El don profético y la iglesia remanente de Dios

Lección 4

Para el 24 de Enero del 2009


INTRODUCCIÓN

La referencia más temprana de un remanente aparece en el relato del Diluvio. Noé y su familia fueron el remanente en el arca (ver Gen. 7:23). En el tiempo del rey Acab, Elías pensó que él era el único verdadero creyente que había quedado en Israel, pero Dios le aseguró que había un remanente de siete mil que no habían doblado sus rodillas ante Baal (ver 1 Rey. 19:18). Amos escribió que Israel llegaría a su fin como nación, pero que Dios podría tener misericordia y dejar un remanente (ver Amos 5:15). El profeta evangélico Isaías le dio a su hijo el nombre de Sear-jasub, "un remanente volverá" (Isa. 7:3), prediciendo el regreso de un remanente a Dios (ver 10:20-22). Y Jeremías profetizó que Dios reuniría su remanente desde los confines del mundo, escribiría su ley en sus corazones y haría un pacto con ellos (Jer. 31:7,31-34).

El apóstol Pablo se refiere a un remanente en Romanos 11:5. El fiel remanente de los días de Pablo consistía en aquellos que en el pueblo judío aceptaron a Jesús como el Mesías, y que llegaron a ser el núcleo de la iglesia cristiana. En el libro del Apocalipsis, aparece un remanente en las iglesias de Tiatira (2:24) y de Sardis (3:4) y otro en el capítulo 12. El remanente fiel de Dios no siempre fue un remanente visible. En los días de Elías, solo Dios conocía a los fieles en Israel. En forma similar, a lo largo de toda la historia cristiana siempre existió un remanente fiel e invisible, que consistía en personas de diferentes convicciones religiosas. Hoy también hay miembros fieles en todas las iglesias cristianas, incluyendo la Iglesia Católica Romana. Ellos han aceptado a Cristo como su Salvador personal, y son contados como el pueblo de Dios. Por lo tanto, en el tiempo del fin se hace el llamado: "Salid de ella [Babilonia], pueblo mío" (Apoc. 18:4). Muchos del pueblo de Dios están todavía en Babilonia, pero pertenecen a la iglesia invisible de Dios y en el tiempo del fuerte pregón de Apocalipsis 18:4 saldrán y se unirán a la iglesia remanente visible de Dios, descrita en Apocalipsis 12:17.

     I.               EL GRAN CONFLICTO

Apocalipsis 12 presenta el gran conflicto entre Cristo y Satanás en forma de símbolos, y describe su progreso desde el tiempo de Cristo hasta el tiempo del fin.

a.                  En la tierra

Persecución a Jesús y la Iglesia apostólica:

“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol…” Apocalipsis 12:1

“Señal”

Gr. s"méion, "señal", "marca", "prenda", de s"máinÇ, "dar señal", "significar", "indicar",  s"méion se traduce frecuentemente como "milagro" (Hech. 4: 22; 8: 13); describe un milagro como señal de autoridad. En Apoc. 12: 1 s"méion significa una señal que anuncia acontecimientos venideros.

Mujer”

En el AT la verdadera iglesia se simboliza algunas veces por medio de una mujer (Isa. 54: 5-6; Jer. 6: 2). Cuando la iglesia apostató, fue comparada con una mujer corrompida (Jer. 3: 20; Eze. 23: 24). Los mismos símbolos aparecen en el NT (2 Cor 11: 2; Efe. 5: 25-32; Apoc. 17: 1-3).

En Apoc. 12 la mujer representa a la verdadera iglesia. Esta mujer, que está por dar a luz a Cristo (vers. 2, 4-5) y es perseguida después de la ascensión de Cristo (vers. 5, 13-17), representa a la iglesia tanto del AT como del NT. Cf. Hech. 7: 38. 

“Vestida del sol”

La luz puede considerarse como una representación de la gloria de Dios, especialmente como se revela en el Evangelio; la mujer que representa a la iglesia falsa es descrita, por contraste, como ataviada con ropas escandalosas y una copa llena de abominaciones (Apoc. cap. 17: 4).

