Gary Krause

 Cuna Cuna Maestro Cuna Inglés Cuna Maestro Inglés Cuna Francés Infantes Infantes Maestro Infantes Inglés Infan Maestro Inglés Primarios Primarios Maestro Primarios Inglés Prim Maestro Inglés Primarios Francés Prim Maestro Francés Menores Menores Maestro Menores Inglés Men Maestro Inglés Menores Francés Men Maestro Francés Intermediarios Inglés Inter Maestro Inglés Jóvenes Jóvenes Inglés Joven Maestro Inglés Jóvenes Portugués Universitarios Univesitarios Inglés Univer Maestro Inglés Misionero Misionero Niños Misionero Italiano Misio Niños Italiano Misionero Inglés Misio Niños Inglés Misionero Francés Programa Adultos Programa PDF Programa Word Sábado 13 Domingo 14 Lunes 15 Martes 16 Miércoles 17 Jueves 18 Viernes 19 Lección PDF Lección Inglés Lección Portugués Lección Francés Maestro Español Maestro PDF Maestro Inglés Maestro Word Gary Krause Complemento PDF Complemento Word Notas de Elena White White PDF White Word Evangelio en Samaria Audio Inglés: Dr Morris Video: Dr D Morris Audio Inglés: SA University Audio Inglés: Pr Batchelor Video: Amazing Facts Audio Inglés: Universitario Video: Universitario Audio Inglés: SPD Audio Inglés: Pine Knoll Audio Inglés: Walla Walla Audio: Diálogo Bíblico Audio: ESN Inglés: Dr J Gallagher Inglés: Pr T Jennings Inglés: TWP Inglés: 1888 Board Inglés: B. Cameron Inglés: Creative Ministry Inglés: L Evans Inglés: M. Fracker Inglés: Walla Walla Inglés: EES Italiano: P. Benini Portugués: B. Cameron Portugués: CPB Portugués: G. Nery Portugués: S. Marks PowerPoint TWP Inglés PowerPoint Junior Teen PowerPoint Portugués Junior Teen PDF PowerPoint Italiano PPT Italiano PDF PowerPoint Fustero Inglés Fustero Inglés PDF PowerPoint Francés Fustero Inglés PDF PowerPoint Fustero Fustero PDF PowerPoint Pr Corrales Pr Corrales PDF PowerPoint Pr Padilla PowerPoint TWP Audio: Pr A Bullón Pr Aarón Menares ESW UNASP Mapa Lección Lic Joel Regalado Ing. D. Jarquín López Pr Santos Corrales Pr Alfredo Padilla


Felipe: Dar lugar a los eunucos

Lección 12

Para el 20 de Septiembre del 2008


 

Una vez hablé a los capellanes de la Base Aérea Scott, en las afueras de St. Louis, Missouri. Después de superar rigurosos controles de seguridad, pregunté dónde serían las reuniones. Encontré la capilla y fui con el auto hasta la playa de estacionamiento. El primer espacio estaba claramente marcado "Discapacitados". Seguí andando.

El segundo espacio también estaba marcado "Discapacitados".

Seguí avanzando.

El tercer espacio también decía "Discapacitados". Seguí avanzando. El cuarto espacio decía "General". ¡General!, pensé. ¡Qué bueno, este debe ser para cualquiera!

De modo que estacioné allí.

Estaba por apagar el motor cuando de repente me golpeó el pensamiento de que, en una base militar, "General" tiene un significado específico e importante. Rápidamente puse marcha atrás, ¡casi oyendo un misil guiado que venía en mi dirección!

¿Se ha sentido usted alguna vez en el lugar equivocado? ¿Algún lugar que no le correspondía? ¿Algún lugar que no le cuadraba? ¿Cómo sabemos dónde quiere Dios que estemos?

En el tiempo en que Felipe y otros seis fueron asignados como diácono s, la iglesia primitiva estaba sufriendo dolores de crecimiento. Los doce apóstoles habían estado dirigiendo el creciente grupo de creyentes, pastoreándolos en su nueva fe. Pasaron momentos maravillosos de armonía “y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. [ ... ] Y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hech. 4:32, 33). “Comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo” (Hech. 2:46, 47).

Pero pronto surgieron dificultades, como siempre parece ocurrir cuando dos o tres seres humanos se reúnen. Rápidamente, los apóstoles se dieron cuenta de que no podían cuidar de la administración necesaria en la iglesia creciente, así que establecieron una segunda línea de liderazgo: los diáconos.

