Isaías 54:5 “Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los
ejércitos es su nombre, y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios
de toda la tierra será llamado.”
El tema de esta semana trata sobre una de las principales
imágenes bíblicas: La relación matrimonial como ilustración de
la relación entre Dios y su Pueblo. Veamos las etapas de esta
relación, aparentemente tan poco promisoria. El texto que
tomaremos como referencia es Ezequiel capítulo 16.
Los protagonistas
El primer integrante de este matrimonio es Dios. Moisés, uno de
los hombres que vio más de cerca la gloria de Dios (Exo 34:
6,7), declarará que el Señor es “fuerte, misericordioso,
piadoso, tardo para la ira, grande en misericordia y verdad.”
Dios es perdonador y justo para siempre. El apóstol Juan dirá
más tarde que todas estas cualidades pueden resumirse en una
frase: “Dios es amor.” En Efesios 5 el apóstol Pablo presenta a
Jesús como el modelo perfecto a seguir por todo esposo
cristiano.
La otra parte de este matrimonio es la iglesia. Desde todo punto
de vista, el matrimonio entre Dios y su iglesia, no debió
realizarse jamás. Ezequiel habla del origen pagano y vendido al
pecado de la que llegó a ser la esposa de Dios. En el génesis de
la historia humana se manifestó claramente la tendencia a la
traición en el ser humano. No merecimos ni podremos merecer el
gran amor de Dios por nosotros. Aún así, si este matrimonio,
este pacto, se realizó (Gen 15: 1,3-6,18), fue por pura
iniciativa divina. Este pacto sagrado, tuvo privilegios y
responsabilidades por ambas partes.
La luna de miel
Dios libera a su Pueblo de Egipto, de tierra de esclavitud, la
muerte segura. El período en el desierto es visto por los
profetas como la luna de miel entre Dios y su esposa. Israel era
fiel, y amaba a Dios. Israel era “santo” separado por y para
Dios, dispuesto a cumplir enteramente su voluntad (Jer 2: 2,3).
Este estado ideal en la relación de Dios e Israel dependía de la
constante y consciente decisión diaria de servir a Dios y
temerle de todo corazón (Jos 24:14-18).
La prosperidad de Israel
Dios cumplió su parte del pacto hecho a Abraham. Bajo David y
Salomón la prosperidad del Pueblo fue inigualable. Dios Había
establecido a Israel en la encrucijada de las grandes culturas
del mundo antiguo. Desde esa ubicación excepcional, Israel tuvo
la posibilidad de ser un agente de redención para el mundo
entero de aquel entonces. Entrar en pacto con Dios no es el
inicio de un camino cuesta abajo. Es el mejor camino que un ser
humano puede seguir. Salomón construyó el formidable primer
Templo. Dios aceptó morar en una casa hecha por manos humanas.
La unión de Dios con su esposa sería de bendición para toda la
humanidad.
El deterioro, adulterio y la prostitución de Israel.
Israel “confió en su hermosura” y pretendió perpetuar su
prosperidad apartándose cada vez más de Dios. El pecado causó
olvido, ceguera y locura espiritual a los reinos de Israel y
Judá La idolatría hizo que la esposa adulterara y terminara
prostituyéndose, traicionando el pacto con su Esposo. Se olvidó
que éste era también su Hacedor, Redentor y Sustentador. Oseas,
Ezequiel y Jeremías entre otros profetas ejemplificaron con sus
propias vidas las tristes consecuencias de esta traición. Los
altares de Dan y Bethel, la adoración a Baal y Astarté
arruinaron miserablemente a Israel. Judá permaneció un tiempo
más siendo fiel al Señor. Pero luego empezó a apartarse
sostenidamente del Esposo, llegando a profundidades de maldad
superiores a las de Samaria e incluso Sodoma (Ez 16:46-49)
Existe un principio en todo camino de maldad: Alejarse de Dios
implica empezar inmediatamente a servir a otros dioses (Jer
5:19; Gál 6:7).
La carta de repudio de Dios
El repudio del Señor por estos actos llegó en la figura de la
devastación de la tierra y el exilio del Pueblo. Israel y Judá
casi fueron exterminados. Dios se había divorciado de Israel
(Jer 3:8). Pero tendría compasión de un remanente, que luego de
70 años, sería restaurado (Jer 25:11). Esto da a entender
claramente que los juicios de Dios no son sólo castigos, sino
disciplina redentora. Así debería pasar hoy en la iglesia.
Restauración y nuevo pacto:
Dios estuvo dispuesto a perdonar. El perdón es el inicio de toda
redención en un matrimonio. El Señor anunció un nuevo pacto con
su Pueblo (Jer 31:31-37). La base de este nuevo pacto sería el
amor y la fidelidad recíproca. Dios mostró su amor para con los
hombres, cuando Cristo murió primero. Nos salvo del pecado y la
maldad. Pablo afirmaría que la sangre de Cristo sería la señal
del inicio de este nuevo pacto, para la salvación del Pueblo de
Dios (Heb 8: 6,7,27).
El Nuevo testamento explicará claramente que las promesas y
bendiciones, los privilegios y responsabilidades del pacto son
transferidos del antiguo Israel, a todo aquel que participa de
la bendición de la simiente de Abraham a través de la fe. Así,
en este matrimonio de contrayentes tan disparejos, que pasó por
buenos momentos y momentos horribles, separado y restaurado,
vemos una gran lección: que un matrimonio de éxito depende de la
confianza que nace del amor y la fidelidad absoluta entre los
esposos.
La unión final de Dios con su esposa será en ocasión de la
restauración final del reino de Dios aquí en la tierra (Ap
21:2).
Dios, que da testimonio de estas cosas dice: “¡Ciertamente,
vengo en breve!” Que la respuesta tuya y mía sea “¡Amén, sí, ven
Señor Jesús!”