
Sansón y sus mujeres: la locura de la pasión

Del Narcisismo a la Fe

Para el 11 de Agosto del 2007
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1.1. El narcisismo posmoderno Parece ser que el antiguo mito de Narciso ha retornado a la consideración de un importante número de pensadores actuales que lo han propuesto como emblema de nuestro tiempo. Christopher Lasch, en un best-seller titulado, "La cultura del narcisismo" (1989), declaraba: "El narcisismo se ha convertido en uno de los temas centrales de la cultura americana". Asimismo, Gilles Lipovetsky (1993) -un sociólogo francés de reconocida valía en el mundo intelectual-, ha denominado la época actual como la "era de Narciso". Es una realidad evidente que somos partícipes de una importante metamorfosis de las costumbres y de los valores que estuvieron vigentes hasta poco tiempo atrás. Ahora, ¿qué tiene que ver esos cambios con Narciso? ¿Por qué ese mítico personaje ha sido consagrado en símbolo del hombre contemporáneo? Según la leyenda, Narciso era un joven muy hermoso y vanidoso que desdeñó los amores de la ninfa Eco y de Aminías. Esta última, herida en su orgullo, lo maldijo deseándole que nunca pudiera poseer el objeto de su amor. Ese ruego se cumplió. Un día que Narciso se inclinó en una cisterna para beber, vio su rostro reflejado en el agua y se enamoró de él. Quedó prendado de sí mismo y de continuo retornaba a la fuente para contemplarse. Así fue languideciendo hasta morir. Otra versión afirma que al contemplarse en el agua, quiso abrazar su propia imagen, ahogándose en el intento. En ese sitio, narra la leyenda, brotó una nueva flor que lleva el nombre de su desdichado creador, Narciso. Desde Freud (1967), el narcisismo se incorporó al vocabulario psicológico para designar el amor a la imagen de sí mismo y el estadio del desarrollo cuando el niño hace de su propio yo el objeto primordial de amor (Laplanche y Pontalis, 1981). A partir de esas ideas, un sinfín de estudios se han producido sobre el tema que describen el perfil distintivo de la personalidad narcisista. Según el manual de diagnósticos de los trastornos mentales de la American Psychiatric Association, el DSM-IV (1994), los narcisistas se caracterizan por ser arrogantes, engreídos, tener fantasías grandiosas de sí mismos, sobrevalorar sus logros, necesitar ser admirados constantemente y esperar un trato preferencial continuo. Están convencidos de merecer mucho más de lo que reciben. Se preocupan por parecer y mantenerse joven. Son insensibles a las necesidades y problemas de los demás. Manifiestan poca tolerancia a las críticas, respondiendo a ellas con furia, encono y humillación. En resumen, son "agrandados", envidiosos, orgullosos, hipersensibles a la valoración de la gente y viven obsesionados por las fantasías de éxito, poder y belleza. Otro hecho llamativo es que este tipo de personas se encuentra con más frecuencia en el sexo masculino y puede observarse a lo largo de la vida adulta. Según E.Rojas (1992), el narcisista de nuestros días es el "ser humano centrado en sí mismo, en su personalidad y en su cuerpo, con un individualismo atroz, desprovisto de valores morales y sociales, y además desinteresado por cualquier cuestión trascendente". Los narcisos, de ambos sexos, se exhiben en la TV y el cine, mostrando orgullosamente las bondades de una silueta perfecta o la abultada topografía muscular, ostentando la brillantez de una figura soberbia o haciendo alarde de proezas fantásticas sin perder jamás la prestancia y su estado impecable. También los vemos por la calle vistiendo a la moda, en forma seductora, provocando admiración y envidia, mostrándose en las playas donde pasean sus cuerpos bronceados y prodigiosos. Se trata de un perfil de individuo excesivamente preocupado y ocupado en sí mismo y en su cuerpo, que se viste al último grito de la modo, no ahorra en perfumes y cosméticos y se somete a dietas y terapias varias para ser cada vez más atractivo. En última instancia, la finalidad de todo ese esfuerzo es para que el espejo o el aprecio de los otros le devuelva una imagen espléndida y excepcional. Ciertamente en nuestros días, estamos asistiendo a la presencia de este tipo exacerbado de individualismo egoísta que solo busca su propia satisfacción y placer sin interesarse por más nada. Predomina la filosofía de "hace la tuya", "no te preocupes" o "trata de pasarla bien". Importa sólo el deseo de bienestar y distracción. Con respecto al resto del mundo y los intereses ajenos domina una total insensibilidad o indiferencia. Las grandes cuestiones filosóficas, religiosas, económicas o políticas apenas despiertan alguna curiosidad superficial. Dios es un desconocido y se ha perdido el sentido de lo trascendente. Todas las "alturas" se hunden. Únicamente la esfera personal parece salir victoriosa de la apatía. Interesa el confort y la comodidad, preservar la situación material, cuidar la salud, desprenderse de los "complejos" y esperar las vacaciones. Es el ideal del hombre "light". Se trata de vivir en el presente, sólo en el presente y no en función del pasado y del futuro. Vivir para sí mismo, olvidándose de las tradiciones, la posteridad y el juicio final. La cultura del narcisismo es la celebración de la apariencia, el triunfo del espejo, el culto a la imagen, cuando la moral esta al servicio de la estética. Milan Kundera (1990), el célebre escritor checo, acuñó el término "imagología" para referirse al imperio de la imagen social impuesta por quienes determinan las modas y las preferencias en todos los órdenes, en la ropa que debemos ponernos, los artículos a usar, el color de la alfombra del living, a quien votar o aplaudir en el deporte. La palabra "imagología", dice Kundera" (Ídem, 140), "nos permite finalmente unir bajo un mismo techo lo que tiene tantos nombres: las agencias publicitarias, los asesores de imagen de los hombres de Estado, los diseñadores que proyectan las formas de los coches y de los aparatos de gimnasia, los creadores de moda, los peluqueros y las estrellas del show business, que dictan la norma de belleza física a la que obedecen todas las ramas de la imagología". Al morir las ideologías, reina la imagología, esto es, el narcisismo posmoderno. A pesar del éxito, hay un componente trágico en Narciso que no puede soslayarse, la maldición de Aminías: la incapacidad para amar a otra persona. Narciso es un enamorado del espejo, buscando apresar la imagen de sí mismo en los otros. Está sentenciado a la eterna insatisfacción. El absurdo de su vida sólo deja un sentimiento de vacío interior, sufrimiento y la imposibilidad para sentir. Decía Lipovetsky (1993), que "el proceso narcisista es la estrategia del vacío". El drama de Narciso es la ausencia de sentido y trascendencia, que lo condena inexorablemente a la soledad y autodestrucción. El mito es implacable y nefasto; no tiene salida posible. Su destino es fatal, como el de todos los narcisos condenados a la soledad. Entonces, ¿no hay esperanza para el narcisismo? Sí, la hay. La Biblia narra una conocida historia de un personaje insólito que exhibe un conjunto de características que curiosamente presenta un paralelelismo notable con la leyenda griega, pero, con un destino y sentido diferente, que propone un mensaje de esperanza para la tragedia de Narciso y de la cultura posmoderna.
1.2. El "Narciso" bíblico
Hay un relato en el Antiguo Testamento centrado en un personaje que perfila los rasgos del narcisismo. Fue llamado a cumplir una misión libertadora aún antes de su nacimiento y convertirse en un líder popular para rescatar a su pueblo de la sumisión a un poder extranjero. Fue dotado por Dios de capacidades y recursos extraordinarios, entre ellos, favorecido con una fuerza descomunal jamás igualada. Sin embargo, la mayor parte de su vida se dedicó a exhibir el espectáculo de su figura, a desplegar orgullosamente su ingenio y potencia muscular, a buscar la complacencia placentera y sensual con mujeres de dudosa moralidad y fastidiarse terriblemente cuando no era satisfecho, es decir, a ejercer el rol de Narciso. Nos referimos a Sansón, el juez que gobernó Israel entre los años 1101-1081 A.C. La descripción bíblica, centrada en el libro de los Jueces (capítulos 14 al 16), abarca apenas los acontecimientos anunciadores de su nacimiento y cinco episodios claves de su vida, ellos son: 1) el matrimonio, Jueces 14:1-20; 2) el enfrentamiento con los filisteos, 15:1-20; 3) la visita a una prostituta en Gaza, 16:1-3; 4) la traición de Dalila, 16:4-21; y 5) el cautiverio y muerte, 16:22-30. El relato es pintoresco, lleno de acción y sucesos prodigiosos. Un ángel le comunica a los padres el nacimiento milagroso del héroe, acompañado por una serie de recomendaciones