Afrontamos un desafío similar hoy en día. El culto de adoración del sábado puede elevamos a las cumbres de la experiencia espiritual. Pero llega el lunes y hay que limpiar la iglesia, cortar el césped, pagar las cuentas. La iglesia puede ser una comunidad espiritual, pero existe sobre una tierra real donde hay que cuidar asuntos prácticos. Tenemos que equilibrar nuestra misión espiritual con la operación de todos los días.

Hoy todavía ordenamos diáconos para servir a la iglesia. Pero a menudo olvidamos que es un llamamiento espiritual, no sólo es recoger las ofrendas y organizar algún trabajo conjunto en la iglesia. Los diáconos son líderes espirituales que realizan deberes administrativos y pastorales. Mientras estaba realizando esta tarea, Felipe también estaba aprendiendo a ser un evangelista.

Esteban fue uno de los otros siete diáconos ordenados con Felipe. Lucas lo describe como un hombre l/lleno de gracia y de poder (Hech. 6:8). Él murió como el primer mártir cristiano: apedreado por su fe. Ese fue el comienzo de una intensa persecución de la iglesia primitiva, y los creyentes rápidamente se esparcieron alejándose de Jerusalén. Felipe huyó a Samaria, donde Dios le dio los dones de sanidad y del evangelismo. Felipe el diácono, llegó a ser Felipe el evangelista (ver Hech. 21:8). En medio de la terrible persecución, se demostró otra vez la promesa de Pablo: l/y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados 1/ (Rom. 8:28). Aunque Dios no planificó la persecución, que le debe haber dolido mucho, él creó un bien de un mal: el evangelio se difundió por Samaria y otras áreas adonde los creyentes habían huido.

Felipe puede haber sido un predicador maravilloso, pero los milagros fueron su cuña de entrada. Lucas escribe: “y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía” (Hech. 8:6). La gente lo escuchaba porque echaba fuera malos espíritus y sanaba a los paralíticos e inválidos.

No obstante, los milagros tienen sus limitaciones. Unos pocos años antes, Jesús había vacilado en mostrar señales milagrosas (ver, por ejemplo, Mar. 8:12; Luc. 11:29). Por supuesto, él siguió haciendo milagros, pero como una parte esencial de su ministerio total, no para demostrar que él era el Mesías. Él sabía que los milagros son evidencias débiles acerca de Dios. La gente tiene apetito por lo sobrenatural, pero a menudo van corriendo al siguiente mago u obrador de milagros que les parece mejor, sin cambiar nada en sus vidas.

Simón el mago

Felipe se encontró con un popular “obrador de milagros”, Simón el mago, en Samaria. Por medio de su magia y hechicería, Simón había logrado reunir muchos seguidores. Se jactaba de su propia grandeza, y la gente lo idolatraba, diciendo blasfemias: "Este es el gran poder de Dios” (Hech. 8:10). Pero después de presenciar los milagros aun superiores de Felipe, y oyendo su mensaje cautivante, los seguidores de Simón se volvieron a Jesús y fueron bautizados. Sorprendentemente, Simón mismo también creyó y fue bautizado.

Después de su bautismo, Simón continuó siguiendo a Felipe, y quedó deslumbrado por las señales y milagros que hacía (ver verso 13). Simón quedó obsesionado por la fascinación de los milagros, pero su vida no cambió. Su conversión superficial tenía el potencial de socavar seriamente al nuevo grupo de creyentes en Samaria.

Cuando los líderes en Jerusalén oyeron de las cosas maravillosas que Dios estaba haciendo en Samaria, enviaron a Pedro y a Juan, los apóstoles con más experiencia, para hacerles una visita. Después de llegar, se encontraron con el famoso Simón.

Simón observó cómo Pedro y Juan oraron para que los nuevos creyentes recibieran el Espíritu Santo. Se impresionó aún más. Esta podría ser una maravillosa adición nueva a su lista de trucos mágicos. Les ofreció dinero a los apóstoles para conseguir el poder de conceder el Espíritu Santo a la gente (ver los verso 18, 19). Pedro y Juan estaban indignados. "Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero", tronó Pedro (vers. 20).

Escritos cristianos muy antiguos señalan a Simón el mago como un hereje, y uno de los primeros líderes del Gnosticismo, un movimiento espiritual que se ocupaba del "conocimiento secreto". De acuerdo con Elena G. de White, Simón más tarde siguió a Pedro a Roma, "para oponerse y estorbar la obra del evangelio". Allí gozó del favor del emperador Nerón. Cuando Pedro desenmascaró el engaño de Simón, Nerón se enojó y encarceló a Pedro (ver Elena G. de White, Sketches from the Life of Paul, p. 328).