 “Y estando encinta, clamaba con dolores de parto…” Apocalipsis 12:2

“Encinta”

Se presenta a la iglesia en el tiempo en que estaba por nacer el Mesías. Algunos ven una referencia a Isa. 7: 14. En cuanto a la figura de una mujer en estado de gravidez, ver Isa. 26: 17; 66: 7-8.

“…he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas…” Apocalipsis 12:3

“Dragón escarlata”

Este símbolo o poder se identifica en el vers. 9 como "la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás". Este símbolo representa a Satanás actuando por medio de la Roma pagana, el poder que gobernaba el mundo cuando Jesús nació (cf. CS 491). El dragón se describe de color "escarlata", probablemente porque en toda su relación con la iglesia de Dios aparece como perseguidor y destructor de ella. Su propósito ha sido el de destruir a los hijos del Altísimo.

“y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese” Apocalipsis 12:3

“Su cola arrastraba”

Literalmente "su cola está arrastrando". En la visión Juan vio la acción mientras ésta ocurría

“La tercera parte”

Representa una tercera parte de los ángeles celestiales que se unieron con Satanás en su rebelión y fueron expulsados del cielo (1JT 312; 2JT 103).

“Devorar”

Una representación de los esfuerzos de Satanás para destruir al niño Jesús. Bastaría recordar el proceder de Herodes cuando oyó el mensaje de los magos (Mat. 2:16). Años más tarde la Roma pagana nuevamente se levantó contra el "Príncipe de los príncipes".

Persecución a la Iglesia Cristiana 538 - 1798:

“Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días Apocalipsis 12:6

“Desierto”

Gr. ér"mos, "lugar abandonado, vacío", "lugar deshabitado". Representa un lugar de retiro u oscuridad, una región, paraje en donde la iglesia estaría oculta, lejos de la mirada de los hombres.

“Lugar”

La idea que encierra este pasaje es que la protección y el asilo del desierto que halló la mujer fueron divinamente escogidos y preparados.

“Sustenten”

Gr. tréfÇ, "criar", "nutrir". TrefÇ se traduce "sustentada" en el vers. 14. Dios cuida de los suyos. Aun cuando la iglesia es perseguida y condenada al exilio, el Señor la sostiene.

“1260 Días”

Este período de 1.260 días se menciona siete veces y en tres diferentes maneras en los libros de Daniel y Apocalipsis: 1.260 días (Apoc. 11: 3; 12: 6), 42 meses (Apoc. 11: 2; 13: 5) y 3 1/2 tiempos (Dan. 7: 25; 12:7; Apoc. 12: 14)

“… y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” Daniel 7:25

“Hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo”

La palabra aramea "iddan, que aquí se traduce "tiempo", aparece también en el cap. 4: 16, 23, 25, 32. En estos pasajes la palabra "iddan indudablemente significa "un año". La palabra que se traduce "tiempos", que también proviene de "iddan, era puntuada por los masoretas como plural, pero los eruditos generalmente están de acuerdo en que debiera puntuarse como dual, indicando así "dos tiempos". La palabra que se traduce "medio", pelag puede también traducirse "mitad". Por eso, es más aceptable la traducción de la Versión Moderna: "Un tiempo, y dos tiempos, y la mitad de un tiempo".

Al comparar este pasaje con profecías paralelas que se refieren al mismo período, pero designándolo de otras maneras, podemos calcular el total del tiempo implicado. En Apoc. 12: 14 se denomina a este período "un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo". Un poco antes, en Apoc. 12: 6, se hace referencia al mismo período al decir "mil doscientos sesenta días". En Apoc. 11:2-3 la expresión "mil doscientos sesenta días" equivale a "cuarenta y dos meses". Así queda claro que un período de tres tiempos y medio corresponde con 42 meses, que a su vez son representados como 1.260 días, y que un "tiempo" equivale a 12 meses o 360 días. Este período puede llamarse un año profético. Sin embargo, no debe confundirse un año profético de 360 días ó 12 meses de 30 días cada uno con el año judío, que era un año lunar de extensión variable (tenía meses de 29 y de 30 días), ni con el calendario solar de 365 días. Un año profético significa 360 días proféticos, pero un día profético representa un año solar. 

