Autoridad de la Biblia

Lección 1

Para el 3 de Enero del 2009


 

Los autores de la Biblia incluían pescadores, pastores de ovejas, un médico, un primer ministro, un rey, jóvenes y ancianos, dirigentes militares, filósofos, sacerdotes, músicos y otros. Sin embargo, a través de la inspiración divina, cada uno expresó las palabras de Dios "por­que nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedo 1: 21). Siendo que eran inspirados, sus mensajes y la compilación de sus escritos hacen de la Biblia el libro de Dios, no el de ellos. Era la palabra de Dios en los idiomas de ellos; eran los mensajes de Dios los que surgieron de su pluma. Sorprendentemente, aunque fue escrita por tantas diferentes personas, tiene unidad y armonía y brota de ella autoridad consistente.

Elena G. de White dice que Jesús "enseñó que la Palabra de Dios había de de ser entendida por todos. Señaló las Escrituras como algo de incuestionable autoridad, y nosotros debemos hacer lo mismo. La Biblia ha de ser presentada como la Palabra del Dios infinito, como el fin de toda controversia y el fundamento de toda fe". 1

La paternidad de la Biblia

En la actualidad se pueden encontrar libros compuestos de capí­tulos escritos por diferentes autores. Pero, ¿se ha encontrado usted con un libro escrito por cuarenta diferentes autores que estén ligados por una perfecta unidad? ¿Ha leído alguna vez un libro (aparte de la Biblia) escrito durante un período de mil quinientos años, que todavía sea relevante y no se contradiga a sí mismo? ¿Cómo puede lograr esto la Biblia? Sus autores aseguraban haber recibido sus mensajes de fuentes divinas en vez de expresar sus propias ideas. Los autores bíblicos usaron repetidamente varias frases para describir las fuentes de sus mensajes: "Porque habla Jehová" (Isa. 1: 2). "Así ha dicho Jehová" (Amós 1: 3). "Palabra de Jehová que vino a" (Miqueas 1: 1; Jer. 1: 2). O bien, "Esta es la palabra que me ha mostrado Jehová" (Jer. 38: 21; Eze. 1: 3). Sin duda alguna, Dios es el autor real. La mayoría de los escritores de la Biblia señalaron al Espíritu Santo como Aquel que se comunicó con la gente a través de los profetas y apóstoles.

Si usted consulta una concordancia bíblica, encontrará por lo menos setecientas declaraciones que expresan básicamente la idea de que "el Señor le habló a Moisés", ¡y solamente en los cinco pri­meros libros de la Biblia!

La Biblia no ha tratado directamente de probar la ayuda de Dios en sus escritos. Simplemente lo asume. En más de mil ocasiones, los autores del AntiguoTestamento reconocen al Señor como la autori­dad bajo la cual escribieron (ver Amós 3: 1 y Jos. 1: 1). Los autores del Nuevo Testamento citaron directamente del Antiguo Testamento o aludieron a versos específicos encontrados en el Nuevo Testamento y, como sus predecesores, reconocieron a Dios como su fuente de inspiración (ver Luc. 1: 70, Rom. 4: 3 y Gál. 1: 11, 12). ¡Los profetas bíblicos le dieron el crédito a Dios más de mil trescientas veces por aquello que habían escrito!

Sí, la Biblia es la Palabra de Dios dada según su voluntad a través de los profetas y apóstoles. Y el punto es el siguiente: siendo que no existe autoridad más alta que la de Dios mismo, la Biblia tiene autoridad sobre nuestra vida.

Inspirada por Dios

Pero, ¿cómo recibieron esos profetas sus mensajes? Segunda de Timoteo 3: 16 responde tal pregunta: "Toda la Escritura es inspirada por Dios". El término griego theopneustos significa aquí literalmente "soplada por Dios", indicando que la Escritura tuvo su origen en Dios. Fue Dios quien impulsó a sus mensajeros, profetas y apóstoles a comprender y luego comunicar aquello que les reveló. Es interesante señalar que fue a través del soplo de Dios que él creó a los seres humanos (Gén. 2: 7) y que fue también a través de su divino soplo que el universo vino a la existencia (Sal. 33: 6). El poder de este mis­mo soplo o aliento creador trajo también a la existencia las Escrituras.

