Versículos propuestos para el estudio de esta semana: Mateo
4:23-25; 8:25-27; 11:2-6; 12:22, 23; Hechos 3:19-21
1.
Introducción
Roy Adams dice:
“El
momento del Sermón del Monte terminó, la escena cambió
abruptamente, y Jesús se lanzó a atender las necesidades de la
gente (ver Mat. 8,9). Para Jesús no eran solo palabras.
Él tenía
obras para apoyar las palabras” Folleto de
Esc. Sab, pág. 35
La expresión “Él tenía obras para apoyar las palabras“,
aunque podría aceptarse si se explicara bajo un contexto
determinado, creemos que puede trae cierta confusión. ¿Qué
significa que “tenía obras para apoyar las palabras”?
¿Será que las obras son cosas de naturaleza distinta que las
palabras, y deben ser armonizadas? ¿No son acaso también las
palabras
“obras”, desde un punto de vista bíblico?
¿Eran sus obras apoyadas por sus palabras, o por el contrario,
sus palabras explicaban la naturaleza de sus obras?
Bíblicamente, como veremos al llegar al final de esta lección,
Jesús “no
tenía obras” para apoyar sus palabras, sino que
a través suyo se manifestaban las obras de su Padre,
y sus palabras daban testimonio (explicación o evidencia) de la
naturaleza y motivación de dichas obras. Pero antes de llegar a
esta conclusión, vayamos por partes y ordenemos cronológicamente
las evidencias que expone el autor (Roy Adams) y nuestra
explicación de los motivos reales de las mismas en ministerio de
Jesús.
2.
Isaías, la profecía de las obras del Mesías y su cumplimiento en
Jesús
Los siguientes cuatro pasajes muestran una
correspondencia directa entre la venida del Mesías y sus futuras
obras.
“En aquel
día
los
sordos oirán
las palabras de un libro, y desde la oscuridad y desde las
tinieblas
los
ojos de los
ciegos verán.
Los
afligidos
aumentarán también su alegría
en el SEÑOR, y
los
necesitados de la humanidad se regocijarán
en el Santo de Israel” Isaías 29:18-19 (LBLA -
destacado nuestro)
“Entonces
se abrirán
los ojos de los ciegos,
y
los oídos de
los sordos se destaparán.
El
cojo entonces
saltará
como un ciervo, y la lengua
del mudo gritará
de júbilo,
porque aguas brotarán en el desierto y arroyos en el Arabá”
Isaías 35:5-6 (LBLA - destacado nuestro)
“Tus
muertos
vivirán,
sus
cadáveres se
levantarán.
¡Moradores del polvo, despertad y dad gritos de júbilo!, porque
tu rocío es como el rocío del alba, y la tierra dará a luz a los
espíritus” Isaías 26:19 (LBLA - destacado nuestro)
“El
Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, porque me ha ungido el
SEÑOR para
traer buenas
nuevas a los afligidos;
me ha enviado para
vendar a los
quebrantados de corazón,
para proclamar
libertad a
los cautivos
y
liberación a
los prisioneros” Isaías 61:1 (LBLA -
destacado nuestro)
En otras palabras, el Mesías esperado habría de
dar oído a
los sordos, vista a los ciegos, alegría a los afligidos,
regocijo a los necesitados, saltos a los cojos, lengua a los
mudos, agua al desierto, vida a los muertos, venda a los
quebrantados y libertad a los cautivos.
¿Fueron estas
las obras de Jesús?
Además de
Mateo 8 y 9 donde se ve a Jesús
realizando
10 milagros
(sana a un leproso, sana al siervo del centurión, sana a la
suegra de Pedro, sana a muchos enfermos, calma la tempestad,
echa fuera demonios, sana a un paralítico, resucita a la hija de
Jairo y cura a la mujer del flujo de sangre, da vista a dos
ciegos, devuelve la voz a un mudo),
existen otros
dos pasajes que muestran claramente bajo las
propias palabras de Jesús que
Él era el
Mesías que habría de hacer estas obras.
El primero de ellos se encuentra en
Mateo 11:2-6,
donde Jesús responde a la pregunta de Juan
“¿Eres tú el
que ha de venir, o esperamos a otro?”.
“Y al oír
Juan en la cárcel de las obras de Cristo, mandó por medio de sus
discípulos a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir, o esperaremos
a otro? Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo
que oís y veis: los
CIEGOS RECIBEN LA VISTA y los cojos andan, los leprosos quedan
limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los
POBRES SE LES ANUNCIA EL EVANGELIO.
Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí“.
Mateo 11:2-6 (LBLA - destacado nuestro)
El segundo pasaje se encuentra en
Lucas 4:18-21,
donde explícitamente Jesús dice ser el cumplimiento de la
profecía de Isaías.
“Llegó a
Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en
la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el
libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar
donde estaba escrito: EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI,
PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME
HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA
RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A
LOS OPRIMIDOS; PARA PROCLAMAR EL AÑO FAVORABLE DEL SEÑOR.
Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó; y los
ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en El. Y comenzó a
decirles:
Hoy se ha
cumplido esta Escritura que habéis oído”
Lucas 4:18-21 (LBLA - destacado nuestro)
Sin lugar a dudas, Jesús era el cumplimiento mismo de las
profecías.
3.
¿Qué clase de hombre hace estas obras, cómo y porqué?
“Y
llegándose a El, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos ,
que perecemos! Y El les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados,
hombres de poca fe?
Entonces se
levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran
calma.
Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quién es éste, que aun
los vientos y el mar le obedecen?” Mateo 8:25-27
(LBLA - destacado nuestro)
Los milagros realizados por Jesús en
Mateo 8 y 9
(que ya hemos listado en el epígrafe 1) muestran que su poder
esta por encima de cualquier capacidad humana. El hombre puede o
tiene “poder”
para cambiar pequeñas cosas sobre su vida,
pero las circunstancias tales como la naturaleza, las
enfermedades, las dolencias y la muerte están fuera de su
dominio, y sólo Dios tiene autoridad sobre ellas.
Por eso, los discípulos es como si se preguntaran
¿Qué “clase
de hombre” es este que aún puede cambiar las circunstancias que
están fuera del dominio de cualquier hombre?.
Lo cierto es que quizá, los discípulos tenían en mente el pasaje
de
Salmos 107:27-30 donde el Dios de Israel, su
Dios, era quien había hecho cosas semejantes al pueblo de
Israel.
“Temblaban
y se tambaleaban como ebrios, y toda su pericia desapareció.
Entonces en su angustia clamaron al SEÑOR y El los sacó de sus
aflicciones.
Cambió la
tempestad en calma y las olas del mar callaron.
Entonces se alegraron porque las olas se habían aquietado, y El
los guió al puerto anhelado” Salmos 107:27-30 (LBLA
- destacado nuestro)
Una parte de la respuesta a esta pregunta se explica en el
epígrafe 1. Es decir, la “clase
de hombre” que podía hacer esas cosas
debía ser el
Mesías, el Hijo de Dios (dado que hasta
entonces, sólo existían dos respuestas O era la acción directa
de Dios, o era su Hijo, quien podía hacerlas. Hoy, después de la
muerte y resurrección de Jesús, las obras de Dios se extienden a
través de cada uno de sus hijos, de sus discípulos). Sin
embargo, aún no hemos explicado cómo y porqué el Mesías habría
de hacer semejantes cosas.
3.1 ¿Cómo y porqué el Mesías habría de hacer semejantes cosas?
(Respuesta del Roy Adams, autor de Escuela Sabática)
Roy nos propone como respuesta a esta pregunta
Mateo 9:35-36
“Y Jesús
recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas
de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda
enfermedad y toda dolencia. Y viendo las multitudes,
tuvo
compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas
como ovejas que no tienen pastor” Mateo 9:35-36
(LBLA – destacado nuestro)
Roy nos ofrece una respuesta válida y esencial respecto de la
naturaleza del Mesías y del Padre:
EL AMOR.
El Mesías habría de hacer aquellas obras por amor al ser humano.
Sin embargo,
la Biblia es
aún más explícita al respecto, y nos ofrece aún
más detalles sobre el cómo y el porqué de la obra del Mesías.
Veamos algunos textos.
3.1.1 ¿Por qué el Mesías hacía dichos milagros?
“porque
el Hijo del
Hombre ha venido a buscar y a salvar
lo que se había perdido”. Lucas 19:10 (LBLA -
destacado nuestro)
“El Hijo
de Dios se manifestó con este propósito:
para destruir
las obras del diablo” 1 Juan 3:8 (LBLA -
destacado nuestro)
Sí, esta es la razón principal de su venida y de su obra en la
Tierra. El Mesías,
Jesús, habría de venir a buscar y salvar al hombre que
se había extraviado de las manos de su Padre. A
su vez, Juan, nos dice que vino a “destruir
las obras del diablo”. Esto y lo otro (salvar al
hombre y destruir las obras del diablo) son dos caras de una
misma moneda. La Biblia es muy clara al respecto,
las obras del
diablo se deshacen o destruyen con las obras de Dios.
He aquí la razón principal de los milagros de Jesús.
3.1.2. Pero, ¿Cómo hacía dichos milagros?
Si os fijáis bien en el párrafo anterior, hemos dicho que
son
las “obras
de Dios”
las que Jesús hacía. Así está escrito:
“Jesús
les respondió: Os lo he dicho, y no creéis;
las obras
que yo hago en el nombre de mi Padre,
éstas dan testimonio de mí” Juan 10:25 (LBLA -
destacado nuestro)
“Jesús
les dijo: Os he mostrado muchas
obras buenas que son del Padre.
¿Por cuál de ellas me apedreáis?” Juan 10:32
“Si
no hago las
obras de mi Padre,
no me creáis;” Juan 10:37
“Respondió
Jesús y les dijo:
Esta es la
obra de Dios:
que creáis en el que El ha enviado.” Juan 6:29
“Jesús
respondió: Ni éste pecó, ni sus padres; sino que está ciego
para que
las obras de Dios se manifiesten en él”.
Juan 9:3
Por tanto, respondiendo a nuestras preguntas iniciales, Jesús “no
tenía obras para apoyar sus palabras”, sino que
sus palabras
manifestaban la naturaleza y motivación de sus obras, y éstas
eran las obras directas que su Padre hacía a través suyo.
De la misma manera, nosotros hoy podemos hacer aún mayores obras
que las que hizo Jesús en su ministerio terrenal, porque ahora
Él está con el Padre, y con nosotros a través del Espíritu
Santo.
“En
verdad, en verdad os digo: el que cree en mí,
las obras que yo hago, él las hará también;
y
aun mayores
que éstas hará,
porque yo voy al Padre” Juan 14.12 (LBLA - destacado
nuestro)
Cuando creemos en Jesús como el Mesías, la obra del Padre se
hace realidad en nosotros (Juan 2:29), nos ha salvado a través
del Hijo. Cuando creemos en Jesús como el Mesías e Hijo de Dios,
somos uno en Él, y en el Padre, QUIEN a través nuestro sigue
manifestando SUS OBRAS para salvación nuestra y de nuestros
hermanos. ¡Cuán importante es que comprendamos esto!. “NUESTRAS”
OBRAS NO SON NUESTRAS, SON DE DIOS.