
Yahweh e Israel: cumplimiento más allá del fracaso

Lección 13

Para el 29 de Septiembre del 2007
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“Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre: y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”. – Isaías 54:5. Estudiamos 12 lecciones que involucraron las relaciones conyugales. Estudiamos sobre relaciones conyugales que fueron muy buenas, a pesar de sus dificultades; otras uniones que tuvieron problemas bastante difíciles, más que de alguna forma sobrevivieron en medio de las tempestades; y también estudiamos sobre matrimonios que fueron un fracaso. Estas vidas fueron estudiadas, no para hablar de sus errores o aciertos, más para que aprendamos lecciones que nos auxilien en nuestra vida familiar. Para coronar esta serie, estudiaremos las relaciones de Dios con su pueblo bajo la luz de la unión conyugal. Innumerables mensajes proféticos presentan las relaciones de Dios con su pueblo en el pasado y con su iglesia en nuestros días como un matrimonio. La relación de casamiento fue establecida por Dios como una alianza inviolable, asumida por dos partes, hombre y mujer. El compromiso es vitalicio y no permite su ruptura bajo ningún pretexto, a no ser la infidelidad moral de una de las partes. Aún así, en esta situación, el perdón y la reconciliación son caminos indicados por Dios. Las mismas características de alianza y compromiso están contenidas en la respuesta de Dios al llamar pecadores, presentándoles el plan de salvación por medio de Cristo Jesús, para formar el cuerpo místico, la iglesia, tipificando a la novia que se prepara para el gran día de la fiesta nupcial. Piense: ¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado, y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente”. – Apocalipsis 19:7 y 8 – NVI. Desafío: “Para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable”. – Efesios 5:27 – NVI.
Junto al monte Sinaí, antes de trasmitir a los hijos de Israel los Diez preceptos básicos de conducta y relaciones con Dios y con sus semejantes, el Señor declaró su propósito para el pueblo: “Ahora pues, si diereis oído á mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa”. – Éxodo 19:5 y 6 ¡Qué privilegio grandioso! “Seréis mi propiedad peculiar, reino de sacerdotes y nación santa”. Para desarrollar esa obra transformadora en sus escogidos, los condujo hacia el monte Sinaí, donde lejos de todas las influencias pudiesen tener una revelación clara de su Dios. La inspiración describe el ambiente en estas palabras:” El alba doraba las obscuras cumbres de las montañas y los áureos rayos solares que herían los profundos desfiladeros parecieron a aquellos cansados viajeros como rayos de gracia enviados desde el trono de Dios. Por todas partes, inmensas, y escabrosas alturas, en su solitaria grandeza parecían hablarles de la perpetuidad y la majestad eternas. Todos quedaron embargados por un sentimiento de solemnidad y santo respeto. Fueron constreñidos a reconocer su propia ignorancia y debilidad en presencia de Aquel que "pesó los montes con balanza, y con peso los collados." (Isa. 40: 12.) Allí Israel había de recibir la revelación más maravillosa que Dios haya dado jamás a los hombres. Allí el Señor reunió a su pueblo para hacerle presente la santidad de sus exigencias, para anunciar con su propia voz su santa ley. Cambios grandes y radicales se habían de efectuar en ellos; pues las influencias envilecedoras de la servidumbre y del largo contacto con la idolatría habían dejado su huella en sus costumbres y en su carácter. Dios estaba obrando para elevarlos a un nivel moral más alto, dándoles mayor conocimiento de sí mismo”. – Patriarcas y Profetas pág. 302. Piense: “Pero si a ustedes les parece mal servir al SEÑOR, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al SEÑOR”. – Josué 24:15 - NVI. Desafío: “De manera maravillosa los había librado de su esclavitud de Egipto, para elevarlos y ennoblecerlos, y hacerlos objeto de alabanza en la tierra”. – Patriarcas y Profetas pág. 292.
Conforme estudiamos, algunas de las lecciones que envuelven parejas que por su posición, ejercieron poderosa influencia sobre el pueblo escogido de Dios, Israel. Para obtener ventajas temporales, protección delante de otras naciones, protección frente a los peligros de guerras y otras situaciones más, los líderes de Israel y Judá establecían alianzas políticas con otras naciones. Prácticamente en todas estas alianzas, los resultados fueron desastrosos para la vida espiritual del pueblo. Dios calificó estas alianzas como adulterio espiritual, porque este acto implicaba infidelidad para con Él. Significaba que no confiaban en las promesas de bendiciones de parte de Dios y también en la falta de confianza en su protección frente a los enemigos. Era la ruptura de la alianza y compromiso de lealtad para con Dios. Era el adulterio de la relación de adoración. Corremos nosotros el mismo riesgo, como iglesia y como individuos, de caer en prácticas de adulterio, traicionando nuestro compromiso con Dios. ¿Qué prácticas pueden representar adulterio espiritual en nuestros días? El mensaje de Juan identifica prácticas que traen características de adulterio. ¿Cómo reaccionamos con relación a las advertencias de Juan? – “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo, los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida proviene del Padre, sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. – I Juan 2:15-17 Piense: “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujerías; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidias; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. - Gálatas 5:19 al 21 – NVI. Desafío: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará”. – Mateo 24:12.
