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Para el 3 de mayo de 2008 |
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Audio: Diálogo Bíblico |
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Audio: Unión Mexicana del Sur |
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Lectura Devocional: Pastor Israel Leito |
Notas de Elena White | |||
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Lectura para la Semana: |
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La maravilla de sus obras |
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VERSO DE MEMORIA |
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“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:36) |
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HASTA LA LECTURA MÁS SUPERFICIAL de la vida de Jesús como la presentan los evangelios revela un hecho interesante: con la excepción de los asombrosos eventos que rodearon su nacimiento, se cuenta muy poco de la infancia y los primeros años de Jesús. Este espacio ha conducido a toda suerte de especulaciones a lo largo de los siglos acerca de lo que Cristo pudo haber hecho durante todos esos años perdidos. Sin embargo, nada se acerca tanto a lo que Elena de White escribió en El Deseado de todas las gentes (“La niñez de Cristo” y “Días de conflicto”). En cambio, la Biblia se concentra en su vida adulta, específicamente en los tres años y medio de su ministerio. ¡Qué tres años y medio fueron! El mundo no ha experimentado nada semejante. Sus obras, siempre en favor de otros, y completamente sin caprichos, se presentan como evidencia del amanecer de un nuevo día, el nacimiento del Reino de Dios. El momento del Sermón del Monte terminó, la escena cambió abruptamente, y Jesús se lanzó a atender las necesidades de la gente (ver Mat. 8, 9). Para Jesús no eran solo palabras. Él tenía obras para apoyar las palabras. El Reino de Dios había llegado, y Jesús estaba allí para inaugurarlo.
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