
Amor Silencioso
Lección 3

Para el 21 de Julio del 2007
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Sara había muerto tres años antes que Abraham llamara a su siervo de confianza, probablemente Eliezer de Damasco, a quien había pensado legar sus posesiones (Gén. 15:2). Abraham era ya un hombre muy anciano, y no había manera de predecir que él todavía viviría otros treinta y cinco años. El asunto del matrimonio de Isaac había sido postergado por demasiado tiempo, y necesitaba una esposa para continuar con la línea del pacto. Un mensajero le había informado a Abraham que Nacor, su hermano, y su esposa Milca, habían sido bendecidos con ocho hijos (Gén. 22:20-24). Ahora Abraham instruyó a su siervo que debía conseguir una esposa para Isaac de entre esos parientes. Aun cuando ellos mantenían ídolos en sus casas, una niña de esa familia creería en el mismo Dios que Abraham e Isaac creían. Por supuesto, siempre estaba la posibilidad de que la niña no estuviera dispuesta a acompañado a una tierra extraña, y Eliezer necesitaba instrucciones claras acerca de cómo proceder, si ese era el caso. En esa situación, él quedaría librado de su juramento. Pero bajo ninguna circunstancia Isaac debía dejar la tierra que Dios les había asignado en el pacto. Un matrimonio hecho en el cielo Abraham eligió bien a su agente. Eliezer estaba preocupado de que Dios hiciera realmente la selección. Él oró al sentarse junto al pozo mientras las señoritas del pueblo se acercaban a recoger agua para sus familias. "Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: 'Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba', y ella respondiere: 'Bebe, y también daré de beber a tus camellos: que esa sea la que has elegido para tu siervo Isaac" (Gén. 24:14). La prueba que escogió Eliezer estaba destinada a ayudarle a discernir la voluntad de Dios. También probaría el carácter de la señorita. Lo que ocurrió después asombró hasta al siervo temeroso de Dios. Una hermosa señorita se acercó al pozo. Dinámica, joven y enérgica, ella no daba la impresión de hacer caso al pedido de un anciano. Pero cuando le pidió de beber, ella respondió amablemente y ofreció darle agua a sus camellos. Y cuando ella contestó que era nieta de Nacor, Eliezer quedó asombrado. Al elegir a quién acercarse primero, Eliezer no pudo conocer el carácter o la historia pasada. Él juzgó, como lo hubiera hecho cualquiera: la apariencia externa. Él notó que Rebeca era muy hermosa. Obviamente tenía encanto. Su respuesta al pedido de agua confirmó que era también bondadosa y amistosa. Su ofrecimiento de hacer más de lo que se le había pedido, revelaba que era hospitalaria. Cuando él supo que era una virgen lista para casarse, y de la familia de Nacor, se convenció de que Dios había prosperado su misión. Dios lo había conducido a una señorita fantástica de la familia correcta para el hijo de su amo. Dios realmente hizo la elección. Sabiendo que esta era la joven que Dios había elegido, Eliezer le dio a Rebeca el anillo y los brazaletes que había traído. Viendo las joyas y oyendo la historia, Labán se apresuró a ir al pozo a buscar al siervo de Abraham. Cuando la familia oyó la historia completa, estuvieron de acuerdo diciendo: "De Jehová ha salido esto" (Gén. 24:50). Diferencias para cubrir Nadie tuvo ninguna duda que Dios quería que Isaac y Rebeca se casaran. Pero había diferencias enormes en el trasfondo de ambos, que podrían haber hecho que fueran incompatibles, si ambos no hubiesen estado comprometidos con Dios y su voluntad. Tenían varias diferencias que cubrir. Isaac había crecido en el campo. Donde la población era escasa, la gente ayudaba a otros, y a su vez eran ayudados por ellos. En un ambiente sencillo, Isaac había sido criado para confiar en la gente. Además, Abraham y Sara amaban a su único hijo. Después que despidieron a Agar e Ismael, Isaac no tenía competencia en cuanto a recibir atenciones. Su madre no mostraba interés en que se casara, y él lloró su muerte por tres años hasta que Rebeca entró en su vida. Isaac era el heredero de la fortuna inmensa de Abraham y nunca necesitó trabajar. Él no tenía ningún compañero semejante a él, y en muchas formas creció como un solitario, probablemente no acostumbrado a mucha comunicación. Era un solterón serio que se casó a los cuarenta, y que había pasado por lo