
La caída en el pecado

Lección 3

Para el 18 de Octubre del 2008
La rebelión de Lucifer fue contenida en el cielo. No solo pecó contra Dios, se inició en el detestable oficio de archiengañador. "..Se engañó a sí mismo llegando a pensar que el poder de Dios que fluia por él en realidad brotaba de su propia gloria".(1) Convence a muchos de los ángeles que formaban parte del séquito celestial, a que desafiaran el mandato divino. En conjunto con ellos, fragua una intentona golpista contra el gobierno de Dios. El concilio celestial decide que era inevitable expulsarlos del cielo y entregarlos "a las prisiones tenebrosas", (2 Pedro 2:4) guardarlos "bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día". (Judas 6). Desde entonces Lucifer pasa a ser de un maravilloso ángel de luz, a un ser "mentiroso y asesino", la personificación del mal en todas sus manifestaciones. (Juan 8:44).
La gran rebelión se esparce al planeta creado.
Cuando Dios crea el hombre, Lucifer prosigue en su trabajo de desacreditar su ley de amor. Consciente de que al hombre se le ha dado libre albedrío, aprovecha y manipula a Eva. La incita a dudar de la palabra divina, y esa duda de la mujer, ese pequeño desafío, el cual fue convalidado también por Adán, se tornó en maldición para la tierra y todos sus seres vivientes. "Adán no asesinó, no fornicó, no cometió ninguno de los pecados malos y sucios del mundo actual. El pecado que Adán cometió fue simple y puro. El empezó a dudar del amor de Dios".(2)
Dudar de Dios es no creer en su providencia. Precisamente el mismo Jesús habla que uno de los cometidos de su venida al mundo fue a convencer “al mundo de su error”, y ese fatal error es, nos dice textualmente: “…en cuanto al pecado, porque no creen en mí”. (Juan 16:8,9). Desde esa rebelión terrena "el ser humano está marcado por una incapacidad inherente, por la cual no le sería posible acceder al "puro conocimiento de Dios, la regla de la verdadera justicia y los misterios del reino celestial." (3)
La huida y la vergüenza histórica.
Ante la conciencia de su pecaminosidad, el hombre y la mujer huyen de si mismos y de Dios. Se sienten incómodos ante él, y entre ellos mismos. Entonces reconocen la imperiosa necesidad de esconderse, les sobrecoge la vergüenza, y un sentido inevitable de huida. (Gen 3:7). Esa huida y esa vergüenza histórica permanecen todavía enclavadas en la conciencia humana. Martin Heidegger razonaba sobre la sorprendente propiedad del hombre de tender a huir de si mismo, lo cual constituye lo que el llama su "Verfallenheit", su estado de caída.(4) Sartre por otro lado se refiere a esta huida como inútil: Yo huyo para ignorar, pero no puedo ignorar que huyo, y la huida de la angustia no es mas que un modo de tomar conciencia de la angustia". (5)
Cuando Caín asesina a Abel, es condenado a una vida de paria y desarraigo, lo mismo que su descendencia. Ello explica la razón por la cual el hombre se siente peregrino hasta en su lar nativo, como si la propia tierra le fuese adversa. No olvidemos la condena del Génesis: ”Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida, espinos y cardos te producirá y comerás plantas del campo”. (Génesis 3:17-18)
Dios enfrenta el pecado.
“Dios requería que el hombre hiciera una elección de principios. Debía aceptar la voluntad de Dios y someterse a ella, confiando en que le iría bien como resultado; o bien, si por su propia elección hacía lo contrario, cortaría su relación con Dios y, probablemente, llegaría a ser independiente de él. Pero la separación de la Fuente de la vida, inevitablemente sólo podía traer la muerte. (6)
No había otra opción, Dios confronta al hombre y los echa del Edén. Dios hace cumplir el castigo por la desobediencia, como resultado “cada ser humano es un transgresor de la ley, vendido al pecado. A menos que se arrepienta y convierta está bajo las ataduras de la ley, sirviendo a Satanás, cayendo en los engaños del enemigo y llevando testimonio contra los preceptos de Jehová”. (7) .
La herencia del pecado.
Como resultado del pecado, la muerte pasa a ser “el inflexible sarcasmo de la vida”. Los días del hombre son ahora limitados. De aquel ser revestido de inmortalidad, se convierte en uno mortal, perecedero, finito.
Además Adán pierde primacía sobre toda la creación y Satanás ocupa su lugar en potestad y dominio, sojuzgándola, pervirtiendo lo animado e inanimado, desatando el mal de un aquilón a otro.
Cuando Pablo habla de ese indefinido aguijón que le era siempre molesto (2 Corintios 12:7-10), hablaba de uno de los males que el pecado deja como secuela en el hombre post-edénico. “Miserable hombre de mí”, escribía y decía a sus hermanos en fe, lamentándose de su “cuerpo de muerte” (Rom 7:24).