Independientemente del método utilizado por el Espíritu Santo para comunicar sus mensajes (sueños, visiones, palabra hablada, ete.), es importante comprender que los escritores de la Biblia no eran simplemente máquinas de escribir automáticas. Dios no los utilizó como teclas en una máquina de escribir para producir sus mensajes. Los profetas mismos tuvieron el derecho de expresar en sus propias palabras las cosas que Dios les dijo. De esta manera, la Biblia no es el producto de un simple dictado automático. Cada profeta eligió las palabras e imágenes culturalmente apropiadas a fin de que los hombres y mujeres de su época pudieran comprender el mensaje divino. Cada autor utilizó su propio estilo individual de escribir. Elena G. de White comenta lo siguiente: "Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma".2

Los profetas hablaron conscientemente como voceros de Dios.  "El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua" (2 Sam. 23: 2). La Biblia dice en Jeremías 1: 9: "y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca". Amós 3: 8 anuncia: "Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?" Tales individuos no estaban hablando por iniciativa propia. Fortalecidos por Dios, se encontraban bajo la guía del Espíritu Santo en cualquier cosa que dijeran o escribieran. Note algunas de las formas como la Escritura se refiere a sí misma:

Libro de Jehová

Isaías 34: 16

Evangelio de Dios

Romanos 1: 1

Palabra de Dios

Romanos 3: 2

Buena palabra de Dios

Hebreos 6: 53

Palabra de Cristo

Colosenses 3: 16

 

Benjamín Warfield, en su libro Revelatian and inspiratian [Revela­ción e inspiración], comenta: "Se declara aquí, que los hombres que hablaron en el nombre de Dios fueron, por lo tanto, arrebatados por el Espíritu Santo y llevados por su poder a cumplir lo propuesto por Dios. Las cosas que hablaron bajo esta operación del Espíritu fueron por tanto las cosas de Dios, no las de ellos. Esta es la razón por la cual la palabra profética es tan segura. Aunque hablada a través del instrumento humano, es inmediatamente, por virtud del hecho de que esos hombres hablaron como 'nacidos del Espíritu', una pala­bra divina".3

Elena G. de White apoya lo anterior. Dijo lo siguiente: "Los pa­triarcas, profetas y apóstoles, hablaron según fueron impulsados por el Espíritu Santo, y declararon abiertamente que no hablaron según su poder, ni a nombre propio. Estaban llenos de celo por el honor de Dios, a quien pertenece toda alabanza. Declararon que su habilidad y los mensajes dados por ellos, les fueron dados en su calidad de delegados del poder de Dios. Dios era la autoridad y su suficiencia".4

Opinión de Jesús con respecto a las Escrituras

Jesús tenía la misma opinión elevada acerca de la Biblia. Ya fuera que estuviese hablando con Satanás, los fariseos o saduceos, utilizó consistentemente las Escrituras como autoridad para reprender o refutar. Note en la columna lateral las referencias citadas por Jesús a asuntos del Antiguo Testamento, las cuales muestran su familiaridad con este y su aceptación del mismo como la Palabra de Dios plena de autoridad.

  1. Abel (Luc. 11: 51)

  2. Noé (Mat. 24: 37-39; Luc. 17: 26, 27).

  3. Abraham (Juan 8: 56)

  4. La práctica de la circuncisión (Juan 7: 22)

  5. y Gomorra (Mat.1 O: 15; 11: 23, 24; Luc. 10: 12)

  6. Lot (Luc. 17: 28-32)

  7. Isaac y Jacob (Mat. 8: 11)

  8. Maná (Juan 6: 31, 49, 58)

  9. La serpiente en el desierto (Juan 3: 14)

Jesús hizo también repetidas alu­siones a Moisés como el dador de la ley (Mat. 8: 4; 19: 8: Mar. 1: 44; 7: 10; 10: 4; 12: 26; Luc. 5: 14; 20: 37; Juan 5: 46; 7: 19). También mencionó frecuentemente los sufrimientos de los profetas (Mat. 5: 12; 13: 57; 21: 34-36; 23: 29-37; Mar. 6: 4; 12: 2-5; Luc. 6: 23; 11: 47-51; 13: 34; 20: 10-12) y manifestó su creencia en la historia de la creación (Mat. 19: 4, 5; Mar. 10: 6-8).

  • David tomando el pan de la proposición (Mat. 12: 3, 4; Mar. 23: 25, 26; Luc. 6: 3, 4).

  • David como autor de los Salmos (Mat. 22: 43; Mar. 12: 36; Luc. 20: 42).

  • Salomón (Mat. 6: 29; 12: 42; Luc. 11:31;12:27).