menos diez años más allá de la edad normal para casarse en aquellos días. Por otro lado, Rebeca había crecido en la ciudad. En las áreas urbanas, la competencia es más severa y la supervivencia a menudo depende de la astucia. Rebeca y su hermano Labán, a menudo demostraron su pericia en esta cualidad. Los padres de Rebeca no eran tan ricos como los padres de Isaac, de modo que ella sabía cómo trabajar. Su tarea era la de recoger agua para la familia. Ella había desarrollado la fortaleza necesaria y mostró que podía sacar suficiente agua para una caravana de camellos. Como Rebeca había crecido en una familia extendida bastante grande, ella estaba mejor ajustada a la sociedad que muchos amigos de su edad y sus iguales. Su abuela Milca, hija de Harán, era la prima hermana de Isaac, aunque Betuel, su padre, hijo de Nacor, también era primo hermano de Isaac. Rebeca sin duda fue una adolescente vivaz. Rebeca sabía lo que quería. Cuando Eliezer vio que su misión había tenido éxito, quiso irse al día siguiente, pero la familia de Rebeca deseaba que él esperara otros diez días. Resolvieron la diferencia permitiendo que Rebeca hiciera la decisión (Gén. 24:57, 58). Hasta entonces, no tenemos registro de que nadie se había molestado en consultarla. Ella dijo sencillamente: "Sí, iré”
La decisión de Rebeca de ir con Eliezer de inmediato tomó a su familia por sorpresa. Sin duda, ellos deseaban y esperaban que no se fuera tan pronto. Pero ella no solo confió en la providencia de Dios, sino mostró su capacidad de tomar decisiones. Cuando Eliezer y Rebeca finalmente llegaron al Negev y se encontraron con Isaac, Eliezer le contó toda la historia. Evidentemente, había sido hecha la mejor decisión. Isaac amó a Rebeca, y a nadie más por el resto de su vida. Falta de comunicación Isaac y Rebeca parecen haber fallado en cubrir la diferencia de edades, de cultura y de temperamento. La comunicación es la clave para atraer más a las personas, pero Isaac y Rebeca parecen haber descuidado el conversar sobre las cosas del diario vivir. Tal vez si hubieran tenido hijos pronto, criar a los hijos los hubiera mantenido más cerca. Pero por veinte años Rebeca no pudo concebir. Esto era más embarazoso, porque para entonces Abraham se había vuelto a casar y estaba engendrando hijos a intervalos regulares: Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. El tío Nacor tenía doce hijos, y su hermanastro Ismael también tuvo doce hijos. Isaac podría haber estado acongojado por causa de esto. Desesperadamente necesitaba un hijo para acceder a las promesas del pacto que Dios había hecho con Abraham. Obviamente, Isaac y Rebeca se amaban. Muchos años más tarde, Abimelec vio a Isaac acariciando a Rebeca. Mostrar afecto es un aspecto importante del matrimonio, pero hay mucho más cosas que son necesarias. Los esposos deben llegar a ser los compañeros más cercanos, compartiendo todo. Solo cuando conocen el pensamiento del otro, pueden cooperar para alcanzar las mismas metas. Isaac y Rebeca no experimentaron el verdadero compañerismo. Aparentemente no conversaron sus gozos y preocupaciones más íntimas. Rebeca parece haber sido incapaz de comunicarse con Isaac acerca de lo que Dios le había dicho: que el hijo mayor serviría al menor. Es difícil pensar que ella no trató, pero Isaac puede no haberla escuchado. La falta de comunicación en esa familia es evidente también entre los dos hijos. No leemos nada acerca de que Jacob o Esaú le contaron nada a su padre acerca de la compra de la primogenitura en el momento de la venta o más tarde, ni antes o después de la bendición. Isaac no compartió su plan de bendecir a Esaú con su esposa, tal vez por causa de su apego a Jacob. y por su parte, Rebeca no le reacordó a Isaac la profecía que Dios había hecho acerca de Jacob; en cambio, ella diseñó su propio plan. Aun cuando ella quería decide a Isaac que dejara que Jacob se fuera de la casa, ella no pudo decide la verdad, sino tuvo que recurrir a una débil excusa. Tal vez estamos leyendo demasiado entre líneas, lo que no se registró acerca de su relación, pero definidamente la familia tenía un problema de comunicación. Vemos que hablaron poco y hay evidencias de que tampoco escucharon mucho. Ella es mi hermana Cuando el hambre afectó a Canaán, Isaac y Rebeca pensaron en mudarse a Egipto, Como lo había hecho Abraham años antes. Pero Dios los instruyó que se quedaran en Gerar, el mismo lugar donde Abraham y Sara habían tenido su encuentro Con Abimelec. Hay una cantidad sorprendente de similitudes entre la experiencia de Abraham registrada en Génesis 20 y 21, Y la de Isaac registrada en Génesis 26. 