que realizó en favor de su pueblo mostraban su poder sobre la naturaleza y sobre los más encumbrados adoradores de ella (Conflicto y valor, p. 90).

 

Martes 17 de abril: La profecía de Daniel 2

La historia humana relata las realizaciones de los hombres, sus victorias en las batallas y el éxito que obtuvieron en sus planes de alcanzar grandeza mundana. La historia divina describe al hombre tal como lo ve el cielo. En los registros celestiales se ve que todo su mérito consiste en su obediencia a los requerimientos de Dios. Su desobediencia es fielmente registrada y seguramente recibirá el castigo que merece. A la luz de la eternidad se verá que Dios trata con los hombres de acuerdo con la importante cuestión de la obediencia o la desobediencia

Centenares de años antes de que los pueblos subieran al estrado de la historia, la pluma profética, inspirada por el Espíritu Santo, había trazado su camino. El profeta Daniel describió al rey de Babilonia el surgimiento y la caída de los reinos. Al interpretarle el sueño de la gran imagen, Daniel le anticipó a Nabucodonosor que la grandeza y poder de su reino en este mundo de Dios, sería reemplazado por un segundo reinado que también tendría su tiempo de prueba para saber si ese pueblo exaltaría al único Dios y gobernante verdadero. Si no lo hacía, un tercer reino ocuparía su lugar, el que también sería probado por su obediencia o desobediencia. Finalmente, un cuarto reino, fuerte como el hierro, sometería a las naciones del mundo. Estas palabras, presentadas por el Dios infinito al hombre finito, registradas por la pluma profética y confirmada por las páginas de la historia, muestran que Dios es quien gobierna; que cambia los tiempos y las circunstancias; que pone reyes y quita reyes para cumplir sus propósitos.

Bajo Nabucodonosor, Babilonia fue el imperio más rico y poderoso de la tierra. Sus riquezas y esplendor están registrados en los escritos inspirados. Pero cuando los tiempos de Dios se cumplieron, ese reinado, orgulloso y poderoso, dirigido por hombres de gran intelecto, fue quebrantado y vencido, porque esos grandes estadistas no dependieron de Dios y pensaron que ellos mismos habían creado tal grandeza y exaltación. Sin embargo, cuando Dios habla, se seca la hierba y se marchita la flor más hermosa; sólo la palabra y la voluntad de Dios permanecen para SIempre.

La voz de Dios, escuchada en el pasado, ha sido confirmada de siglo en siglo a través de todas las generaciones que han llegado a la acción y después se han esfumado. ¿Acaso Dios hablará y su voz no será respetada? ¿Qué otro poder estaría en condiciones de trazar la historia de las naciones que se levantarían en su predicho tiempo y lugar, testificando, sin saberlo, que estaban cumpliendo una verdad que ellos mismos no conocían?

La historia y la profecía testifican que el Dios de toda la tierra revela sus secretos al mundo mediante sus siervos elegidos. Pero el mundo incrédulo, que habla y escribe acerca de alta educación, está hablando de cosas que no entiende. No se da cuenta que la educación más elevada es aquella que incluye un perfecto conocimiento de Dios y de Jesucristo a quien él ha enviado. Son muy pocos los que comprenden que la verdadera ciencia humana proviene del Dios de la ciencia; ese mismo Dios que gobierna sobre todo (Bible Training School, diciembre 1, 1912).

 

Miércoles 18 de abril: El Mesías en la profecía

Jesús estaba delante de la gente como exponente vivo de las profecías concernientes a él mismo. Explicando las palabras que había leído, habló del Mesías como del que había de aliviar a los oprimidos, libertar a los cautivos, sanar a los afligidos, devolver la vista a los ciegos y revelar al mundo la luz de la verdad. Su actitud impresionante y el maravilloso significado de sus palabras conmovieron a los oyentes con un poder que nunca antes habían sentido. El flujo de la influencia divina quebrantó toda barrera; como Moisés, contemplaban al Invisible. Mientras sus corazones estaban movidos por el Espíritu Santo, respondieron con fervientes amenes y alabaron al Señor (El Deseado de todas las gentes, p. 204).

Después de su resurrección, cuando Jesús se reveló a los dos discípulos en el camino a Emaús y posteriormente a los que estaban reunidos en Jerusalén, no les recordó los poderosos milagros que había hecho para que se reavivara su fe en él como el Mesías prometido, sino que citó a Moisés y los profetas y les explicó las profecías que se referían a sí mismo. Los santos profetas habían predicho las circunstancias de su nacimiento, los eventos de su vida, su misión, su muerte y resurrección. Y ahora Jesús les mostraba que su vida y su muerte habían dado cumplimiento a esas profecías. La esperanza revivió en el corazón de sus discípulos; las palabras de los profetas fueron revestidas con nueva vida y poder, y ahora estaban listos para aceptar a Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios, el largamente esperado Mesías (Signs of the Times, julio 29, 1886).

