Se puede confiar en la Biblia

Lección 1

Para el 3 de Enero del 2009


 

Me llamó mucho la atención el anuncio a todo color y a toda página del número del 26 de mayo de 2006 de la revista Time. Decía lo siguiente en letras mayúsculas de color rojo sobre fondo negro: "La película número uno en todo el mundo". Y en una segunda línea, aproximadamente a unos dos centímetros más abajo, en letras blancas sobre el mismo fondo negro anterior, la pregunta: "¿Qué cree usted?" El anuncio incluía también una lista de todos los lugares en la ciudad de Nueva York donde se exhibiría la película El código Da Vinci.

Probablemente de la misma importancia que la pregunta "¿qué cree usted?", es esta otra "¿por qué cree usted lo que cree?"

Muchos cristianos se retorcían las manos de angustia al considerar las falsedades presentadas como hechos en la obra de ficción de Dan Brown, El código Da Vinci, en la cual se basa la película del mismo nombre. Tristemente, son muchos los que han aceptado la versión de Hollywood de las Escrituras y la historia, y han rechazado el cristianismo.

En airada protesta contra las falsedades presentadas por Dan Brown, muchos eruditos, de muchas diferentes disciplinas, se unieron para proporcionar evidencias históricas que contradicen los supuestos hechos presentados en el libro y en la pantalla.

¿Qué razón tienen, entonces, los cristianos para creer en la Biblia? Gracias a Dios, tenemos tanto evidencia interna como externa que apoya nuestra creencia en las Escrituras. Este capítulo analizará ambas evidencias. El capítulo siguiente considerará muchas otras evidencias externas.

Tal vez debemos definir primero las dos expresiones: "evidencia interna" y "evidencia externa". Hace poco, el conductor de un programa radial citó el testimonio de un oficial del ejército, quien dijo que el Presidente George W. Bush es "el hombre más obstinado que jamás haya conocido". Esa es una evidencia externa, porque el oficial del ejército está fuera de la familia inmediata del presidente. Pero supongamos que Laura, la esposa del presidente, declarara: "Mi esposo es el hombre más obstinado que jamás haya conocido". Esa sería evidencia "interna", porque ella es parte de la familia inmediata del presidente.

La evidencia externa incluye elementos como la historia, la arqueología y documentos escritos por escritores no bíblicos, o bien, el testimonio de una persona moderna con respecto al poder de las Escrituras en su vida. Esos testimonios relacionados con la confiabilidad de las Escrituras están "fuera" de la Biblia. Es la razón por la cual los llamamos "evidencia externa".

Por otra parte, cuando citamos algo de las propias Escrituras para apoyar su confiabilidad (como, por ejemplo, la declaración paulina de que "toda la Escritura es inspirada por Dios"), estamos usando "evidencia interna", porque la Biblia está dando testimonio de sí misma.

Algunas veces se acusa a los cristianos de usar razonamiento circular cuando presentan evidencia interna para justificar su fe en la Biblia. El razonamiento es circular cuando la premisa y la prueba para comprobar la premisa son una y la misma cosa. Por ejemplo, se practica un razonamiento circular al decir: El helado es mi postre favorito porque me gusta" La premisa (el helado es mi postre favorito) y la prueba que sostiene la premisa (porque me gusta) son la misma cosa. Los cristianos utilizan un razonamiento circular cuando dicen: "La Biblia es inspirada porque así lo dice ella misma".

Es importante entender que este tipo de razonamiento tiene su lugar. Está bien decir: "Me gusta el helado simplemente porque me gusta". Yo soy mi evidencia más grande en relación con mis preferencias. Y es correcto que los cristianos digan: "La Biblia es inspirada porque así lo dice ella misma". Esa es evidencia interna, y es apropiado usar evidencia interna en ciertas situaciones.

En este capítulo vamos a examinar tanto la evidencia externa como la interna con respecto a la confiabilidad de la Biblia. Comenzaremos con el Antiguo Testamento y luego veremos el Nuevo Testamento.

Un Antiguo Testamento confiable

Muchos eruditos bíblicos tienden a analizar las Escrituras como analizan cualquier otra obra literaria. Aunque esto tiene su lugar, es muy fácil que en el proceso se considere a la Biblia simplemente como cualquier otro documento antiguo. Como cristianos creemos que la Biblia es más que simplemente una obra literaria. Dios la inspiró. ¿Qué evidencias internas y externas existen que nos induzcan a aceptar el Antiguo Testamento como palabra de Dios y no simplemente como producto de la sabiduría humana?