1) Ambos incidentes ocurrieron en Gerar. 2) El nombre del rey en ambos encuentros fue Abimelec, aunque puede no haber sido el nombre sino un título porque Abimelec significa "mi padre es rey” La persona involucrada puede haber sido el príncipe en vez del rey. 3) Tanto Abraham como Isaac mintieron diciendo que sus esposas eran sus hermanas a fin de evitar que los mataran. 4) Las dos veces el rey lo descubrió y reconvinieron al mentiroso. 5) En ambas ocasiones el rey insistió en hacer un tratado. 6) Ambos encuentros involucraron disputas acerca de pozos. 7) En ambos casos el lugar recibió un nombre significativo. Las similitudes Son tan notables que algunos alegan que estos son informes del mismo incidente, pero con nombres diferentes. Sin embargo las diferencias son tan numerosas COmo importantes. 1) No se menciona el hambre en el caso de Abraham. 2) No hay un sueño dado por Dios al rey en Génesis 26. Abimelec descubrió que Isaac y Rebeca eran esposo y esposa cuando miró por la ventana y vio que Isaac la estaba acariciando. 3) El rey (en Génesis 26) no llevó a Rebeca a su palacio. 4) No se le dieron regalos a Isaac. 5) Abraham no fue expulsado de la tierra como lo fue Isaac. 6) Solo las mujeres en el capítulo 20 fueron heridas con esterilidad, y por lo tanto Isaac no tuvo que interceder como lo hizo Abraham. 7) Los pastores pudieron retener el pozo de Abraham. 8) No se da ninguna razón para el nombre del pozo en el capítulo 21. 9) Al final de su experiencia, Abraham plantó un árbol, mientras que Isaac terminó el evento con una fiesta. También, a diferencia de su padre, Isaac no involucró a su esposa en la planificación del engaño sino parece haber actuado por su propia cuenta. Él informó a los que preguntaron por Rebeca que era su hermana. Esto no era una media verdad como en el caso de Abraham o Rebeca no era media hermana ni su prima, aunque eran parientes. Abraham y Sara habían planeado las cosas juntos. Isaac y Rebeca parecen no haber tenido este tipo de comunicación. La familia se divide Finalmente, después de veinte años, las oraciones de Isaac en favor de Rebeca fueron contestadas, y en la familia nacieron mellizos. Pero en lugar de acercar a los padres, la presencia de los muchachos solo amplió la desavenencia entre el padre y la madre. La Biblia dice: "Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob" (Gén. 25:28). La rivalidad entre Esaú y Jacob comenzó antes del nacimiento. Rebeca pudo sentir una lucha en su vientre, y Dios reveló que eran mellizos los que luchaban dentro de ella. Dios también predijo que la rivalidad seguiría, y que el menor prevalecería (Gén. 25:23). Rebeca no sufrió con una concubina rival o una esposa como ocurrió con su suegra, Sara, y también su nuera, Raquel. Pero la rivalidad entre los hijos arruinó el hogar porque involucraba al esposo y la esposa. Aunque la rivalidad entre los hijos había sido profetizada, se veía como algo sospechoso, como si se originara con los padres. Cuando se inician altercados entre los niños, y los padres toman partido, resulta el distanciamiento. También cuando los padres apoyan a niños diferentes, se desarrolla la tensión entre ellos. Isaac y Rebeca apoyaban cada uno a su hijo favorito, y una batalla silenciosa crecía cada vez más. Isaac amaba a Esaú, porque éste traía a casa animales silvestres, que él pretendía gustar. Pero uno se pregunta cómo podía diferenciar entre el gusto de las cabras domésticas que Jacob le llevaba de los animales silvestres que él esperaba de Esaú. Tal vez lo que a Isaac realmente le gustaba, era la idea de que su propio hijo era muy diestro con el arco y las flechas, y traía a casa animales para comer así como lo hacía Ismael, su hermanastro mayor, años antes (Gén. 21:20; 27:3). Como madre, Rebeca apreciaba poco la vida rústica al aire libre que prefería Esaú. Su hogar era su mundo, y ella naturalmente formó una amistad especial con Jacob, que quedaba en casa y pasaba el tiempo con ella. Rebeca debe haberle contado a Jacob la profecía divina, de que el menor llegaría a ser el