Textos de estudio de esta semana propuestos por el folleto de
ES: Éxodo 3:6-14; 6:6-8; Josué 24:1-18; Jeremías 5:19; Ezequiel
16:26-29, 34; Oseas 9:1; Juan 20:21; Filipenses 4:4; 1
Tesalonicenses 1:6; 1 Juan 2:12.
A modo de conclusión
del trimestre
A
lo largo del trimestre hemos estudiado diferentes relaciones
matrimoniales del antiguo testamento. Ninguna de ellas son
historias separadas o independientes de la “historia de la
salvación” de Dios para con el hombre.
Dios siempre ha sido el
protagonista principal de estas historias, mientras que el
“antagonista” ha sido el enemigo, el pecado y nuestra propia
concupiscencia. Constantemente Dios ha
manifestado su voluntad, advertencia y misericordia para con el
hombre, mientras que éste responde con desprecio,
autosuficiencia y maldad, trayendo sobre sí desgracias
personales, familiares, nacionales y sobre todo espirituales.
El
matrimonio
(tal como hemos visto en la lección de Oseas y Gomer)
es una metáfora de la relación
que Dios ha mantenido con Israel, y mantiene actualmente con su
Iglesia. Por tanto, el autor de ES ha decidido,
ahora, establecer el tipo de relación directa que Dios ha tenido
con su novia Israel. La secuencia de estudio, básicamente,
podría esquematizarse de la siguiente manera.
1.
Las promesas
condicionales e incondicionales de Dios a Israel
2. El comportamiento
de Israel (prostitución e infidelidad)
3. Consecuencias
de ese comportamiento (muerte, destrucción y mal)
4. Restauración
final
5. Nuevo pacto
(lo que Dios hace por el hombre en Jesús)
Básicamente la historia de la salvación del hombre puede
entenderse como la historia de la relación de Dios con el Hombre
a través de diferentes pactos de iniciativa divina, y el tipo de
comportamiento humano como respuesta. Estos pactos pueden
entenderse metafóricamente como el “pacto
o voto matrimonial” donde ambas partes se
comprometen básicamente con la fidelidad de uno hacia el otro.
Algunos autores proponen los siguientes pactos bíblicos:
Pacto Edénico
(antes de la caída),
Pacto Adánico (después de la caída, y
manifestado en Génesis 3:15 con la promesa mesiánica),
Pacto con Noé
(después del diluvio),
Pacto con Abraham (principalmente sobre su
descendencia), Pacto
con Moisés (en el Sinaí),
Pacto con David
(como Rey y su descendencia) y
Nuevo Pacto
(dado a Israel y extendido a la Iglesia cristiana). Existen
diferencias de opiniones respecto de algunos de los pactos
mencionados en cuanto a su identidad, contenido, etc. Sin
embargo a los efectos de entender la relación Dios/Hombre,
sintetizamos a continuación los aspectos más importantes de
dichos pactos.

El
discurso de Esteban
(antes de su apedreamiento y que se encuentra en Hechos 7) es
una crítica muy firme y contundente a la actitud de los
ancianos y escribas de su época, idéntica a la del pueblo de
Israel frente a los profetas enviados por Dios. Así, leemos
en Hechos 7:52 la siguiente declaración:
“¿A
cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron
a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, a quien
vosotros ahora habéis entregado y matado”
Esto nos indica que incluso dentro del “Nuevo pacto”, la actitud
del hombre sigue siendo la infidelidad.
A la luz de lo dicho
hasta aquí
Ahora, mira la estructura de estudio de esta última lección del
folleto de Escuela Sabática y verás que sintetiza, no sólo la
realidad de Yahweh/Israel, sino de Dios con el Hombre en toda su
extensión.
Así verás que el
domingo se expresa lo que Dios está dispuesto a
hacer por el hombre, el
lunes la
actitud del hombre frente al deseo y compromiso de Dios, el
martes
las consecuencias de las acciones humanas de infidelidad
(muerte, dolor, desesperación, angustia, etc..), el
miércoles la
expresión de la condición del pueblo y nuevas esperanzas de
restitución, el jueves
la expresión del nuevo pacto (grabar la ley en el corazón
directamente), y el
viernes la conclusión que nosotros definimos
como “Las dos constantes innegables de la Biblia”, y que se
traducen así:

1.
Dios es
fiel al hombre y se acerca a éste de diferentes formas y en
todos los tiempos.
2.
El Hombre
es infiel a Dios y se aleja de éste de diferentes formas y en
todos los tiempos.
Tu
y yo estamos viviendo el nuevo pacto. Por lo tanto, Dios desea
grabar su ley en nuestros corazones. Es decir, transformarnos
interiormente, de tal manera que lo antinatural se transforme en
natural. Esta es la magnífica obra que Jesucristo quiere hacer
en nosotros por gracia.
La “condición” es la fe, la
misma fe que a través de otras formas y en otros tiempos
solicitó siempre a los hombres.