Interpretación de los comentarios de Elena G. de White

Lección 1

Para el 3 de Enero del 2009


 

Introducción

Este trabajo se centra primeramente en los puntos de vista bíblicos del papel de un profeta en relación con Elena G. de White. Examina cómo interpretar responsablemente los comentarios de Elena G. de White sobre la historia de la tierra en general, y sus declaraciones sobre el diluvio en particular. Considera sintéticamente el modelo imago Dei de Elena G. de White en relación a la historia de la tierra, y sus puntos de vista sobre la ortodoxia y el pluralismo. Finalmente, un caso de estudio describe los comentarios hechos por Elena G. de White en relación con el diluvio del Génesis.

El punto de vista bíblico sobre el papel de un profeta

La Iglesia Adventista del Séptimo Día autentica la pretensión de que Elena G. de White recibió el oficio profético sobre la base de varias “pruebas” bíblicas, de las que extraeremos tres.

1. Isaías 8:20. Elena G. de White no contradice el testimonio de los profetas que fueron antes que ella, es decir, los profetas bíblicos. Ella habla de acuerdo con “la ley y el testimonio”. Mediante discursos, escritos y el ejemplo sostuvo la Escritura, nunca desviándose de su sumisión a la Palabra de Dios.

2. 1 Juan 4:1-3. Elena G. de White da testimonio inequívoco de la naturaleza divino-humana de Jesucristo.

3. Mateo 7:15-20. Elena G. de White dedicó su vida a señalar la persona de Jesús, comprometiéndose simultáneamente en los esfuerzos por combatir el sistema de injusticia y ejerciendo un ministerio continuo a favor de los pobres y marginados.

Elena G. de White fue un instrumento para el establecimiento de muchos emprendimientos educativos y de publicaciones. Predijo la expansión del ministerio de salud de la iglesia mediante el desarrollo de sanatorios en el oeste, conocidos hoy como hospitales de atención primaria para casos graves. Elena G. de White también inició el establecimiento del Sanatorio de Loma Linda, en la actualidad la Universidad de Loma Linda. Su prolífica pluma (más de 100.000 páginas manuscritas) incluyeron consejo, amonestación y sabiduría sobre temas tan amplios como la salvación, la salud, el liderazgo, las carreras, las relaciones humanas, la paternidad, la justicia social y la educación. Aunque describió eventos históricos, en particular aquellos eventos que tratan sobre el gran conflicto, no se la considera ni historiadora ni científica.

La doctrina de Pablo de los “dones espirituales” otorga una evidencia poderosa acerca de la actividad profética después de los tiempos del Nuevo Testamento. El profetizar, que incluye el don divino de las revelaciones sobrenaturales y las visiones,[1] está incluido en todas las listas de Pablo de los dones del Espíritu Santo (Efesios 4; 1 Corintios 12; Romanos 12). No hay inferencia alguna de que algún don cesaría, mientras que todos los demás continuarían.

Desde sus inicios, la Iglesia Adventista del Séptimo Día siempre ha sostenido que Elena G. de White fue inspirada de la misma forma y en el mismo grado que los profetas bíblicos.

Aunque sus escritos no son “otra Biblia”, la diferencia consiste en la función y el alcance, no en la autoridad.[2] Aunque Elena G. de White misma considera a la Biblia como la que prueba la fe y la práctica,[3] creía que sus mensajes provenían de Dios “para consolar a su pueblo, y para corregir a los que se apartan de la verdad bíblica”.[4] Rechazó que se trataran sus escritos con un punto de vista a medias, cuando declaró “No hay obra a medias en este asunto.  Los Testimonios son del Espíritu de Dios, o son del diablo”.[5] Tampoco hizo una distinción entre testimonios inspirados y menos inspirados, comentario autorizado y no autorizado.[6]

Los profetas son agentes mediante los cuales Dios escoge revelarse a sí mismo a la humanidad. Sus comunicaciones a los mensajeros proféticos ocurren a menudo mediante visiones.[7] Al igual que los profetas bíblicos, Elena G. de White experimentó fenómenos físicos mientras estaba en visión. Testigos oculares, que incluyeron a varios médicos, informaron que no respiraba mientras estaba en visón, incluso cuando hablaba.[8] Aunque este fenómeno no es crucial como las otras pruebas sobre su autenticidad, impide que se restrinja su ministerio al de un mero beneficio pastoral o devocional. Una “buena persona” no recibiría manifestaciones de espíritus malignos. Por lo tanto, o fue el Señor Jesús resucitado quien realmente le dio mensajes a su pueblo mediante Elena G. de White, como ella pretende,[9] o es una falsa profeta, una mentirosa y no merece siquiera credibilidad devocional.