Pablo nunca había visto a Cristo mientras vivió en esta tierra. Seguramente había escuchado acerca de él y de las obras que hacía, pero no podía creer que el Mesías prometido, el Creador de todos los mundos y Dador de todas las bendiciones, apareciera sobre la tierra como un simple ser humano. Había esperado que llegase majestuosamente vestido, acompañado de la pompa real y proclamado por la hueste angélica como el Rey de los judíos. Ahora se daba cuenta que no había leído correctamente las Escrituras. Cristo había venido como las profecías lo habían predicho: un hombre humilde que predicaba la palabra de vida con sencillez y mansedumbre, para despertar los más nobles impulsos del alma, satisfacer sus más profundos anhelos, y coronar las luchas de la vida con una recompensa infinita.

Aunque Pablo había esperado en vano por un Mesías que librara a la nación de la esclavitud frente a los reinos enemigos, ahora había encontrado en Cristo a un Salvador que podía librarlos de la esclavitud del pecado. Hasta que se encontró con Cristo, su vida había sido un conflicto contra un enemigo invisible; una batalla desigual; una fiebre de deseos insatisfechos. Ahora, sus cargas habían sido aliviadas, sus temores desterrados y sus deseos satisfechos. Había encontrado a Aquel de quien Moisés y los profetas habían escrito: a Jesús de Nazaret, el Salvador del mundo (Sketch es from the Life of Paul, pp. 256, 257).

 

Jueves 19 de abril: La segunda venida de Cristo

Al acercamos al fin de la historia de este mundo, las profecías que se relacionan con los últimos días exigen especialmente nuestro estudio. El último libro del Nuevo Testamento está lleno de verdades que necesitamos entender. Satanás ha cegado las mentes de muchos de manera que aceptan con gozo cualquier excusa para no hacer del libro del Apocalipsis su tema de estudio. Pero Cristo, por medio de su siervo Juan, ha declarado aquí lo que será en los últimos días; y él dice: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas" (¡Maranata: El Señor viene!, p.28).

Dios ha decidido que el mensaje de redención llegue a su pueblo en la forma de una lluvia tardía, porque sus miembros están perdiendo de manera acelerada su conexión con Dios. Están confiando más en los seres humanos a quienes glorifican, y su fuerza será proporcional a la de aquellos de quienes están dependiendo. En el tiempo presente debemos estar más alertas; debemos comprender mejor las cosas profundas de Dios. Hay temas en los cuales debemos detenemos más, y no considerarlos como si fueran noticias sin importancia. Hasta los ángeles están interesados en esas verdades que han sido reveladas para aquellos que investigan la Palabra con corazones contritos. Los que dedican su capacidad al estudio de las Escrituras, especialmente a las profecías relacionadas con los eventos finales, serán recompensados al descubrir importantes verdades. El último libro del Nuevo Testamento está lleno de verdades que necesitan ser comprendidas. Satanás ha cegado los ojos de muchos para que encuentren cualquier excusa para no estudiar este libro. Pero, mediante él, Cristo ha declarado a su siervo Juan lo que ha de acontecer en estos últimos días

Al escudriñar las Escrituras, el carácter de Cristo aparecerá en su infinita perfección. En él se basan todas nuestras esperanzas de vida eterna. Para aquellos que comen su carne y beben su sangre, él es vida eterna. Los que lo contemplan son sanados de la mordedura de la serpiente y son transformados a su semejanza. La santidad, la fe y el amor comienzan a crecer en esas almas. "Y esta es la vida eterna -dijo Cristo- que te conozcan a ti, el único Dios Verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (S. Juan 17:3). Cuando comprendamos el valor de este conocimiento, estas gloriosas verdades brillarán en nuestro corazón, se reflejarán en nuestros labios y permearán todo nuestro ser (Signs of the Times, abril 18, 1900).

Estamos en el umbral de acontecimientos grandes y solemnes. El Señor está a las puertas. Sobre el Monte de las Olivas el Salvador predijo las escenas que precederían ese gran evento: "Y oiréis guerras, y rumores de guerras ... Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares" (S. Mateo 24:6, 7). Aunque estas profecías recibieron un cumplimiento parcial en la destrucción de Jerusalén, tendrán una aplicación más completa en los eventos finales.

Juan y los otros profetas fueron testigos de las terribles escenas que ocurrirían como señales de la venida de Cristo. Vieron los ejércitos preparándose para la batalla y la gente desfalleciendo de temor. Contemplaron a la tierra moviéndose de su lugar y a las montañas llevadas al medio del mar. Vieron también a las ondas provocando destrucción y a las montañas sacudiéndose con fuerza. Presenciaron la ira divina en acción, y a la pestilencia, el hambre y la muerte que sobrevenían a los habitantes de la tierra (The Watchman, diciembre 25, 1906).

 

Viernes 20 de abril: Para estudiar y meditar

Profetas y reyes, pp. 361-368; Mensajes selectos, t. 3, pp. 386-390

 

 

 

 

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