  • Elías (Luc. 4: 25, 26)

  • Eliseo (Luc. 4: 27)

  • Jonás (Mat. 12: 39-41; Luc. 11: 29,30,32)

  • Zacarías (Luc. 11: 51)

Cada país organizado del mun­do puede referirse a su constitución como la autoridad final en cuestiones legales. El documento sirve como el "compás" de la nación. Mientras los ciudadanos sigan y respeten sus principios, pueden vivir en paz. Jesús les atribuyó a los escritos del Antiguo Testamento la misma autoridad de una constitución y enseñó a la gente a vivir de acuerdo a sus principios. Por supuesto, en el centro de esta "constitución" se encuentran los Diez Mandamientos, y Jesús reprendió a las personas que no obedecían la ley divina. Regañó a los escribas y fariseos y le dijo a la gente: "Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen" (Mat. 23: 2). Al contestar una pregunta que le hicieron los saduceos, dijo: "Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mat. 22: 29).

Nuevamente, cuando un doctor de la ley le preguntó cuál era el mandamiento más grande, Jesús apoyó la autoridad de las Escrituras citando dos versículos del Antiguo Testamento que instan a las personas a amar al Señor con todo su corazón y a su prójimo como a ellas mismas (Deut. 6: 5; Lev. 19: 18). Los resumió diciendo: "De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mat. 22: 37-40).

Póngase usted en el lugar de Jesús cuando el diablo vino a ten­tado. ¿Cómo habría respondido usted? Jesús utilizó las Escrituras, diciendo: "Escrito está". En el original griego dice realmente "Permanece en pie escrito", mostrando con ello que Jesús consideraba las palabras de la Biblia como equivalentes a un "dice Jehová". Jesús reconoció a Moisés, David, Isaías y otros escritores de la Biblia como inspirados con mensajes dados por el Espíritu Santo (Mar. 7: 6, 10 Y 12: 36).

Mientras se encontraba sentado enseñando el Sermón del Monte, Jesús mostró su aceptación de las Escrituras como la autoridad final, al decir: "Ni una jota ni una tilde pasará de la ley" (Mat. 5: 18). Utilizó la historia de la Creación para apoyar el matrimonio (Gén. 2: 24), citado en Mat. 19: 5). ¿Qué Escrituras piensa usted que empleó al hablar con los dos viajeros en el camino a Emaús y más tarde con los discípulos? Sabemos que utilizó a Moisés y a los profetas cuando "les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían" (Luc. 24: 27 y 44-47).

Podemos observar que a través de su vida, Jesús promovió, exal­tó, interpretó las Escrituras y habló a partir de ellas. Como declara en forma apropiada Hans LaRondelle:

"Jesús es el verdadero Intérprete de las Santas Escrituras. Su mensaje es la clave para descubrir el significado correcto del Antiguo Testamento ... La aplicación que Cristo hizo de las Escrituras de Israel, es nuestro modelo de interpretación bíblica. Nuestro principio guiador está basado sobre la convicción de que la actividad redento­ra de Dios en la historia de Israel, alcanzó su cumplimiento en Cristo ".5

Los apóstoles y las Escrituras

Todos los apóstoles creyeron en la Biblia y citaron ampliamente de la única Biblia que tenían. Compare las siguientes tres columnas a fin de recordar cómo apoyaron ellos las Escrituras.

 

Declaración de los apóstoles

Texto del NT

Texto del AT

Amonestación para los ricos

Santiago 1: 11

Isaías 40: 6, 7; Salmos 103: 15

Un cordero sin tacha

1 Pedro 1: 19

Éxodo 12: 5

Naturaleza pecaminosa del hombre

Romanos 3: 10-12

Salmos 14:1-3

Creación del universo

Juan 1: 3

Génesis 1; Colosenses 1: 17

Creación de Adán y Eva

1 Timoteo 2: 13,14

Génesis 1 y 2

Tentación de Eva

1 Timoteo 2: 14

Génesis 3

Desobediencia, pecado de Adán

Romanos 5: 12

Génesis 3; 1 Corintios 15: 22

Sacrificios de Caín y Abel

Hebreos 11: 4

Génesis 4

Caín asesina a Abel

1 Juan 3: 12

Génesis 4

Enoc es trasladado al cielo

Hebreos 11: 5

Génesis 5

El matrimonio antes del diluvio

Lucas 17: 27

Génesis 6

Llamado de Abraham

Lucas 3: 34

Génesis 12 y 13

Justificación de Abraham

Romanos 4: 3

Génesis 15

Milagros de Elías

Santiago 5: 17

1 Reyes 17; 18

Por supuesto, la anterior es simplemente una lista representativa del uso que los escritores del Nuevo Testamento hicieron del Antiguo Testamento. Solamente en el libro de Romanos, el apóstol Pablo cita el Antiguo Testamento en forma directa más de cuarenta veces. De la misma manera, Pedro, Santiago y Juan citan en forma amplia las Escrituras hebreas. El libro de Apocalipsis está lleno de referencias al Antiguo Testamento.