“Los escritores bíblicos estaban absolutamente seguros que el Dios infinito puede y de hecho se comunica con los seres humanos finitos. Nunca argumentaron que el lenguaje humano era alguna clase de barrera para la comunicación directa de o con Dios. De hecho, frecuentemente Dios es mencionado como la Persona que realmente habla mediante el profeta.

“Por ejemplo, las palabras de Elías en 1 Reyes 21:19 son citadas en 2 Reyes 9:25-26 como el oráculo que ‘Jehová pronunció esta sentencia sobre él’ (RV95). Ni siquiera se menciona a Elías en el pasaje de 2 Reyes. De hecho, esta identificación de las palabras de un profeta con las palabras de Dios es tan fuerte en el Antiguo Testamento que a menudo leemos del hablar de Dios ‘mediante’ un profeta, y la desobediencia a la palabra de un profeta era igual que desobedecer a Dios”.[10]

En realidad, cada libro del Nuevo Testamento (a excepción de Filemón) menciona errores doctrinales mientras defiende la pureza de la fe, la unidad de la iglesia y la exclusión de la doctrina falsa.[11] Parece, entonces, que una función importante de un mensajero del Señor es ayudar a la iglesia, comprometida con el estudio y el debate de la Biblia, en la identificación y la anulación del error de sus enseñanzas corporativas.[12]

En 1855, una comisión de estudio en Battle Creek, informó: “Decir que [los testimonios de Elena G. de White] son de Dios, y que no somos probados mediante ellos, es decir que la voluntad de Dios no es una prueba o norma para los cristianos”.[13]

Aunque la voz de Elena G. de White fue un factor unificador en el adventismo durante las crisis gigantescas del panteísmo, la justificación por la fe y la organización de la iglesia, quizás nunca haya existido un tiempo en la historia de nuestra iglesia cuando la necesidad de un mensaje del Creador haya sido más urgente que en la actualidad. En medio de las presiones sincretistas y multifacéticas que abogan por una alianza con el pluralismo teológico/científico, la voz de Elena G. de White aún puede oírse, llamando a este movimiento a una unidad basada en los principios perdurables de la Palabra de Dios.[14]

 


  1. L. H. Christian, The Fruitage of Spiritual Gifts (Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1947), 9.

  2. Herbert Douglas, Mensajera del Señor (Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana; Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; 2000), 416.

  3. Elena G. de White, Testimonies for the Church [Testimonios para la iglesia], 9 vols. (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1855-1909, 1948), 4:170, 175.

  4. Elena G. de White, Primeros escritos (Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 1882, 1962), 76.

  5. Elena G. de White, Testimonies, 4:230.

  6. Elena G. de White, Carta 92, 3 de julio de 1900, carta a J. H. Kellogg, Coorangbong, Australia.

  7. La Biblia, Números 12:6; Daniel 7:1.

  8. E. Hilliard, “The Reminiscence of Early Days” [Recuerdos de los primeros días], The Advent Review and Sabbath Herald, vol. 109, 15 de diciembre de 1932: 1184-1185. 

    Martha D. Amadon, “Mrs. E. G. White in Vision” [La Sra. Elena G. de White en visión], Note book Leaflets: Misc. Leaflets Nº 2 [Colección de folletos: Folletos Nº 2] (Ellen G. White Estate, Silver Spring, MD).

  9. Elena G. de White, Testimonies, 5:667, 668.

  10. Jo Ann Davidson, “God’s Word: Its Origin and Authority” [La Palabra de Dios: Su origen y autoridad], Ministry Magazine, enero 2003.

  11. James R. Edwards, “Jesus Wasn’t a Pluralist” [Jesús no era pluralista], Christianity Today, 5 de abril 1999:64-67.

  12. La Biblia, Hechos 15:1-2, 27-29; Jer 1:9; 1 Tes 5:19-21.

  13. José Bates, J. H. Waggoner y M. E. Cornell, Review and Herald, 4 de diciembre 1855:79.

  14. “Pero Dios tendrá en la tierra un pueblo que sostendrá la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Ni las opiniones de los sabios, ni las deducciones de la ciencia, ni los credos o decisiones de concilios tan numerosos y discordantes como lo son las iglesias que representan, ni la voz de las mayorías, nada de esto, ni en conjunto ni en parte, debe ser considerado como evidencia en favor o en contra de cualquier punto de fe religiosa. Antes de aceptar cualquier doctrina o precepto debemos cerciorarnos de si los autoriza un categórico ‘Así dice Jehová’”. –Elena G. de White, El conflicto de los siglos, 653.


 

por Cindy Tutsch,

Directora asociada del Patrimonio White


 

 
 

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