Esta distinción puede explicarse así: Un año profético de 360 días no es literal sino simbólico. Por eso sus 360 días son proféticos, no literales. Según el principio de día por año, ilustrado en Núm. 14:34 y Eze. 4:6, un día en profecía simbólica representa un año literal. Así un año profético, o "tiempo", simboliza 360 años naturales, literales, y de la misma manera un período de 1.260 ó 2.300 o de cualquier otra cantidad de días proféticos representa la misma cantidad de años literales (es decir, años solares completos, marcados por las estaciones que son controladas por el sol). Aunque el número de días de cada año lunar era variable, el calendario judío se corregía con la adición ocasional de un mes extra, de modo que para los escritores bíblicos -al igual que para nosotros- una larga serie de años siempre era igual al mismo número de años solares naturales.

La validez del principio de día por año ha sido demostrada por el cumplimiento preciso de varias profecías calculadas por este método, en particular la de los 1.260 días y la de las 70 semanas. Un período de tres años y medio contados en forma literal es completamente exiguo para cumplir los requisitos de las profecías de 1.260 días con relación al papado. Pero cuando, de acuerdo con el principio de día por año, el período se extiende a 1.260 años, la profecía tiene un cumplimiento excepcional. 

El período profético del cuerno pequeño comenzó en 538 d. C., cuando los ostrogodos abandonaron el asedio a Roma, y el obispo de Roma, liberado del dominio arriano, quedó libre para ejercer las prerrogativas del decreto de Justiniano del 533, y aumentar de allí en adelante la autoridad de la "Santa Sede". Exactamente 1.260 años más tarde (1798) las espectaculares victorias de los ejércitos de Napoleón en Italia pusieron al papa a merced del gobierno revolucionario francés, quien informó a Bonaparte que la religión romana sería siempre la enemiga irreconciliable de la república, y que "hay una cosa aún más esencial para alcanzar el fin deseado, y eso es destruir, si es posible, el centro de unidad de la iglesia romana, y depende de Ud., que reúne en su persona las más distinguidas cualidades del general y del hábil político, alcanzar esa meta si lo considera factible". En respuesta a esas instrucciones y por orden de Napoleón, el general Berthier entró en Roma con un ejército francés, proclamó que el régimen político del papado había concluido y llevó al papa prisionero a Francia, donde murió en el exilio. El derrocamiento del papado en 1798 marca el pináculo de una larga serie de acontecimientos vinculados con su decadencia progresiva, y también la conclusión del período profético de los 1.260 años.

b.                  En el cielo (flashback con el propósito de unir la línea de pensamiento y acción)

“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles” Apocalipsis 12:7

“Batalla en el cielo”

Presenta ahora brevemente la historia del gran conflicto que hubo en el cielo entre Satanás y Cristo, desde su origen hasta el momento en que Cristo triunfó en la cruz (Apoc. 12: 7-9 cf. Col. 2: 14-15), cuando Satanás fue arrojado definitivamente del cielo a la tierra (Apoc. 12: 10-12), y el desarrollo de ese conflicto en la tierra hasta el tiempo del fin (Apoc. 12: 13-16). Esta breve reseña queda como trasfondo de la extensa descripción del desarrollo del conflicto durante el tiempo del fin, por medio del cual esa lucha finalmente termina con éxito (Apoc. 12: 17 a 20: 15).

“Miguel”

Gr. Mija"l, una transliteración del Heb. mika"el, que significa "¿quién semejante a Dios?" Miguel es mencionado como "uno de los principales príncipes" (Dan. 10: 13), como "el gran príncipe" (Dan. 12: 1), y también como "el arcángel" (Jud. 9). La literatura judía describía a Miguel como el más encumbrado de los ángeles, el verdadero representante de Dios, y lo identificaba como el ángel de Jehová.

