

Lección 3

Para el 21 de Julio del 2007
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Como sucede prácticamente en todas las familias, las decisiones tomadas se revelan en asertos y desaciertos. La familia de Isaac no huyó a esta regla. Decisiones fueron tomadas que trajeron sus beneficios, pero también hubo decisiones que trajeron consecuencias que resultaron en amargura y conflictos. Evaluemos las consecuencias y los resultados de una decisión tomada por parte de Isaac y de la misma manera por Rebeca: “Isaac prefería a Esaú, pues le gustaba la caza; Rebeca prefería a Jacob”. Génesis 25:28 – TEB. En el hogar de Isaac y Rebeca las personas tenían valor. El problema es que el valor atribuido estaba condicionado a preferencias. Isaac apreciaba la caza que Esaú traía y lo preparaba para él. Rebeca valorizaba a Jacob porque este la auxiliaba en los trabajos concernientes a ella. El resultado fue de consecuencias desastrosas para las relaciones entre los padres, entre padres e hijos y entre los hermanos. La manera como los padres valorizan a los hijos se refleja en el comportamiento de estos. Cierta vez alguien visitó una familia que había recibido tres niños para educar. El visitante tentando ser agradable para con los niños, procuró conversar con ellos. Pregunto al mayor: “Entonces muchacho, ¿ya pensó lo que será cuando crezca?” El niño respondió prontamente: “Seré un médico”. Se volvió para el segundo e hizo la misma pregunta. Este respondió: “Yo seré un ingeniero”. Se dirigió entonces al menor: Y tu, muchachito, ¿qué serás en la vida? Este respondió con tono de amargura y resentimiento: “Yo seré un burro”. Sorprendido con la respuesta, el visitante exclamó: “¿Cómo así? “Mis padres siempre dicen que yo soy un burro”. Cuando las personas son valorizadas, ellas responden positivamente al incentivo del valor que les es atribuido. Como padres, necesitamos desarrollar el hábito de valorizar a nuestros hijos. Piense: “En su sabiduría el Señor ha decretado que la familia sea el mayor agente educativo. En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela. Allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias educativas del hogar son un poder decidido para el bien o para el mal”. – CPPE. pág. 103 Desafío: “Muchísimos hijos han aprendido a ser criticones, regañones, quejosos y apasionados, porque se les permitió dar curso a sus pasiones en el hogar. Los padres deben considerar que están en el lugar de Dios para sus hijos, para fomentar cada principio correcto y reprimir cada pensamiento equivocado”. - Orientación del Niño pág. 453
En Malaquías 2:11 el Señor declara que el Hogar y la familia, es “el santuario del Señor, al cual Él ama”. Pablo recuerda a los creyentes el conocido concepto: “Vuestro cuerpo es el santuario del Espíritu Santo”. I Cor.6:19. Con relación a su pueblo el Señor declara: “Me seréis santos, porque yo, Jehová, soy santo y os he separado de los pueblos para que seáis míos”. Levíticos 20:26. Ponderemos: Dos hijos de Dios, separados por Él para que sean santuarios del Espíritu Santo, se unen para establecer otro santuario – la familia. Tal como el Señor ama individualmente a aquellos que separó para habitación de su Espíritu, así Él ama el hogar establecido por dos de sus hijos. La familia establecida y ordenada por Dios tiene su bendición, su más profundo interés y su amor cariñoso. Como la familia es el santuario al cual el Señor ama, Él no acepta la unión de un santuario del Espíritu Santo y un santuario de dios extraño. Declara el Señor que ese acto de unión con los infieles es traición al compromiso para con Él. A la verdad, es impracticable establecerse el santuario de la familia cuando una de las partes no es santuario del Espíritu Santo. En estas circunstancias, la familia deja de cumplir los planes que el Señor tiene para ella – un instrumento en el plan redentor. Dios hizo la promesa a Abrahán: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra”. Gén. 12:3. Abrahán no se mostró infiel para con Dios traicionando el pacto de la promesa. Él se empeñó con todas sus fuerzas para proveer una esposa para Isaac, que fuese fiel al compromiso de la promesa. Piense: “El vínculo de la familia es el más íntimo, el más tierno y sagrado de la tierra. Estaba destinado a ser una bendición para la humanidad”. Hogar Adventista, pág. 14. Desafío: “Entonces Labán y Betuel respondieron diciendo: --¡De Jehová procede esto! No podemos decirte si es malo o si es bueno. Génesis 24:50.