más grande. A su vez, Jacob debe haberse gozado informando a su madre cómo él había adquirido la primogenitura de su hermano por un plato de comida. Es fácil imaginarse a Esaú como el hermano mayor, más fuerte y más grande. Sin embargo, eran hermanos, de exactamente la misma edad. En el caso de gemelos idénticos a veces es difícil saber cuál nació primero. La Biblia registra el caso de una partera que ató un hilo a la muñeca para identificar al que nacía primero (Gén. 38:28-30). En el caso de Rebeca fue fácil. Los dos no eran ni remotamente idénticos. Sear significa "velludo", y el nombre Esaú puede relacionarse con esa palabra. Evidentemente, él tenía mucho vello. También se lo describe como "rojo"; la palabra para esto es edom, que se traduce como "barroso". Pero la Biblia dice que la razón de su sobrenombre Edom fue que él vendió su primogenitura por un guiso rojo (Gén. 25:30). Jacob significa "él tomó el talón", que es lo que él estaba haciendo cuando nació: estaba tomado del talón de su hermano. Pero Esaú interpretaba ese nombre figurada mente como que significaba "uno que engaña”. La primogenitura: las promesas del pacto Cuando el hambre golpeó de nuevo a Canaán, Isaac hizo planes de mudarse a Egipto, como su padre lo había hecho antes. Egipto era regado por el Nilo y no estaba sujeto a las lluvias anuales. Pero Dios instruyó a Isaac: "Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre" (Gén. 26:3). Dios enumeró las promesas que le hacía a Isaac. Eran idénticas a lo que le había prometido a Abraham: 1) sus descendientes serían numerosos; 2) recibirían la posesión de la tierra, y 3) por medio de sus descendientes todas las naciones de la tierra serían bendecidas. Estas promesas parecían muy improbables. Isaac y Rebeca no tenían niños todavía, pero se les prometieron descendientes tan numerosos como las estrellas. Eran nómades que se mudaban de un lugar a otro, pero Dios les daría "todas estas tierras". El despojo de la primogenitura Sin duda Rebeca le había dicho a su hijo favorito, Jacob, lo que Dios había predicho acerca de que el mayor serviría al menor. Adquirir la primogenitura preocupaba la mente de Jacob desde edad temprana. Llegó a obsesionarse con la idea, preguntándose cómo la conseguiría. Entonces, un día, Esaú padeció de hambre en una salida al campo, y al regresar el aroma de un buen guiso fue a su encuentro. Cuando Esaú le pidió algo de comer, Jacob, que estaba cocinando, sintió que era su oportunidad. Esaú estuvo muy dispuesto a vender su primogenitura por un guiso rojo de lentejas. La venta de la primogenitura confirmaba que Esaú no tenía interés en asuntos religiosos Y no era adecuado para el liderazgo espiritual del clan. Jacob, por otro lado, miraba hacia adelante. Él deseaba el liderazgo espiritual, Y tuvo la astucia suficiente para despojar a su hermano de ello, y hasta consiguió sellar la transacción con un juramento antes de darle la comida.1 Esaú comió y se fue, sin preocuparse por lo que había desperdiciado. Isaac debería haberse preocupado por esto. Años más tarde, Isaac decidió que era tiempo de confirmar la primogenitura y las bendiciones que la acompañaban a uno de sus hijos, así que llamó a Esaú. No hizo ningún esfuerzo por ocultar lo que pensaba hacer, pero tampoco consultó a su esposa acerca de esto. Ella le oyó decir a Esaú:"Hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera" (Gén. 27:4). El anciano Isaac estaba pensando en dos cosas. Se estaba poniendo viejo y necesitaba transmitir la bendición, y su boca se hacía agua pensando en una comida deliciosa. Aquí encontramos un juego de palabras. Mientras Esaú vendió su bekorah (primogenitura) por un plato de lentejas, Isaac le daría su berakáh (bendición) a cambio de carne de venado. Pero Rebeca trataría de conseguir la berakáh para su hijo favorito. Cuando oyó la conversación entre Isaac y Esaú, rápidamente entró en acción. La contienda familiar llegó a una crisis. Por un lado tenemos a Isaac, anciano, débil, y prácticamente ciego, un hombre sencillo que anhelaba comer un plato sabroso y luego bendeciría a su hijo favorito. Por otro lado tenemos a la madre de una familia astuta (cualquiera de ellos engañaría a sus propios parientes) y su hijo Jacob, que reveló haber heredado algo de esa astucia. Esaú e Isaac eran los que tenían hambre. Esaú antes había tenido