Evidencia interna. El Antiguo Testamento testifica de su inspiración divina. Uno de los ejemplos más conocidos es Isaías 8: 20. El profeta escribió: "¡A la ley y al testimonio! ¡Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido!"

Muchas veces los escritores de la Biblia dijeron que proclamaban la palabra de Dios:

  •          Moisés le dijo a faraón: "Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva" (Éxo. 8: 20).

  •          "Palabra de Jehová que vino a Joel" (Joel 1: 1).

  •          "Vino palabra de Jehová al profeta Zacarías" (Zac. 1: 1).

Los profetas del Antiguo Testamento insistieron en que lo que decían era confiable porque expresaban las palabras que habían recibido de Dios. Moisés afirmó que Dios le había dado los Diez Mandamientos. Jeremías reconoció lo siguiente: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí, y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón" (Jer. 15: 16). Incluso Balaam, quien se rebeló contra Dios, admitió que solamente podía hablar "la palabra que Dios pusiere en mi boca (Núm. 22: 38). Y Pablo, al referirse al Antiguo Testamento, dijo: "Toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim. 3: 16), pues fue a través del Antiguo Testamento que él y los otros apóstoles demostraron que Jesús era el Mesías.

Evidencia externa. Tenemos abundante evidencia externa con respecto a la confiabilidad del Antiguo Testamento. Una excelente línea de evidencia son los mismos antiguos manuscritos de la Biblia. El estudio de tales manuscritos, llamado "crítica textual", es una parte importante de la evidencia externa. La crítica textual compara los muchos manuscritos disponibles para determinar, con la mayor exactitud posible, qué debieron decir los manuscritos originales, o sea, los que fueron escritos por los escritores bíblicos mismos.

Durante muchos años no tuvimos copias completas del Antiguo Testamento hebreo que fueran anteriores al año 900 d.C. Los eruditos se referían a ellas como el "texto masorético", porque eran el producto de una clase especial de escribas cuyo único deber era preservar y transmitir las Escrituras con perfecta fidelidad. Ellos utilizaban técnicas especiales conocidas como "masora" a fin de preservar la exactitud y autenticidad de las Escrituras. Entre otras cosas, contaron cada letra, sílaba, palabra y párrafo. De esta manera salvaguardaron las Escrituras como ninguno de los otros manuscritos antiguos ha sido jamás preservado. "¿Quién contó alguna vez las letras, sílabas y palabras de Platón, Aristóteles, Cicerón o Séneca?"l

¿Qué se puede decir de la exactitud y autenticidad del Antiguo Testamento en tiempos anteriores al texto masorético? En ciertos períodos, la historia de los judíos fue muy turbulenta, lo que hace a los eruditos modernos preguntarse cuán cuidadosos fueron los escribas durante esas épocas tan agitadas. Después de miles de años de historia, ¿podemos todavía creer en la exactitud del Antiguo Testamento?

Los rollos del Mar Muerto. Durante la primavera de 1947, ciertos beduinos, pastores de cabras, buscando entre los riscos de la cordillera que rodea al Mar Muerto una cabra que se había extraviado (o tal vez tesoros, dependiendo de quién cuente la historia), descubrieron una cueva que contenía jarrones de arcilla llenos de manuscritos. El hallazgo causó una gran sensación, la que continúa hasta la fecha, fascinando a la comunidad erudita y al público en general.

Los primeros descubrimientos llamaron la atención de los eruditos en 1948, cuando algunos beduinos le vendieron siete de los rollos a Jalil Eskander Shahin, comerciante de antigüedades, conocido popularmente como "Kando". "Él, a su vez, le vendió tres de los rollos a [ ... ] la Universidad Hebrea y cuatro al [ ... ] monasterio sirio ortodoxo de San Marcos, quien [ ... ] a su vez [los] llevó a la Escuela Americana de Investigación Oriental, donde llamaron la atención de los eruditos americanos y europeos".2

El descubrimiento incluía algunos de los manuscritos más antiguos hasta entonces conocidos del libro completo de Isaías y fragmentos de casi cada libro del Antiguo Testamento. Se encontraron también los libros de Samuel en una copia hecha jirones, juntamente con dos capítulos completos del libro de Habacuc. Al referirse a la notable importancia de los rollos, el Profesor B. K. Waltke, dijo: "La presencia de un tipo de texto entre los Rollos del Mar Muerto (c. 200 a.c. a 100 d.C.) idéntico al preservado por los masoretas, cuyo manuscrito más antiguo data del año 900 a.c., da testimonio del increíble logro de algunos escribas en la preservación fiel del texto. Por supuesto, este texto tuvo que haber existido antes del tiempo de los Rollos del Mar Muerto, y sus muchas formas arcaicas, en contraste con otros tipos de textos, dan una sólida razón para creer que fue transmitido dentro de un círculo de escribas dedicados a la preservación del texto original".3