Destacamos en la introducción el problema de las preferencias. Con certidumbre, esta actitud generó dificultades de relación que fueron destruyendo el espíritu de amor, de paz y armonía que debe orientar a toda la familia. Otro problema fue la desconfianza en el liderato de Dios para dar cumplimiento a sus planes para la familia y la descendencia de Isaac y Rebeca. Esa desconfianza dio origen a soluciones humanas para los Planes Divinos. Dios declaró a Rebeca que “el mayor serviría al menor” – Gén. 25:23. Isaac se enteró de esta elección y determinación divina. Sin embargo, con el pasar de los años el afecto de Isaac por Esaú fue creciendo y pasó a discordar de la orientación de Dios. Rebeca guardó en el corazón la recomendación de Dios y tuvo razones espirituales y humanas para su conducta. Ella percibió con claridad las elecciones espirituales tanto de Esaú como de Jacob y comprendió la razón de la determinación divina cuanto al derecho de primogenitura y líder espiritual del clan. Por otro lado, la dedicación de Jacob a los trabajos del hogar reforzó sus convicciones. Jacob, recibiendo las enseñanzas de su madre sobre los derechos de primogenitura y comprendiendo su significado y las bendiciones que traen consigo, no solamente alimentó el deseo de ese derecho, mas uso de astucia humana para obtenerlo. Esaú, indiferente a su relación espiritual con Dios, no daba mucha importancia a ese derecho. Piense: “Rebeca recordaba las palabras del ángel, y, con percepción más clara que la de su esposo, comprendía el carácter de sus hijos. Estaba convencida de que Jacob estaba destinado a heredar la promesa divina. Repitió a Isaac las palabras del ángel; pero los afectos del padre se concentraban en su hijo mayor, y se mantuvo firme en su propósito”. – Patriarcas y Profetas, pág. 178. Desafío: “Cuiden que nadie se excluya de la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brote y cause perturbación, contaminando muchos” – Hebreos 12:15 – NVI.
El derecho de primogenitura confería al primogénito mayores bendiciones materiales y el liderazgo espiritual del clan. Cuando Isaac profirió la bendición sobre Jacob, pero que estaba obteniendo mediante engaños y fraude, él declaró: “Que Dios le conceda del cielo el rocío y de la tierra la riqueza, con mucho cereal y mucho vino”. Esta parte envuelve la bendición material. Isaac añadió la bendición del liderato espiritual: “Que las naciones te sirvan y los pueblos se inclinen delante de ti. Sea señor de tus hermanos”. Génesis 27:28 y 29 – NVI. Esaú estaba muy interesado en la primera parte; la segunda, conforme su conducta frente a un plato de lentejas, no le atraía. Jacob podría estar más interesado en el liderazgo espiritual, pero probablemente también aspiraba a las bendiciones materiales. “Esaú y Jacob conocían estas promesas, Se les había enseñado a considerar la primogenitura como asunto de gran importancia, porque no sólo abarcaba la herencia de las riquezas terrenales, sino también la preeminencia espiritual... Pero Esaú no amaba la devoción, ni tenía inclinación hacia la vida religiosa... Jacob había oído a su madre referirse a la indicación divina de que él recibiría la primogenitura,... No era la riqueza del padre lo que ansiaba; el objeto de sus anhelos era la primogenitura espiritual”. – PP. pág. 177- 178 Piense: ¡Cuántos aun hoy día, por este insensato placer, mal llamado libertad, venden su derecho de primogenitura a una herencia pura, inmaculada y eterna en el cielo! – Idm. Desafío: “Jacob comprendía que Dios tenía sobre él derechos que estaba en el deber de reconocer, y que las señales, especiales de la gracia divina que se le habían concedido, le exigían reciprocidad. Cada bendición que se nos concede demanda una respuesta hacia el Autor de todos los dones de la gracia”. – PP. págs. 185 y 187.