Según el Midrash Rabbah, com. Exo. 12:29, Miguel fue el ángel que vindicó a Israel contra las acusaciones de Satanás. Un examen cuidadoso de las referencias bíblicas a Miguel permite concluir que no es otro sino nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo.

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás… fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” Apocalipsis 12:9

“Fue lanzado fuera”

Satanás y sus ángeles fueron expulsados del cielo en las edades pasadas (2 Ped. 2: 4), antes de la creación de este mundo (PP 14-23; cf. PE 145-146; CS 552-554; 3SG 36, 39; 1SP 17-33). Sin embargo, parece que hasta el momento del drama de la cruz podía llegar hasta los seres celestiales, y en un grado limitado, posiblemente como "príncipe de este mundo" (Juan 12:31; Luc. 4:6), pero no como habitante del cielo, podía entrar en los recintos celestiales (DTG 709; cf. HR 26-27. Esta puede ser, sin embargo, la expulsión definitiva que ocurrió en la cruz, como lo declaró nuestro Señor (Juan 12:31-32; cf. PP 54-57; DTG 455, 633,706).

“a la tierra”

El conflicto en el cielo comenzó debido a los planes para la creación del hombre. Cuando la tierra fue creada y entregada a Adán, Satanás se esforzó para hacer que cayera el hombre que acababa de ser creado. Cuando consiguió que Adán y Eva cayeran, reclamó la posesión de la tierra; pero no limitó sus esfuerzos a esta tierra sino que también tentó a los habitantes de otros mundos (PE 290). No será sino hasta la segunda venida de Cristo cuando Satanás será completamente confinado a esta tierra durante mil años.

c.                  En la tierra

Persecución a la Iglesia Cristiana:

“… persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón” Apocalipsis 12:13

La mujer”

Como el dragón no puede atacar ahora directamente al Hijo de Dios, procura herirlo a través de la madre, persiguiendo a la iglesia, la madre del hijo varón.

Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río…” Apocalipsis 12:15

“Agua como un río”

En Sal. 74: 13 y Eze. 29: 3 el dragón es identificado como un animal acuático, y tal vez por eso se usa la figura del agua como símbolo de destrucción. Satanás procuró destruir a la iglesia cristiana con la inundación de falsas doctrinas, además de la persecución (cf. Apoc. 17:15).

Iglesia Crece:

“La tierra ayudó a la mujer”

Algunos sostienen que "tierra" representa regiones donde había pocos habitantes, en contraste con "aguas" que a veces representa "pueblos", "naciones" y "lenguas" (cap. 17: 15). Destacan que en el tiempo de la Reforma había millones de personas en Europa y el Lejano Oriente, pero que el continente norteamericano estaba muy escasamente poblado, e indican que esta región es la "tierra" que proporcionó alivio a la iglesia perseguida en el Viejo Mundo. Puede incluirse también a los países protestantes de Europa occidental que dieron refugio a los perseguidos. Otros señalan la Reforma protestante como el factor principal para destruir el hechizo que ejercía la iglesia apóstata.

   II.               EL REMANENTE

“… se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” Apocalipsis 12:17

“Se llenó de ira”

O "se enfureció". Su fracaso en destruir a la iglesia del desierto intensifica la ira del dragón, y por eso se prepara con gran determinación para hacer guerra contra el pueblo de Dios, específicamente contra "el resto de la descendencia de ella".

“Hacer guerra”

Es, sin duda, un intenso esfuerzo por destruir a la iglesia cristiana

El resto”

Gr. loipós, "lo que queda", de leípÇ "abandonar"; "dejar atrás". Cuando finalmente terminaron los 1.260 años de la supremacía papal y llegó el "tiempo del fin", el tiempo cuando el último mensaje del cielo (cap. 14: 6-12) debía ser proclamado al mundo, Dios levantó el "resto" o "remanente": el que se menciona en Apoc. 12: 17. Este es el "remanente" del dilatado y digno linaje del pueblo escogido de Dios, que ha sobrevivido a los fieros ataques del dragón durante el transcurso de la historia, y más específicamente a través de la oscuridad, la persecución y el error del "tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo", o sea los 1.260 "días" de los vers. 6 y 14. Es el último "remanente" de Dios porque es el heraldo designado para pregonar su última exhortación al mundo para que acepte el don gratuito de la salvación (cap. 14: 6-12).

