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La iglesia debe crecer en muchas
áreas. Hay algunos que señalan lo necesario de un período de
conservación –aunque esta palabra más parece poner en el
refrigerador (heladera) a los nuevos conversos-. Si usted
tiene esa idea, por favor revise su postura. La iglesia debe
crecer, insistimos. Una iglesia que no crece y se mantiene,
es una iglesia que tiene problemas de salud espiritual. La
iglesia primitiva, crecía y crecía. No tenemos registros de
la cantidad de miembros, tampoco existía un sistema de
traslados de una u otra congregación, las razones son
obvias, no existía la formalidad que tenemos hoy, además las
prioridades tenían un solo objetivo: anunciar a Jesús como
el Mesías que pronto regresaría.
La iglesia primitiva puede
entregarnos enseñanzas de mucha importancia para nuestras
congregaciones. El crecimiento -en todos los sentidos-, no
solo en bautismos, fue tan evidente que necesitaron iniciar
una estructura que fuese eficaz para la atención de la mayor
cantidad de los miembros que crecían en cantidad. Entonces
los apóstoles, que lideraban la iglesia, proponen nombrar
algunos que estuviesen al servicio de un grupo de mujeres
heleno- judías (Hechos 6:1). Se presentan algunas cualidades
de aquellos que participarían de este selecto grupo, de buen
testimonio y llenos del Espíritu Santo (v.3).
Permítame hacer algún comentario al
respecto. Los que participan del liderazgo en la iglesia
deben ser varones o mujeres de buen testimonio y llenos del
Espíritu Santo, esto es importantísimo. No podemos obviar
estas virtudes. Pareciera que nos teñimos de los conceptos
humanos y miramos lo que está por fuera, y lo más probable
es que nos equivocamos. Tener buen testimonio tiene que ver
con vivir la experiencia de la salvación en todos los
aspectos de la vida. Conozco personas que se ofenden porque
no han sido nombrados en el cargo que ellos deseaban y
entonces manifiestan una oposición a los nuevos líderes,
similar a la oposición realizada por Lucifer en el cielo. El
buen testimonio es esencial, no se olvide la iglesia no es
suya ni mía, es de Jesús, Él la compró con su sangre, le
pertenece.
El buen testimonio debe ser
notorio, un buen líder cuida su vocabulario, su mirada, su
expresión, no le da lo mismo lo que piensen los otros, es un
líder, no puede negarse a ello. Un líder no puede hacer oído
a algunos y negarse a otros; no es un enlace para que se
arruinen las relaciones.
También debe ser lleno del Espíritu
Santo. Ser lleno del Espíritu Santo no viene por voto de una
junta. La presencia del Espíritu Santo en la vida del
creyente se complementa todos los días, en una relación
personal e íntima con Jesús, a través de la oración y la
lectura de la Biblia. Los líderes de nuestras
congregaciones, no pueden darse el lujo de estar
desconectados del Espíritu Santo, porque el accionar de un
líder eclesiástico es un accionar con ribetes espirituales,
por lo que tanto los talentos o dones, sin el poder
sobrenatural no sirven. Sobre los dones recordamos que Dios
los entregó a su iglesia, para que éstos fueran en beneficio
de ella y no a personas, que los utilicen para su propio
beneficio (Efesios 4).
En ese contexto entonces la iglesia
primitiva elije a siete diáconos: Esteban, Felipe, Prócoro,
Nicanor, timón, Parmenas y Nicolás (Hechos 6:5).