Israel y Judá cosecharon los frutos de su infidelidad para con Dios. Como nación fueron rechazados habiendo sido los depositarios del mensaje del plan de salvación. “Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”. – Oseas 4:6. Como individuos, Dios lidia con los israelitas como lo hace con todo pecador. Revela su amor para atraerlos. “Me dirijo ahora a ustedes, los gentiles. Como apóstol que soy de ustedes, le hago honor a mi ministerio, pues quisiera ver si de algún modo despierto los celos de mi propio pueblo, para así salvar a algunos de ellos... Y si ellos dejan de ser incrédulos, serán injertados, porque Dios tiene poder para injertarlos de nuevo”. – Romanos 11:13, 14 y 23 NVI. Con relación a nuestros días como iglesia y como individuos, ¿estamos viviendo una vida de fidelidad así como Dios espera de su novia y de sus hijos? Este es el tremendo desafío de Dios para su pueblo en esta hora que llena de acontecimientos inauditos. Es en nosotros, en nuestro carácter, que el cielo anhela ver con vehemente deseo la imagen limpia y perfecta de Cristo. Un pueblo fiel y leal al compromiso asumido. Un pueblo que rechaza con determinación cualquier idea de adulterio espiritual. Esto solo es posible mediante el poder del Espíritu Santo actuando en nosotros. ¿Aceptaremos nosotros este desafío? Piense: Porque el que te hizo es tu Esposo; su nombre es el SEÑOR Todopoderoso. Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!”. – Isaías 54:5 NVI. Desafío: En conclusión, “Nos ha confiado una gran obra. Hagámosla con exactitud y resolución. Demostremos por nuestra vida lo que la verdad ha hecho para nosotros”. – Test. Selectos, pág. 51
La Ley moral es la expresión del carácter de Dios, todo amor, bondad, mas también todo justicia, y es la base de su gobierno. En la lección que estamos estudiando, cuando Israel rechazó los principios de conducta de esta ley, rechazó la alianza que Dios había establecido con él. Los líderes condujeron a la nación hacia el adulterio espiritual, aceptando los principios de conducta de dioses que nada son. Dios, en su amor, envió mensajes de amor prometiendo la restauración se ellos se arrepintiesen y se volviesen a Él. Los mensajes contenían dos objetivos: uno menor, la restauración de Israel como nación, perdonando su infidelidad y todos sus pecados. Otro mayor, teniendo como foco central la restauración del mundo caído y la eliminación del motivo de la infidelidad y del adulterio espiritual, con la destrucción del pecado, su autor, y sus seguidores. Jesús al inicio de su ministerio pone énfasis en este segundo objetivo de su ministerio Redentor: “Fue a Nazaret, donde se había criado, y un sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre. Se levantó para hacer la lectura, y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde está escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor”. Lucas 4:16 al 19. Jesús sabía muy bien cual era su misión, al venir a este mundo. Vino a proclamar las Buenas Nuevas del Evangelio que trae esperanza de liberación y restauración del poder del pecado. Piense: “Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti...” – Salmos 51:13 y 14 – NVI. Desafío: “El Espíritu de Dios ha de entrar en nuestra vida y tomar el control de los pensamientos y de la conducta”. (ver II Cor. 6:16; Efes. 2:22) – SDA. Bible Comentary, vol. 5, pág. 399.
La experiencia espiritual vivida por nuestros primeros padres era de compañerismo en perfecta armonía con el Creador. No necesitaban de ley moral escrita, pues estaba gravada en su corazón y en su mente. Vivian una relación de intimidad del cual habla el profeta Jeremías, que era el objetivo de Dios para su pueblo Israel y que es lo mismo para sus hijos hoy: “Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel afirma el SEÑOR: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”. – Jeremías 31:33 - NVI. La experiencia espiritual de Israel se centraliza en los rituales del santuario. Las ceremonias tipificaban al Redentor prometido. El diablo creó sistemas espirituales con ceremonias para confundir al adorador. Con el cisma de las 10 tribus del norte, se creó el problema del poder político. Para salvaguardar este poder, los reyes del norte Israel, introdujeron ceremonias y fiestas para evitar que el pueblo se dirigiese a Jerusalén para las grandes fiestas de adoración. La nueva alianza, que se da con el cumplimiento de la venida de Jesús como sacrificio sustitutorio a favor del pecador, centraliza la experiencia espiritual directamente en Jesús, aunque no sea una relación cara a cara como lo era de Adán. Con la venida de Jesús y su sacrificio sustitutorio, el ceremonialismo perdió su valor como práctica espiritual y lo que realmente vale es la religión del corazón, practicada y vivida por una criatura renovada. Es preciso, entre tanto, comprender que la religión de amor, produce un cambio importante en su manera de expresión. Ya no tiene su asidero sobre las tablas de piedra, sino, que se interioriza para asentarse sobre las tablas del corazón”. Piense: “El Espíritu Santo nos atestigua lo mismo, porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones”. – Hebreos 10:15-17. Desafío: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; Y tu ley está en medio de mis entrañas”. - Salmos 40:8.
El pueblo de Israel, como nación, no comprendió la grandeza del propósito divino. Dios está ahora trabajando con la Iglesia, no es una nación localizada, sino, un pueblo esparcido por todo el mundo, en quienes actúa como cuerpo y como individuos para desarrollar el mismo estilo de vida, conducta y carácter. Pedro declara: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable”. – I Pedro 2:9 En su segunda carta amplía el argumento: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos son dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos han sido dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia”. – II Pedro 1:3 y 4. ¿Estamos nosotros permitiendo que el Espíritu Santo opere todas estas transformaciones en nuestro carácter modelando nuestra conducta? Piense: “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanzas y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo”. – Efesios 4:13 al 15 NVI. Desafío: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre”. – I Juan 2:15 – NVI.
Texto: Pr. Oder Mello |
Actualización y Corrección: Dr. Pedro J. Martínez, (drmartinez@pmministries.com)
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