"El resto de la descendencia de ella" se refiere a la iglesia remanente visible, que puede ser reconocida por dos características específicas: 1) "guardan los mandamientos de Dios" como Dios los dio en el monte Sinaí, incluyendo el mandamiento del sábado; y 2) "tienen el testimonio de Jesucristo", que es el "espíritu de la profecía", o el don profético.

El movimiento adventista guardador del sábado, siempre ha reclamado estas señales de identificación para sí mismo. Proclamamos los Diez Mandamientos, incluyendo el del sábado; y creemos que, como iglesia, tenemos el testimonio de Jesús; manifestado en la vida y la obra de Elena G. de White.

Es una iglesia prevista proféticamente. Dios ha llamado a la existencia a esta iglesia para un propósito muy específico: proclamar los mensajes de los tres ángeles. Sin embargo, los adventistas rechazan enfática y claramente toda idea de que sólo ellos son hijos de Dios y tienen derecho al cielo. Creen que todos los que adoran a Dios con completa sinceridad, es decir, en armonía con toda la voluntad revelada de Dios que ellos entienden, son miembros en potencia de este grupo final -"resto"- mencionado en el cap. 12: 17. Los adventistas creen que su solemne tarea y gozoso privilegio es presentar en forma clara y persuasiva las últimas, cruciales y decisivas verdades divinas para atraer a todos los hijos de Dios a ese grupo, que, según la profecía, se está preparando para el gran día del Señor.

Características:

“Guardan los mandamientos”

El hecho de que el remanente sea identificado de esta manera, indica que los mandamientos de Dios están especialmente en pugna en esta lucha entre el dragón y la iglesia.

“Testimonio de Jesucristo”

En el texto griego esta frase puede entenderse como " testimonio" que los cristianos dan respecto a Jesús, o como el "testimonio" que se origina con Jesús y es revelado a su iglesia por medio de los profetas. Una comparación con el cap. 19: 10 claramente favorece la segunda interpretación. El "testimonio de Jesucristo" se define como "el espíritu de la profecía", lo que significa que Jesús da testimonio o seguridad a la iglesia por medio de las profecías.

La estrecha relación entre el "testimonio de Jesús" y la profecía se demuestra, además, al hacer una comparación entre los cap. 19: 10 y 22: 9. En el cap. 19: 10 el ángel se identifica como un "siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús", y en el cap. 22: 9 como "siervo contigo, y con tus hermanos los profetas". Según la razonable conclusión que estas dos expresiones del ángel son paralelas, entonces los que tienen el testimonio de Jesús pueden ser identificados con los profetas. Puesto que la obra distintiva de los profetas es llevar los mensajes de Jesús al pueblo (ver com. cap. 1: 1), la interpretación de que el testimonio de Jesús se refiere al "testimonio" que él tiene para la iglesia, queda firmemente apoyada. Los Adventistas del Séptimo Día interpretan el pasaje de este modo, y creen que el "resto" (o "remanente") se distinguirá por la manifestación del don de profecía en medio de ellos. Creen que el "testimonio de Jesucristo" es el testimonio de Jesús entre ellos mediante el don profético.

CONCLUSIÓN

El testimonio de Jesús y el espíritu de profecía son una continuación de la revelación propia de Dios dada por medio de los profetas, culminando con Jesús, y transmitida por medio de los apóstoles, los profetas y los mártires de la iglesia temprana. El pueblo de Dios del fin del tiempo preserva y restaura este mensaje profético. Por el poder del Espíritu Santo y por medio de sus palabras y actos, habla en favor de Jesús en los días finales. 


Pastor Alfredo Padilla Chávez

Pastor IASD Puente Piedra “A” - Lima, Perú

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El Pastor Alfredo Padilla , ha autorizado al Dr. Martínez a  publicar en el Centro de Escuela Sabática de Ministerios PM, sus comentarios semanales de la Escuela Sabática

 


 

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