El eunuco etíope

A pesar de sus problemas con Simón, Felipe estaba gozando de mucho éxito en Samaria, cuando repentinamente un ángel le dio una nueva misión. Alguien dijo una vez: "Lo último que un evangelista quiere hacer es irse de la ciudad cuando todos están respondiendo a su llamado". Pero Felipe obedeció de inmediato.

El ángel envió a Felipe al camino que unía Jerusalén con Gaza (unos ochenta kilómetros). En el camino, vio a un eunuco etíope que viajaba a Etiopía, un territorio que corresponde aproximadamente a lo que hoy es Sudán. El eunuco estaba regresando de Jerusalén, hacia donde había viajado probablemente lleno de esperanza con la perspectiva de adorar en el templo.

Ahora en camino a casa, el eunuco estaba leyendo en voz alta del libro de Isaías. Las palabras en los rollos de pergamino no tenían espacios entre ellas ni puntuación; las letras estaban seguidas, hasta los bordes del rollo. La mejor manera de entender lo que uno leía era leer en voz alta, pronunciando cada palabra de esa larga línea de letras.

Impulsado por el Espíritu Santo, Felipe corrió al encuentro del etíope, oyó lo que estaba leyendo, y le preguntó si lo comprendía. "¿Y cómo podré", dijo el eunuco, "si alguno no me enseñare?" (vers. 31). Así que le pidió a Felipe que subiera al carro y le explicara el pasaje que lo tenía intrigado. Felipe no necesitó que lo invitaran dos veces.

En forma providencial, el eunuco estaba leyendo una de las descripciones más hermosas de toda la Biblia, acerca del sacrificio de Jesús. Desde allí Felipe le enseñó al etíope las buenas nuevas acerca de Jesús, exactamente lo que él necesitaba oír.

Sin duda estaba regresando a casa desanimado. Tal vez deprimido. Por dos razones no hubiera sido bienvenido en el templo de Jerusalén: por ser eunuco, y por ser gentil (claramente visible por su piel negra). La tradición judía no permitía que los eunucos entraran en la "congregación de Jehová" (Deut. 23: 1). Y ningún gentil, de ninguna clase, podía entrar al templo a adorar.

Una inscripción en la pared del templo que separaba el Atrio de los gentiles del Atrio de los judíos amenazaba con la muerte a cualquier gentil que se atreviera a cruzar al otro atrio. Eso no era una bienvenida calurosa. El nuevo Museo Imperial en Estambul, Turquía, contiene una piedra inscrita del templo de Herodes en Jerusalén. Descubierta en 1871, dice: "Ningún extraño podrá entrar dentro del muro que está alrededor del santuario. Y cualquiera que sea encontrado allí, sólo podrá culparse a sí mismo por su consiguiente muerte". 1

Cuando Pablo escribió que Jesús estaba "derribando la pared intermedia de separación [entre judíos y gentiles]" (Efe. 2:14), probablemente estaba pensando acerca de los dos atrios en el templo. Ahora Felipe demostró la verdad de las palabras de Pablo al extender el compañerismo cristiano a un eunuco gentil. Fue un día que Dios había estado esperando por mucho tiempo. Ya en el tiempo del profeta Isaías Dios había indicado que los eunucos, así como los extranjeros, serían bienvenidos en la casa de Dios (Isa. 56:3-5).

En las últimas palabras de Jesús a sus discípulos que fueron registradas, les dijo: "Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1:8). Felipe había ayudado a difundir las buenas noticias por toda Samaria. Y ahora, uno que vino de "lo último de la tierra", el primer africano posiblemente el primer gentil- aceptó las buenas nuevas y se unió a la iglesia cristiana.

El eunuco siguió el camino a su casa, en África, el primer misionero a su propia gente. De acuerdo con los primeros padres de la iglesia, este eunuco estableció la iglesia en Etiopía que dio origen a líderes influyentes en la iglesia como Clemente de Alejandría y Orígenes.

Hoy no tenemos reglas en la iglesia que impidan que los eunucos adoren con nosotros. Eso no es un problema. Pero, ¿hay equivalentes a los eunucos que encuentran difícil que les demos la bienvenida a nuestra confraternidad?

Se cuenta la historia de un hombre que llegó a las Puertas de Perla y fue saludado por Pedro.2

_ ¿Realmente puedo entrar? -preguntó el hombre.

-Sí -contestó Pedro- claro que sí. Pero antes que pueda entrar, debe hacer algo más.

-¿Qué cosa? -preguntó el hombre.