dietéticas y educativas, pues debía consagrarse a Dios por el voto del nazareato. El primer suceso que protagonizó fue a partir del deseo de casarse con una mujer filistea -del pueblo enemigo-, porque le "cayó bien a sus ojos". Probablemente las mujeres filisteas eran menos recatadas en vestir que las hebreas, exhibiendo sin pudor sus atributos físicos. La actitud complaciente de los padres, que lo conocían muy bien para no contrariarlo, facilitó el casamiento. Durante la fiesta de bodas se ocupó más en llamar la atención de los invitados con un enigma que en cotejar a su novia. Al ser revelado el misterio se violentó de tal manera que mató a treinta filisteos para pagar la deuda de la apuesta, regresando enojado a la casa olvidándose completamente de su mujer. Su orgullo herido fue más fuerte que el aprecio hacia su flamante esposa. Tiempo después se acordó de ir a buscarla, pero llegó demasiado tarde ya que se había casado con otro. Nuevamente sufrió otra "herida narcisística", reaccionando con violencia inusitada, quemando los campos sembrados de los filisteos. Esa agresión puso en pie de guerra a los afectados, quienes atacaron a los israelitas. Estos convencieron a Sansón de entregarse para no sufrir la devastación bélica, siendo llevado atado ante los filisteos. Pero Sansón rompió las cuerdas, tomó una quijada de asno y mató a mil hombres. En otra ocasión, Sansón visitó una ramera en Gaza. Los filisteos rodearon la ciudad para vigilar las puertas y capturarlo. Sin embargo, a la medianoche se levantó, arrancó la puerta y sus dos pilares, cargándolo todo sobre sus hombros hasta la cumbre de un monte. Después Sansón se enamoró de otra mujer llamada Dalila que lo traicionó al conseguir que le revelara el secreto de su poder. Dalila le cortó el cabello y el Espíritu se apartó de Sansón. Indefenso fue capturado, le sacaron los ojos y lo arrojaron en la cárcel, forzándolo a realizar trabajos pesados. En esas circunstancias adversas y críticas, Sansón revertió su narcisismo y produjo un cambio radical. Reflexionó, oró intensamente a Dios, se arrepintió, cambió su vida. De un hombre hedonista, centrado en su propia satisfacción, se convirtió en un héroe de la fe. Precisamente, el último acto de su existencia, lo muestra sacrificando su vida por la libertad del pueblo, cumpliendo la misión para la cual había nacido. En una fiesta realizada en el templo del dios Dagón, Sansón fue llevado para divertimiento del pueblo y gozar del triunfo. El pelo le había crecido otra vez y clamando a Dios, recibió nuevamente su fuerza descomunal, entonces, asiendo las dos columnas principales del edificio, presionó hasta tumbarlo. Sansón sucumbió junto con tres mil enemigos. ¿Cuál fue el significado de la vida de este hombre extraordinario? Ciertamente toda su historia contiene un carácter enigmático, por las adivinanzas y el secreto de su fuerza. Aún su nombre es un misterio. Etimológicamente significa "sol", aunque otros lo asocian a "servir" o con "fuerte", como dice Josefo (2CBA, 384). El hecho destacado es ciertamente su fuerza prodigiosa que tenía por finalidad cumplir la misión liberadora del pueblo Israel del dominio filisteo. Pero eso recién lo comprendió a último momento. Su fortaleza en lugar de usarla para "servir" la empleó en ser "sol", es decir, para constituirse en el centro brillante del espectáculo. Es claro que Sansón no fue un psicópata, bravucón, pura fuerza y falto de cerebro. Por el contrario, fue ingenioso, sensible, con dotes poéticos (Jue.14:14,18; 15:16) y habilidades, para escapar de las trampas de los filisteos (Jue.16:2-3). Su debilidad fueron las mujeres. Pero tampoco parece ser un sexópata, pura pasión, movido únicamente por sus pulsiones libidinosas. Parecería que buscaba satisfacer más una necesidad de reconocimiento que un impulso lujurioso; le interesaba más la admiración y el elogio que el placer. Así se explica la facilidad con que entraba en el juego del "gato y el ratón", en la estrategia del desafío, en ese "tira y afloje" que es lucha de poder más que un asunto erótico. Sansón no fue vencido por las mujeres sino derrotado por su propia arrogancia y narcisismo. Hay un punto clave en el relato: el tema de la mirada. Desde el principio al fin la vista juega un rol gravitante. Se enamora de la filistea porque "ella está bien a mis ojos", según registra literalmente el texto (2CBA, 387); hecho que probablemente ocurrió con la prostituta de Gaza y con Dalila. Toda la historia parece una telenovela, algo para ver más que para oír. Pero el acontecimiento central fue la pérdida de la vista, cuando es castigado con la ceguera. Ese fue el momento decisivo. Recién allí Sansón pudo mirar hacia adentro y recuperar el sentido de su misión y vida; pudo vencer su narcisismo, arrepentirse y cambiar. El mensaje bíblico permanentemente insiste en esa paradoja existencial, el castigo convertido en bendición. El ejemplo de Cristo es el modelo básico, la cruz, símbolo de oprobio y humillación, es transformada en expiación y redención del mundo. Aquí es donde se separa la historia bíblica de la mitología. Mientras ésta última sucumbe en la tragedia de la lógica humana, la primera hace intervenir la Providencia, rompiendo las cadenas del fatalismo y abriendo la puerta de la esperanza y la posibilidad al cambio. Sansón fue el Schwarzenegger o el Stallone del pasado. Si hubiera vivido hoy sería un Hércules de la pantalla. Más que un heroísmo épico, protagonizó un rol estético. Es una historia que se inicia con los mejores augurios y termina en una catástrofe, como el mito de Narciso. Aparentemente tiene un sentido decadente, sin embargo, el último acto de la vida de Sansón fue el consagratorio, el que exhibió su fe, el más heroico de su accidentada existencia, el que logró torcer el destino fatal de su naturaleza hedonista. Así lo certifica E.de White (1913, 527), cuando afirma que: "En el sufrimiento y la humillación, como juguete de los filisteos, Sansón aprendió a conocer mejor su propia debilidad que nunca antes, y sus padecimientos lo llevaron al arrepentimiento". Recién allí descubrió a Dios. Hasta ese momento vivió al margen de la trascendencia o utilizando a Dios a su servicio (Jue.15:18). Fue en la crisis cuando percibió la dimensión de la fe. 1.3. El Triunfo de la Fe
Narciso era, en la mitología griega, el dios del amor a sí mismo, el interesado exclusivamente en satisfacer su propio placer, despreocupado totalmente de las necesidades de los demás y de Dios. Es el símbolo del culto al orgullo, la vanidad, la presunción y el hedonismo; de los devotos del espejo, la cosmética y la vestimenta de moda. Es figura de nuestra cultura porque en ella domina los valores de Narciso, que ensalzan la belleza corporal, el confort y la autocomplacencia egoísta. La sociedad narcisista pretende congelar la adolescencia, rinde culto a la belleza, exorciza la vejez, idolatra el placer, vive en la efervescencia del encanto y la seducción (Baudrillard, 1993). Pero el mito advierte que esa dirección de vida concluye en la tragedia y la autodestrucción. Contra los presagios fatídicos de la mitología se levanta la historia de Sansón como una alternativa de fe y esperanza. San Pablo ubica a Sansón en la galería de los héroes de la fe (Heb.11:32). ¿Por qué? ¿Qué tuvo de heroico la vida de este notable juez de Israel? No fueron las proezas que realizó combatiendo a los filisteos, ni los aciertos de un gobierno que ha permanecido en el anonimato, sino el coraje de entregar su vida por la causa de la salvación. A diferencia de Narciso que sucumbió en el hechizo de la contemplación de su propia imagen, Sansón fue obligado a dejar de mirarse para descubrir su vocación. Las horas oscuras de la crisis, abatieron su orgullo y lo llevaron a cumplir el objetivo de su vida, asumir su destino de libertador en un acto postrero de martirio. Fue el pionero de la cruz. Entregó su vida al sacrificio como Jesús, para salvar al pueblo de la opresión extranjera. En un planeta saturado por las imágenes, cuando toda la cultura ha quedado eclipsada por lo visual, que glorifica los relumbrones efímeros y leves de la apariencia, la historia de Sansón enseña que nada queda de la vida cuando se pierde la misión. Proclama un mensaje de prevención contra las estrategias de la ilusión y el espejo. Descubre que el sentido de la existencia, se devela en la crisis y en el encuentro con Dios, que la fe es capaz de torcer la fatalidad del destino y abrir una perspectiva de libertad, cambio y trascendencia.
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Por Mario Pereyra
El Doctor Mario Pereyra, ha autorizado al Doctor Martínez a publicar sus comentarios de la escuela sabática
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