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I.
Pedir y creer (1 Sam. 1:1-19)
A.
La Biblia presenta el nombre de Ana antes que el de
Penina en la historia, implicando que ella fue la primera
esposa; su falta de hijos probablemente motivó un segundo
casamiento, con lo que se fomentó una contienda. Aunque la
poligamia no sea un factor aceptado para la mayoría de nosotros
hoy, ¿qué prácticas amenazan la paz en los matrimonios modernos?
¿Qué podemos hacer para proteger al matrimonio contra esas
amenazas?
B.
Elcana preguntó: “¿Por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué
está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? (1
Sam. 1:8). Su última pregunta ofrecía un consuelo dudoso,
especialmente si al tomar una segunda esposa dejó claro que el
amor por Ana, obviamente, no era suficiente para él. ¿Cómo puede
el marido hacer que su esposa se sienta inadecuada?
¿Cómo podemos edificar el amor en vez de destruirlo?
C.
Elcana “amaba a Ana” (1 Sam. 1:5). No obstante, a pesar
de su amor, no comprende su dolor. Más tarde, ella vuelca su
corazón en una oración silenciosa, ¡y el sacerdote la acusa de
estar ebria! ¿De qué modo podemos mostrar más sensibilidad hacia
nuestros cónyuges?
II.
Prometer y recibir (1 Sam. 1:19-23; Heb. 4:16)
A.
Ana no se revuelca en conmiseración propia. Ella
encuentra refugio en el Santuario, donde Elí la bendice: “El
Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho” (1 Sam.
1:17). ¿Por qué la oración de Ana nos da esperanza de que Jesús
responde las peticiones que presentamos ante él, aun las
silenciosas, que nadie puede escuchar?
B.
“Ana reconocía con gozo que su dádiva para Dios fue
primero la dádiva de Dios para ella” (2 CBA 457). ¿Qué dones te
ha dado Dios? ¿Cómo se los has devuelto?
III.
Cumplir el voto (1 Sam. 1:24-2:21; Isa. 64:6)
A.
Vestir el efod sacerdotal a una edad tan temprana es un
testimonio de la educación de Samuel. ¿Qué pueden aprender de
Elcana y Ana los padres de hoy acerca de cómo criar a sus hijos?
B.
Cada año Ana cosía ropa para su hijo y se la llevaba al templo.
Jesús nos da la hermosa ropa de su carácter. ¿Qué son los
“trapos de inmundicia” que él quiere eliminar de nosotros
primero?
¿Por qué necesitamos este cambio de vestimenta?
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Comentario de la Biblia
I. Elcana
Elcana era un levita de la familia de Coat. Los
coatitas servían como jueces y gobernantes del
pueblo. Habían sido quienes llevaban el Arca,
cuidaban los tesoros sagrados y cantaban en el
Santuario (Núm. 3:27-32; 1 Sam. 1:1; 1 Crón.
6:22-27, 34; 2 Crón. 20:19-22). Pero, en los días de
Elcana, los coatitas habían caído en una relativa
oscuridad por causa de la dominación irreligiosa de
Ofni y Finees, los dos hijos de Elí, el sumo
sacerdote, a quienes Dios llamó hombres impíos” (1
Sam. 2:12). Pero Elcana permaneció fiel en medio de
esta apostasía. Visitaba cada año el Santuario que
estaba en Silo, para adorar y presentar sacrificios
a Dios.
En aquellos días de oscuridad espiritual, no era
raro que un hombre tuviera dos esposas como las
tenía Elcana. Elcana era bueno con su familia, pero
era incapaz de calmar el dolor de su piadosa esposa
Ana por causa de su esterilidad (1 Sam. 1:4-8).
II. El matrimonio
Elcana habría hecho bien en considerar el dolor de
corazón y la angustia que Abraham trajo sobre sí
mismo y su familia al unirse con Agar, la sierva de
su esposa Sara, para tener un hijo (Gén. 16). Esta
era una desviación de la ley divina original acerca
del matrimonio (Gén. 2:18-24; Mal. 2:14, 15). La
palabra de Dios presenta un informe de las fallas
aun de sus mejores seguidores, no para
desacreditarlos ni condonar sus fallas, sino para
advertir a todas las generaciones futuras que el
pecado no es excusable en ninguna persona. (Ver 1
Cor. 10:11-14.) La fidelidad en algunos aspectos de
la vida no cancela el hecho de que nos separemos de
las instrucciones de Dios en otros temas. La bigamia
de Elcana deslustró su informe y manchó la felicidad
de todos en ese hogar, especialmente la de Ana, su
primera esposa, quien, a diferencia de su rival
Penina, era una mujer realmente consagrada. Penina
tenía un vientre fértil, pero un corazón estéril,
mientras que Ana tenía las condiciones contrarias.
Considera:
¿Cuáles son los resultados de la adhesión fiel a la
Palabra de Dios? (Deut. 28:1-14; Prov. 28:20; Mat.
24:45-47; Apoc. 2:10). ¿Cuáles son los resultados de
ignorar las instrucciones de Dios? (Deut. 28:15-37;
Mat. 25:24-30).
III. El voto de Ana
Penina se burlaba de Ana por su esterilidad y se
gloriaba en su propia fertilidad para tener hijos.