-Deletrear una palabra -contestó Pedro.

- ¿Qué palabra?

-Cualquier palabra -respondió Pedro-o Usted la elige.

-Bueno -dijo el hombre-, la palabra que vaya deletrear es amor: A-m-o-r.

-Felicitaciones -dijo Pedro-o Pase

Unos pocos momentos más tarde, Pedro preguntó al ciudadano más reciente del cielo si él sería tan amable de ocupar su lugar en la Puerta por unos pocos minutos. El hombre estaba deleitado en poder ayudar. Pero unos momentos más tarde se sorprendió de ver que llegaba su suegra. El pensamiento de tener que pasar la eternidad con ella, le produjo escalofríos por la espalda.

A través de dientes apretados, la saludó, y ella le preguntó: -¿Llegué realmente al cielo?

-No todavía -contestó él-, primero tiene que deletrear una palabra.

-¿Qué palabra? -preguntó ella.

El hombre pensó un momento largo, y dijo: -Uzbekistán -respondió el hombre.

¿Actuamos nosotros algunas veces como el hombre junto a las puertas del cielo, obstaculizando a la gente que procura entrar? ¿O somos como Felipe, y abrimos nuestros brazos a todas las personas, no importa cuál sea su trasfondo o qué etiqueta llevan alrededor del cuello?

¿Entiendes lo que lees?

Una vez tuve una experiencia inversa a la de Felipe. Yo no le pregunté a alguien acerca de lo ella estaba leyendo; alguien me preguntó a mí qué estaba leyendo. Y no estaba sobre un carro, sino en un avión.

Estaba regresando de Orlando, Florida, a Washington, D. e, y leía mi Biblia. Después de una hora de vuelo, la joven mujer sentada a mi lado de repente me interrumpió y dijo:

- ¿Está leyendo esa cosa directamente, como una novela?

Miré de nuevo mi Biblia abierta, donde estaba tranquilamente navegando por 2 Crónicas.

-Sí, creo que sí -le contesté.

-¿Por qué?

-Porque leo la Biblia completa cada año durante el mes de enero. Es una buena manera de comenzar el año.

Ella luego describió el mal comienzo que había tenido su esposo con el cristianismo gracias a padres fundamentalistas muy estrictos. La crueldad y la hipocresía lo alejaron, y ahora no tenía tiempo para la iglesia.

-Ninguno de los dos somos cristianos -dijo ella.

_y además -añadió haciendo una breve pausa para respirar mi madre se fue y llegó a ser uno de esos adventistas del séptimo día.

Ella había captado mi atención. La escuché atentamente mientras describía a la familia de mi iglesia: "gente muy extraña", "vegetarianos extremos", "de ojos hundidos", "de aspecto anoréxico". Ella sacudió la cabeza y se pasó el dedo alrededor de su oreja.

-¿Sabe cómo los [y nombró otro grupo religioso] siempre vienen a golpear la puerta?

-Sí -le contesté con vacilación.

-Mi madre es la única persona que conozco que hace que ellos quieran irse.

Muchos buenos cristianos oran para tener oportunidades de testificar cuando viajan. Si esta era una oportunidad, me hubiera gustado que hubiera llegado con un paquete más atrayente. Estuve tentado a seguir un camino seguro y decir:

-Sí, ¿qué le parecen esos adventistas? ¿Locos, verdad? -y volver piadosamente a mi lectura de la Biblia.

Generalmente, lo último que quiero en un avión es una conversación larga con la persona que está junto a mí. Especialmente cuando tenemos un vuelo largo, y usted sabe que ella estará pensando todo el camino. "Este hombre pertenece a un puñado de personas raras". Pero me zambullí. Le dije que yo también era adventista del séptimo día, y traté de decido en forma suave.

Durante el resto del vuelo analizamos cosas espirituales con esta mujer joven y su amiga estudiante universitaria, que estaba junto a la ventanilla. Ninguna creía en la Biblia, y ambas tenían una larga lista de preguntas. Cuando llegamos a Washington, sentí que no había logrado mucho. Pero al aterrizar, la amiga de ella me pasó una lapicera y me pidió que le anotara la versión de la Biblia que estaba leyendo. Ella quería mirar la Biblia por sí misma.

Ninguna de ellas me había pedido que la bautizara. Pero tal vez se sembró una semilla. Dios puede no habernos trasportado en forma sobrenatural, como a Felipe, de lugar en lugar para testificar por él. Pero él nos abre avenidas dondequiera estemos ubicados.