Felipe. Felipe nos ofrece un
liderazgo de servicio disponible. No vemos a Felipe
condicionando su labor, por el contrario, Felipe demuestra
disposición a servir en lo que la iglesia necesitaba. Este
es un principio importantísimo, tendemos a condicionar los
llamados. Jonás lo hizo, condicionó el llamado y decidió ir
a otro destino. Afortunadamente para Jonás su historia tuvo
un vuelco importante. El liderazgo de Felipe es necesario
para la iglesia de nuestros días. Felipe inició como un
diácono y llegó a ser un gran evangelista, usado por Dios
sorprendentemente. Con esto no queremos dejar la idea que
ser diacono es una labor de menor importancia, por el
contrario, el diaconado, tal como lo presenta el texto
bíblico es un ministerio destacado. Piense lo que significa
que siete varones son elegidos de todo el pueblo para
cumplir una labor que se hacía muy necesaria. Los diáconos
eran hombres destacados en el pueblo. Hoy los diáconos
también son hombres destacados, que cumplen un ministerio de
servicio disponible.
Evangelista. Después del
apedreamiento de Esteban, -otro de los diáconos-, los
creyentes tuvieron que salir de Jerusalén (Hechos 8: 2,4),
Felipe fue hacia Samaria, donde predicó de Cristo. Su labor
fue acompañada de muchos milagros, entre los que se cuentan
sanidades a leprosos y libertad a los azotados por demonios.
El registro señala que hubo gozo en la ciudad, supongo que
ocurrió algo parecido a un reavivamiento (Hechos 8: 5-8), en
este contexto aparece un hombre y una situación que nos
merece más de un comentario.
Simón el mago. Simón era un
mago, que fue sorprendido enormemente por los milagros que
eran realizados por mano de Felipe. Simón se bautizó y
pasaba junto a Felipe siempre (v.13). El primer problema
sobre este tema es la motivación de Simón para bautizarse,
él no lo hizo porque aceptó a Cristo, lo hizo porque estaba
atónito con las señales que veía. En un momento quiso
comprar el poder que estaba en Felipe (v.20), Pedro es quien
lo reconviene y le hace un llamado personal al
arrepentimiento, que es respondido por Simón a una rogativa
a Dios por él (v.24).
¿Cuál debería ser la motivación
para seguir a Jesús? ¿Qué lugar ocupan los milagros?
Permítame compartir una preocupación personal, por favor, no
estoy contra los milagros, muy por el contrario, creo en
ellos. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, cada vez
los creyentes pasan menos tiempo con Jesús, es decir, oran
poco y leen muy poco la Biblia. -aunque debo reconocer que
conozco a muchos que si lo hacen-. El asunto es que aquellos
que no están acostumbrados a compartir con Jesús, son presa
fácil para sorprenderse con los milagros y lo que tenga que
ver con lo sentimental. Simón ofrecía eso, sensaciones. Los
magos nos hacen creer que ocurren cosas, por medio de
ilusionismo. Utilizan las sensaciones. No es poco común el
uso de las sensaciones en la religión. Permítame señalar que
las sensaciones no son un patrón seguro. El patrón más
seguro es el que sale de la Palabra de Dios.
Guiar la vida espiritual, por medio
de sensaciones es peligroso. Hay música religiosa que
hipnotiza y hace que las personas entren en éxtasis. Hay
televangelistas que soplan a las personas estas caen y son
sanadas. Son peligros de un tiempo especial. Dios uso los
milagros para atraer a Cristo y no a las personas. La razón
de los milagros en la iglesia primitiva se debe a que Cristo
había ascendido poco tiempo atrás al cielo y Él en su
ministerio realizó muchos milagros, por lo que la naciente
iglesia cumpliría con la promesa hecha por Él mismo que
cosas mayores a las hechas por Él, realizarían sus
discípulos. Por el contrario todo servicio y adoración que
conduzca la mirada al hombre, no es un servicio bien
encausado.
El peligro de este síndrome es
buscar el poder para atraer las miradas a las personas,
tendemos a ello. Los seres humanos tenemos una atracción a
buscar ejemplos en otros. Pero, en el contexto de nuestras
congregaciones, deberíamos alejarnos de esa opción y mirar
al único que puede ofrecernos algo, que es Jesús.