Unidad sobrenatural

En vez de ser un libro sobrenatural, la Biblia es una biblioteca compuesta de sesenta y seis obras individuales. Ya hemos señalado los muchos diferentes tipos de personas que las escribieron. Fueron personas que vivieron en países diferentes y en tres continentes (África, Asia y Europa) y que vivieron en algún momento dentro de un período de aproximadamente mil seiscientos años. Sin embargo, todas ellas hablaron acerca del mismo Dios que ama intensamente. Aunque los autores de la Biblia procedían de tan diversos trasfondos y lugares, hay en sus escritos una unidad de propósito que surge a través del desarrollo de una sola historia: el amor de Dios que sale en busca del ser humano y su plan para rescatado.

"La unidad es una de las características más claramente reconocibles de la Escrituras. Hay una unidad de Propósito en la historia del plan de salvación. Hay unidad en su tema: Jesucristo, su cruz y su corona. Hay una completa armonía entre las doctrinas del Antiguo Testamento y las del Nuevo Testamento. Hay una unidad de desarrollo: una progresión constante desde la creación hasta la caída y desde la redención hasta la restauración final. Hay unidad en la coordinación de las profecías. ¿ Cómo puede explicarse lo anterior? Solamente es posible porque el mismo Espíritu que habló a través de Moisés habló también por medio de Juan el revelador dieciséis siglos más tarde. En todos los siglos intermedios, el mismo Espíritu testificó acerca del mismo Dios-Padre, del mismo Mesías y del mismo plan para la humanidad". 6

Note usted la forma como el Nuevo Testamento amplía varios temas del Antiguo Testamento:

·            En el Sermón del Monte se explican claramente los Diez Mandamientos

·            Las profecías de Isaías se cumplen en las narraciones de los Evangelios

·            El libro de Levítico se entiende con más claridad al estudiar la Epístola a los Hebreos

·            La Pascua prefiguraba la Cena del Señor

·            El libro de Génesis habla de la primera creación, mientras que el Apocalipsis predice la nueva creación

Cuán asombroso es encontrar un libro con tal unidad y que a la vez proceda de tanta variedad de autores y lugares. Y lo más increíble es el hecho de que" durante los veinticinco primeros siglos de la historia humana no hubo revelación escrita. Los que eran enseñados por Dios comunicaban sus conocimientos a otros, y estos conocimientos eran así legados de padres a hijos a través de varias generaciones. La redacción de la palabra escrita empezó en tiempos de Moisés. Los conocimientos inspirados fueron entonces compilados en un libro inspirado. Esa labor continuó durante el largo período de dieciséis siglos, desde Moisés, el legislador e historiador de la creación, hasta Juan, el narrador de las verdades más sublimes del Evangelio". 7

Resumen

Hay evidencias arrolladoras de que hay un solo Autor verdadero de la Biblia obrando a través de muchas personas para proclamar su mensaje de amor, su búsqueda de sus hijos perdidos y su intención de nunca rendirse. Podemos confiar en toda la Biblia inspirada como la infalible y única Palabra de Dios, plena de autoridad.


Referencias y Notas

  1. Palabras de vida del gran Maestro, pp. 21, 22.

  2. Mensajes selectos, tomo 1, p. 24.

  3.  Benjamin Warfield, Revelation and Inspiration [Revelación e inspiración], (Nueva York: Oxford University Press, 1927), p. 83.

  4. Review and Herald, 7 de enero de 1890.

  5. Hans LaRondelle, Las profecías del fin (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, (1999), p. 14.

  6. T. H. Jemison, Christian Beliefs [Creencias cristianas] (Pacific Press Publishing Association, 1959), p. 17.

  7. conflicto de los siglos (Introducción, p. 7) .
     

Compilador: Dr. Pedro Martínez


 

 
 

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