hambre del guiso aromático de lentejas, e Isaac ahora anhelaba un poco de carne de venado. Jacob y Rebeca eran los cocineros y se aprovecharon de ello. Cuando Rebeca instruyó a Jacob a que trajera dos cabritos del rebaño para preparados antes que regresara Esaú, Jacob no expresó ninguna objeción ética a la sugerencia de su madre. Su preocupación principal era el temor de ser descubierto. Como respuesta a ese temor, Rebeca vistió a Jacob con las mejores ropas de Esaú, y cubrió las partes descubiertas de sus brazos y cuello con cuero de cabra para simular el grueso vello de Esaú, y le encargó:"Tan solo haz lo que te pido" (Gén. 27:13, NVI). Podríamos defender a Rebeca. Ella estaba luchando contra la institución injusta de la bendición por la cual un hijo heredaba todo y el otro nada (Gén. 27:37). Esto era especialmente injusto en el caso de mellizos. O tal vez ella pensó que estaba cumpliendo la voluntad de Dios que había predicho el dominio del menor. Tal vez como madre, ella sabía, como sin duda lo sabría Isaac también, que Esaú no era adecuado para la primogenitura y la bendición que la acompañaba, pero que Jacob tenía esas cualidades necesarias. Pero su afecto por Jacob sustituyó lo que debería haber sido su preocupación mayor: hacer lo correcto, decir la verdad, y el honor: Ella ignoró los sentimientos de Isaac, su esposo, Y de Esaú, su hijo. Al tratar de ayudar a Jacob, lo involucró en un crimen serio. La pronta llegada de Jacob fue lo primero que levantó una sospecha en Isaac. "¿Cómo fue que lo encontraste tan pronto?", le preguntó. Desprevenido, Jacob mintió e incluyó a Dios en su respuesta: "El Señor tu Dios me ayudó" (Gén. 27:20, NVI), le respondió. Isaac también reconoció la voz de Jacob, pero el sentir las manos velludas y el olor de la ropa de Esaú le ayudó a dejar a un lado sus sospechas. Rebeca Y Jacob cumplieron con su engaño. El plan de Rebeca era conseguir la bendición para su hijo favorito mediante el fraude, Y tuvo éxito. Pero también le salió mal. Ella le había dicho a Jacob: "Sea sobre mí tu maldición", pero ella no pudo garantizarle a él su seguridad después del hecho. Enfurecido, Esaú prometió que tan pronto como Isaac muriera, él mataría a Jacob. La acción descuidada de Rebeca alejó a un hijo Y puso en peligro al otro. Con su mente rápida tuvo que diseñar otro plan para salvar a Jacob. Pero otra vez, no compartió sus temores con Isaac. Tal vez él no estaba de ánimo para conversar con ella. La incapacidad de comunicarse salió a luz nuevamente. * * * En un aspecto Isaac y Rebeca estaban de acuerdo. Esaú había tomado dos esposas heteas, Y ambos padres lamentaban la presencia de esas mujeres paganas. Al ser dos, planteaban una amenaza religiosa mayor. Sin duda trajeron consigo sus ídolos a su nuevo hogar y los adoraban abiertamente. Usando este tema en el que estaban de acuerdo, Rebeca procuró conseguir que Jacob no estuviera al alcance de Esaú. Ella expresó el temor de que Jacob también se casara con una mujer pagana y pidió a Isaac que le permitieran ir a Harán, al hogar de ella, para encontrar una esposa de entre su pueblo. Isaac prontamente estuvo de acuerdo con el plan, y él mismo encargó esto a Jacob, y lo instruyó para que se fuera pronto. Mientras Jacob se preparaba para irse, Isaac lo llamó y le dio la bendición que siempre había deseado. Le dijo: "El Dios Omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra [...] que Dios dio a Abraham" (Gén. 28:3, 4). La bendición anterior que Isaac pensó que le daba a Esaú solo hizo que Jacob fuera el señor sobre su hermano. Esto cumplía, sin buscarlo, la profecía que Dios había hecho antes de nacer los dos hermanos (Gén. 25:23). Pero esta nueva bendición incluía tanto la promesa de numerosos descendientes y la promesa de la tierra, y además mencionaba que llegaba a ser heredero de la promesa hecha a Abraham. Tal vez Isaac supo todo el tiempo lo que estaba haciendo. Tal vez no tenía la intención de pasar a Esaú las promesas que Dios le había hecho a Abraham. De cualquier manera, la bendición correcta había quedado esperando para ser dada a Jacob. Pero tan solo si él y Rebeca lo hubieran conversado antes, podrían haber evitado mucha tristeza.
Referencias 1. Para una comparación llena de significado, ver Robert Alter, "The Art of the Biblical Narrative",
Compilador: Dr. Pedro Martínez |