Es bastante fácil para nosotros encontrar argumentos de reprobación para el procedimiento de Isaac, Rebeca, Jacob y Esaú mismo. Todos tenían conocimiento de la clara determinación divina con relación a la cuestión sobre la cual estaban trabajando. Sin embargo, Isaac recusó el Plan de Dios en cambio de un plato sabroso. Esaú rechazó la voluntad de Dios, para usufructuar beneficios personales de valor material. Rebeca echa mano del engaño y del adulterio del apetito, pensando que estaba ayudando a Dios en la solución de un problema, que Él creara en el día del nacimiento de los dos hermanos. Jacob aún reaccionó a las orientaciones del engaño y fraude de la madre, argumentando que la farsa fácilmente sería descubierta. Y aún raciocinó que en lugar de bendición recibiría una maldición. Fue de todos el más coherente. ¿Encontramos nosotros dificultades en confiar en la conducción de Dios en todos nuestros caminos y problemas? ¿Ya no tentamos alguna vez dar una ayuda a Dios para que determinado acontecimiento tuviese lugar del modo que nosotros lo deseamos? ¿No rehusamos aceptar la orientación de Dios a cambio de algo que nos proporcionase placer en el momento? O, ¿alguna vez nos mostramos débiles para resistir a las insinuaciones del enemigo que apelaba a nuestros sentimientos de satisfacción personal? Verdaderamente muchas lecciones pueden ser aprendidas para orientar nuestra conducta espiritual, de este episodio repleto de sabiduría propia y astucias humanas. Piense: “Todo camino del hombre es limpio en su propia opinión, pero Jehová es el que examina los espíritus. Todo camino del hombre es recto ante sus ojos, pero Jehová es el que examina los corazones”. – 16:2 y 21:2. - Vea la NVI. Desafío: “Encomienda a Jehová tu camino; confía en él, y él hará”. – Salmos 37:5.
Se puede comprender en el desarrollar de los acontecimientos, la lucha entre Dios y el diablo; Dios actuando para cumplir el plan de su pacto en los descendientes de Abrahán, y la oposición del diablo procurando de todas las maneras oscurecer la formación de una gran nación a partir de la promesa. Si el diablo consiguiese mezclar los descendientes de Abrahán con los pueblos cananeos, el linaje Santo perdería su identidad y dejaría de cumplir su misión. Isaac y Rebeca comprendieron su responsabilidad, y frente a la hostilidad de Esaú para con su hermano, orientaron a Jacob para buscar esposa entre sus parientes de Harán, cerca de ochocientos kilómetros al norte. Isaac recordó a Jacob la promesa de Dios hecha a Abrahán: “Que él te dé la bendición de Abraham, lo mismo que a tu descendencia, para que poseas la tierra en que habitas, la cual Dios ha dado a Abraham”. - Gen. 28:4. En la noche oscura, en que como solitario dormía bajo el techo de un frondoso árbol, Dios se manifestó a Jacob en un sueño visión, revelando su responsabilidad en el desenvolvimiento de la promesa y del Plan Redentor. Le aseguró también la certeza de su permanente presencia: “Yo soy Jehová, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia... y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra. He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. – Génesis 28:13-15. Piense: “En esta visión el plan de la redención le fue revelado a Jacob, no del todo, sino hasta donde le era esencial en aquel momento”. PP. pág. 184. Desafío: “Nadie que tema a Dios puede unirse sin peligro con quien no le teme... Por puros y rectos que sean los principios de una persona, la influencia de un cónyuge incrédulo tenderá a apartarla de Dios. – PP. pág. 174.
El gran problema del ser humano siempre fue oír la voz de Dios, su sabia orientación para conducir con seguridad todos sus caminos. Una de las grandes razones para ese procedimiento, es lidiar con indiferencia con las astutas celadas del diablo. En muchas situaciones el ser humano actúa como si ese enemigo no existiese. Bajo estas circunstancias, se juzga sabio, suficiente para tomar sus propias decisiones y dirigir por sí mismo sus caminos. No se concientiza que, cuando deja de oír la voz de Dios y se aparta de este liderazgo, el enemigo sutilmente lanza sus sugestiones. Cuando el ser humano piensa que está tomando decisiones de su propia elección, a la verdad está siendo envuelto por los embustes de Satanás. “Si hay un asunto que debe ser considerado cuidadosamente, y en el cual se debe buscar el consejo de personas experimentadas y de edad, es el matrimonio; si alguna vez se necesita la Biblia como consejera, si alguna vez se debe buscar en oración la dirección divina, es antes de dar un paso que ha de vincular a dos personas para toda la vida. Nunca deben los padres perder de vista su propia responsabilidad acerca de la futura felicidad de sus hijos. El respeto de Isaac por el juicio de su padre era resultado de su educación, que le había enseñado a amar una vida de obediencia. Al mismo tiempo que Abrahán exigía a sus hijos que respetasen la autoridad paterna, su vida diaria daba testimonio de que esta autoridad no era un dominio egoísta o arbitrario, sino que se basaba en el amor y procuraba su bienestar y dicha”. – PP. pág. 175 Piense: “Hay camino que parece recto al hombre, mas el final conduce a la muerte”. – Proverbios 16:25 – NVI. Desafío: Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno. Salmos 139:23 y 24.
Texto: Pr. Oder Mello |
Actualización y Corrección: Dr. Pedro J. Martínez, (drmartinez@pmministries.com)
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