“Miserable” Es probablemente la palabra que mejor define la condición adquirida por el cuerpo, la mente y el corazón del hombre, a consecuencia de la rebelión del pecado. El diccionario Espasa-Calpe define esa palabra como un “estado de dicha e infelicidad”, algo de “escasa cuantía o valor”, o también puede atribuirse de adjetivo calificativo a un ser “malvado y perverso”.
“Cuerpo de muerte” es la paga directa de toda criatura que se aleja de Dios y rechaza su ley. Dicha expresión simboliza la degeneración física y espiritual que acontece en las criaturas esclavizadas por el mal, e incluye: Moralidad espiritual débil (Rom. 7:10), corruptibilidad ilimitada, perversidad, engaño (Jer 17:9), dolor, tragedia, sufrimientos. (Gen 3:16)
El termino del apóstol “cuerpo de muerte” en palabras de Chesterton puede explicarse en que “El hombre actual no ama a su cuerpo, sino que le teme. Probablemente porque la conciencia del cuerpo es anuncio de muerte". (8) Ese anuncio de muerte es de connotación universal e inevitable, y muerte física y eterna, agregamos nosotros.
Es fácil entender la tendencia autodestructiva del hombre en el contexto de la rebelión edénica, y la marcada propensión a cometer “actos pecaminosos contra uno mismo, contra otros y contra Dios”, nos dice el autor de la lección, Ángel Manuel Rodríguez. Esta realidad se hace factible porque “El pecado es la violación de una ley infinitamente importante, la ley designada y adaptada para asegurar el mayor bien posible del universo. Sin obediencia a esta ley no podría haber bienaventuranza ni (siquiera) en el cielo” (9)
La misericordia y el amor de Dios para con el hombre pecador.
Es cierto que el pecado trae desventuranza y aflicciones a todos los hijos de Adán. Es cierto que resulta raro encontrar rasgos de bien en esta civilización en la que nos ha tocado vivir. Pero hay esperanza.
Dios hace un pacto con el hombre, después que este peca. Le ofrece la oportunidad de reivindicarse. Limita el poderío de Satanás en la tierra. Cubre de vestiduras a Adán y Eva para tapar la vergüenza e ignominia que el pecado le acarreó. Comienza a ejecutar un plan de salvación que desde antes de la fundación del planeta había concebido por amor y misericordia. De esta manera en el devenir de la historia referida por el Antiguo Testamento se encontrarán pincelazos prefigurativos del gran acto expiatorio que imputaría y justificaría el yerro humano, y le ofrecería la posibilidad, (la única, vale decir), de redimirlo de la miseria en la que su propio pecado le encadenó.1
Conclusión.
1. Lucifer y un grupo de ángeles pecan y se rebelan contra el designio divino. El concilio celestial decide que era inevitable expulsarlos del cielo y entregarlos "a las prisiones tenebrosas".
2. El pecado cometido por Adán y Eva fue simple y puro: Empezaron a dudar del amor de Dios.
3. La decisión del hombre de separarse de la Fuente de la Vida, inevitablemente sólo podía traer la muerte.
4. Dios hace cumplir el castigo por la desobediencia humana, y como resultado “cada criatura terrenal es un transgresor de la ley, vendido al pecado”, y esclavo de los designios del mal.
5. “Miserable” y “cuerpo de muerte”, son probablemente los términos que mejor definen la condición adquirida por la naturaleza física y el corazón del hombre, a consecuencia de la rebelión del pecado.
6. Es fácil entender la tendencia autodestructiva del hombre en el contexto de la rebelión edénica, nuestra marcada propensión a cometer “actos pecaminosos contra uno mismo, contra otros y contra Dios’.
7. Se pone en acción el plan de Dios para salvar al hombre. De esta manera en el devenir de la historia referida por el Antiguo Testamento se encontrarán pincelazos que prefigurarían el venidero acto expiatorio que permitirían la posibilidad de imputar y justificar ante la santidad de Dios, el fatídico yerro humano
Consulta y fuentes
(1) Herbert R. Stollorz. "El misterio del 17 De Tamuz", pag 432.
(2) Watchman Nee. El Evangelio de Dios. Pag.12
(3) Andrés Monares. Dios y el ser humano en el calvinismo.
(4) Teología para universitarios By Miguel Benzo Mestre, M Benzo, pag. 76.
(5) Ibid pag. 76
(6) CBA pag. 241
(7) En lugares celestiales, p. 146
(8) Teología para universitarios By Miguel Benzo Mestre. Pag 76
(9) Charles G. Finney Amor de Dios por un mundo pecador.
EL licenciado Joel Regalado, a autorizado a Ministerios PM a publicar sus resúmenes de la lección de la Escuela Sabática, en el Centro Internacional para el Estudio de la Escuela Sabática de Ministerios PM
Joel Regalado.
Egresado de la Universidad Adventista Dominicana.
Licenciado en Educación, Concentración en Teología y Lingüística
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