¿Qué sostuvo a la doliente Ana para no volverse
resentida y vengativa en su relación con ella? Ana
era una mujer de oración. Aprendió a depositar sus
cargas sobre el Señor, y a derramar específicamente
sus dolores y sus anhelos en oídos del Único que
realmente podía hacer algo en favor de ella. Ella
oraba porque tenía esperanza, y su esperanza no fue
en vano. (Ver Sal. 37:1-7; Rom. 5:5; 8:24.)
Ana oró pidiendo un hijo, no meramente para su
propia gratificación, sino para traer a un hijo
piadoso al mundo, que fuera una bendición para la
causa de Dios. Ella renunció a toda pretensión
egoísta sobre el niño que esperaba dar a luz (1 Sam.
1:11). De este modo, estuvo en un terreno ventajoso
para ser una verdadera madre espiritual en Israel.
Considera:
¿Cómo podemos sobrellevar los crueles chascos de la
vida de forma que puedan ser transformados, de
piedras de tropiezo a escalones para el desarrollo
de nuestro carácter y nuestra fe? (Sal. 119:67-71;
Rom. 5:1-5; 2 Cor. 4:17, 18; 12:8-10; Heb. 12:11; 1
Ped. 4:12-19.)
Si permitimos que la amargura nos invada, ¿qué
efecto adverso tiene, además de corroer nuestro
propio gozo personal y nuestra paz mental? (Mat.
18:21-25; Heb. 12:12-16.) ¿De qué manera afecta esto
la vida matrimonial?
IV. Ana, una madre en Israel
Dios, gentilmente, respondió a la petición de Ana en
cuanto a tener un hijo. Su corazón debió haberle
dolido, después de destetarlo, al entregar a Samuel
al cuidado de Elí, en el Templo. Elí no era un padre
ejemplar, y el hijo de ella estaría lejos de las
influencias del hogar, que lo apoyarían y le
mostrarían mucha gracia. Pero, con el apoyo completo
de su esposo, Ana permaneció fiel a su voto. Ella
había dedicado a Samuel a Dios de manera específica,
y no se echaría atrás en su palabra, a pesar del
agudo llamado del amor maternal (1 Sam. 1:19-28).
Ana recordó a Elí el voto de dedicación que ella
había hecho tal vez unos cuatro años antes. Con
esto, obtuvo el apoyo de Elí y la simpatía del
sacerdote.
Bajo la inspiración del Espíritu, Ana cantó un himno
de alabanza y percepción profética en cuanto al
triunfo futuro de la causa de Dios, y esto en un
tiempo cuando la palabra de Dios era escasa y no
había visiones (1 Sam. 2:1-11; 3:1). Ella
difícilmente habrá previsto el papel vital que
desempeñaría Samuel para conservar la herencia de
Israel y revertir los ataques de la apostasía (ver,
por ejemplo, 1 Sam. 7). Afortunadamente, Elí también
apreció realmente a Samuel, y fomentó desde temprano
su vocación al sacerdocio (1 Sam. 2:18, 26; 3:1-18).
Considera:
¡Cuán poderosa es la influencia del hogar en la
niñez temprana! Ana y Elcana no pudieron tener a
Samuel en su hogar por mucho más de tres años; no
obstante, cuán perdurable fue esta influencia
paternal. ¿Qué nos enseña esto acerca de las
influencias espirituales y emocionales de la vida
del hogar, y de la importancia de poner un
fundamento correcto desde el mismo comienzo de la
vida del niño, así como antes de nacer? (Ver Deut.
6:4-9; Luc. 1:13-17; Efe. 6:4; 2 Tim. 3:15.)
Identifica seis o más elementos básicos que
constituyen una vida familiar segura, feliz y
espiritualmente sana, todo bajo una cubierta de
amor.
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Pregunta para reflexionar:
1.
¿Qué valores tenían Ana y Elcana que los distinguían de la
generalidad del pueblo hebreo en sus días? Repasa las
condiciones espirituales de Israel en ese tiempo (Juec. 21:25; 1
Sam. 2:17, 22-24, 29; 3:1, 11-14; 4:21, 22). Había dos
categorías básicas de personas en esos días de hambre
espiritual: los inmorales y los desmoralizados. Pero, además,
había un tercer grupo, relativamente pequeño: los consagrados.
¿Cómo pudieron ellos –o cualquier otro grupo de personas– ser
capaces de mantener su devoción a Dios en medio de una apostasía
tan generalizada?
(1 Sam. 12:20-25; Sal. 118; 125; Rom. 8:31-39; 12:1, 2; Tito
2:11-14.)
Pregunta de aplicación:
1.
Basados en la pregunta de reflexión que está arriba, ¿qué puedes
hacer para agudizar tu discernimiento espiritual con respecto a
los problemas de la vida que te rodean en nuestro mundo actual?
(1 Cor. 14:20; Efe. 1:18-20; 5:17; 1 Juan 5:19, 20.)
Testificación
“La mayor evidencia del poder del cristianismo que se puede
presentar al mundo es una familia bien ordenada y disciplinada.
Esta recomendará la verdad como ninguna otra cosa puede hacerlo,
porque es un testimonio viviente del poder práctico que ejerce
el cristianismo sobre el corazón” (HAd 26).
Considera:
¿De qué modo puede aun una persona sola beneficiarse con este
consejo? (Sal. 133; Efe. 4:1-18). (Recuerda que Pablo era solo,
y comprendía en forma especial la riqueza interior de ser un
miembro de la comunidad de la fe.)
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