Felipe y el etíope. Esta es
una experiencia sorprendente. Dios guía a Felipe al
encuentro con un hombre que regresaba de Jerusalén, donde
había ido a adorar, posiblemente no había podido cumplir con
ese propósito, por su condición de gentil (Hechos 8:26;
Deuteronomio 23:1). Se imagina esto, el ángel lo guía por un
camino para tener un encuentro maravilloso. Dios sabía que
en ese carruaje venía un hombre con gran necesidad
espiritual. ¡Cuántas personas hoy están en la misma
condición! Hace unos días participamos del evento ‘Impacto
Esperanza’, durante la tarde nos reunimos en las iglesias
para compartir testimonios de lo ocurrido. Una joven, en una
de esas reuniones, contó que estaba entregando las revistas
frente a un centro comercial, se le acercó un hombre mayor y
le preguntó: ¿Esta es la revista de la esperanza? -sí- le
respondió. Entonces el hombre le dijo: ¡Qué bueno, yo bajé
por ella! Como ese hombre hay muchos que están sedientos por
beber del agua viva, por conocer a Cristo como su Señor y
Salvador. Usted y yo estamos involucrados en esto, somos
responsables del mensaje que hemos abrazado. Al igual que
Felipe y los otros evangelistas y apóstoles, nuestra virtud
es ofrecer un mensaje único. Hay muchas congregaciones
religiosas, todas esperan predicar, pero nuestro mensaje es
el mensaje presente.
El hombre venía tal vez frustrado
por no haber podido adorar, también dice la Biblia que venía
leyendo al profeta Isaías (V.32,33), la enseñanza de Felipe
fue sencilla, pero completa. Inició su estudio desde el
libro de Isaías y suponemos que utilizó otros textos o
explicó a la luz del sistema de ritos del santuario el plan
de salvación y la obra de Cristo. Este estudio tiene dos
elementos indispensables como ejemplo para nosotros hoy. En
primer lugar, Felipe conocía muy bien el tema. Se da cuenta,
para tener una relación con Jesús es necesario conocer su
Palabra. En segundo lugar, el poder sobrenatural del
Espíritu Santo es fundamental. Estos dos elementos deben
fusionarse en nuestro actuar.
La conclusión de este encuentro
contiene una determinación de parte del etíope, el hombre
observa que hay agua y pide el bautismo (v. 36). Felipe
accede y le bautiza. El bautismo viene como un resultado del
trabajo misionero y de la aceptación del creyente a la
influencia del Espíritu Santo. El bautismo es indispensable
en nuestras iglesias, por favor, no se confunda, una cosa es
mirar el crecimiento solo por la cantidad de bautismos y
otra es negarse a los bautismos como una excusa de un relajo
en la movilización misionera.
Felipe arrebatado. Lo que
sucede después, se entiende solo como un milagro. En más de
alguna ocasión me he planteado esta situación, arrebatado
por el Espíritu Santo y trasladado físicamente a otro lugar,
en realidad este traslado fue de unos 20 a 25 kilómetros
desde donde él se encontraba1. Solo Dios puede hacer esto,
El hace milagros sorprendentes. Tiene el poder incluso de ir
contra las leyes físicas.
Felipe, el diacono que tenía el don
del servicio disponible, es un buen ejemplo para nosotros
hoy. Nuestras congregaciones necesitan más de este tipo de
personas, usted y yo estamos involucrados en algo hermoso:
la iglesia de Cristo. El uso de los dones debe ser exclusivo
para el beneficio de la iglesia y no para los individuos. De
esta manera podremos ver milagros sorprendentes en medio
nuestro. El Espíritu Santo, es un don ofrecido por Jesús
para su iglesia, no es una promesa para nuestro futuro, sino
para nuestro presente.
1 Diccionario Bíblico Adventista
(Felipe), 447.
©Pr. Aarón A. Menares Pavez (M,Th)
Distrital Arica Central (M.N.Ch.) |