Me puse de pie para sacar mi maletín del compartimiento que estaba sobre nuestras cabezas y noté que la espalda de mi camisa estaba totalmente mojada. Había estado traspirando durante las preguntas que me hicieron. No había encontrado fácil tratar de responder a las preguntas, para las cuales no hay respuestas fáciles.

Las historias bíblicas a veces hacen que parezcan fáciles, y la vida de Felipe parece ser de un milagro tras otro. Pero tal vez corrió hasta alcanzar al alto oficial en su carro, aun cuando Felipe pueda haber tenido alguna preocupación. Tal vez estaba nervioso. Yo no sé. Pero me gusta pensar que él también puede haber traspirado un poco.

Ciertamente, no todo fue triunfo. Simón el mago aparentemente había aceptado a Jesús, pero su vida no había cambiado, y él siguió siendo una amenaza para la iglesia. Y tal vez hubo otros momentos en que Felipe testificó y la gente no respondió. Ciertamente esa fue la experiencia de Jesús mismo. Dios nos llama a ser misioneros, pero no nos garantiza el ciento por ciento de éxito.

Es una aventura

No importa lo que suceda, seguir a Jesús siempre es una aventura. Nunca es predecible y sin riesgos. Cada año, en muchos lugares famosos por la guerra civil en los Estados Unidos se representan batallas recordativas. Es asombroso cómo los organizadores y los participantes hacen todo lo posible para que parezcan tan auténticas como sea posible. Investigan cuidadosamente las batallas, planifican bien las formaciones correctas. Visten uniformes auténticos de la unión y de los confederados. Llevan mosquetes y cañones. Todo es muy realista, pero, por supuesto, ningún soldado muere.

Soren Kierkegaard, el filósofo danés, describe una batalla simulada como esas. Dice que se oyen los gritos de la batalla, los disparos de los mosquetes, el trueno de los cañones. Parece una batalla real. Suena como una batalla real. Huele como una batalla real. Excepto por una cosa. Hay algo que falta. No hay peligro. Sólo es simulación.

Así es, dice Kierkegaard, con "jugar al cristianismo". La gente asiste a la iglesia el domingo de mañana con sus mejores ropas. Cumplen con todos los ritos, y se van sin cambio alguno. Se parece al cristianismo. Suena como el cristianismo. Pero una cosa falta. No hay peligro. 3

En el famoso capítulo de la fe en Hebreos leemos acerca de personas que siguieron a Dios y "conquistaron reinos", "hicieron justicia", "taparon bocas de leones", "apagaron fuegos impetuosos", "evitaron filo de espada", "se hicieron fuertes en batallas" (Heb. 11:33,34).

Pero en todo ello había riesgos. El pasaje sigue diciendo que otros fueron "atormentados", otros experimentaron "vituperios y azotes", "prisiones y cárceles". Algunos fueron "apedreados", "aserrados", fueron "muertos a filo de espada", "pobres, angustiados, maltratados". Como dice el escritor: "De los cuales el mundo no era digno" (vers. 35-38).

Felipe vio personalmente el peligro de seguir a Jesús cuando su amigo y compañero diácono, Esteban, fue apedreado. Tal vez en la aventura de su vida con subidas y bajadas hubo momentos en que cuestionó la conducción de Dios y se preguntaba dónde debería ir y qué debía hacer. Pero, en última instancia, Felipe descubrió que cuando iba donde Dios lo enviaba, siempre era el mejor lugar donde estar.


Referencias

  • 1.    Traducción de K. C. Hanson y Douglas E. Oakman.  http://kchanson.com/ANCDOCS/greek/templewarning.html

  • 2.    En caso de que alguien tenga dudas, esta es una parábola que cuenta una historia que nunca ocurrió.

  • 3.    Soren Kierkegaard, traducido por Walter Lowrie, Attack Upon Christendom [Ataque a la cristiandad] (Princeton University Press, 1968), p. 180.


 

Compilador: Dr. Pedro Martínez

 

 

 

 
 

[Acerca de Nosotros]  [Centro Internacional de la Escuela Sabática]  [Ministerios de Iglesia][Ministerio de la Salud] [Ministerio de la Palabra]  [Ministerio Profético] [ Ministerios Apologético] [Ministerios de Música]  [Ministerios Audio-Visual [Centro White MPM]  [Centro de investigación]  [Centro de Noticias MPM] [Historia IASD]  [Iglesias ASD en la Red]  [Escríbenos]  [Conozca a Marissa]  [Conozca al Dr. Martínez]  [Foto-Album  Familia Martínez]   [Home]

 

Usted es el Visitante FastCounter by LinkExchange