¿Cómo confirman los Rollos del Mar Muerto la fiabilidad del Antiguo Testamento? Harris Laird señala que "al comparar los Rollos del Mar Muerto con el texto masorético de Isaías 38-66 y con el que nosotros tenemos, los eruditos encontraron que el texto es extremadamente parecido. Solamente diecisiete letras difieren del texto masorético. Diez de ellas son simples diferencias ortográficas o tipográficas, como nuestro 'honor; y 'honor', y no representan ningún cambio en el significado. Cuatro más representan diferencias menores, como la presencia de una conjunción, lo cual es, con frecuencia, una cuestión de estilo. Las otras tres letras son el término hebreo para 'luz', que se han añadido después de 'ellos verán' en el versículo 11. De entre todas las ciento sesenta y seis palabras de este capítulo, solo esta palabra está en entredicho, pero en realidad no cambia el sentido del pasaje. Esto es típico de todo el manuscrito' 4

La Septuaginta y el Pentateuco Samaritano. Otros dos antiguos testigos pueden dar testimonio de la precisión de los copistas que nos entregaron el texto masorético. Uno es la traducción al griego del Antiguo Testamento, llamada la Septuaginta (abreviada frecuentemente como LXX), y el otro es un texto preservado por la antigua secta samaritana, llamado el Pentateuco Samaritano. Estos tres principales tipos de texto (Masorético, Septuaginta y Samaritano) todos los cuales existían en el año 200 a.c., difieren tan poco entre ellos, que queda confirmada la fiel y cuidadosa obra de los primeros copistas, Laird sigue diciendo: "Ciertamente, sería un escepticismo muy irreflexivo el que negara que ahora tenemos un Antiguo Testamento muy cercano al usado por Esdras cuando les enseñó la Ley a aquellos que habían retornado de la cautividad babilónica".6

Los Rollos del Mar Muerto, la Septuaginta, el Pentateuco samaritano y los manuscritos masoréticos, constituyen, en conjunto, una sólida evidencia externa de que el Antiguo Testamento es confiable.

Un Nuevo Testamento confiable

Ya hemos citado la declaración de Pablo: "Toda la Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim. 3:16). Sin embargo, tenemos una gran cantidad de evidencia adicional.

Evidencia interna. Pedro hizo una de las declaraciones más audaces con respecto a la inspiración de la Biblia. Declaró: "Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedo 1: 20, 21). Pedro también les aseguró a sus lectores que "no hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad" (vers. 16).

Juan expresó un pensamiento similar: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida" (1 Juan 1: 1). Y en el libro de Apocalipsis añade: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto" (Apoc. 1: 1, 2).

Pablo afirmó haber recibido sus enseñanzas a través de la revelación de Dios (ver Gál. 1: 11, 12). Y Jesús mismo aseguró que habló las palabras que Dios le había dado. "Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras" (Juan 14: 10).

Podemos encontrar más evidencia interna en Lucas, quien declaró: "Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden" (1: 1-3).

Imagine que usted es uno de los discípulos que trabajó con Jesús durante todo su ministerio y al fin lo vio crucificado. ¡Luego imagine el gozo inexpresable que experimentaría al saber que estaba vivo! La resurrección de Cristo es uno de los testimonios más poderosos de la veracidad de las Escrituras. Once testigos presénciales escribieron independientemente al respecto, corroborando así mutuamente su testimonio. Durante cuarenta o sesenta años soportaron la persecución por causa de sus declaraciones de que Cristo había resucitado de los muertos; sin embargo, nunca lo negaron. Los seres humanos renunciamos muy fácilmente a nuestra fe con tal de salvar nuestra vida. Nadie podría convencemos de que el cobarde Pedro o el incrédulo de Tomás, o cualquiera otro de los apóstoles de Cristo, habrían sostenido una mentira durante tantos años y estado dispuestos a sufrir y morir por ella. ¡Su historia tiene que ser verdad! Realmente vieron vivo a Jesús después de su muerte por crucifixión.

¿Qué les sucedió a los once discípulos? La Biblia y la tradición nos dicen lo que algunos de ellos experimentaron. Pedro, Andrés, Jacobo (el hijo de Alfeo), Felipe y Bartolomé, fueron crucificados. Mateo y Jacobo (hijo de Zebedeo) murieron a espada. La tradición afirma que Tadeo murió asaeteado y Tomás alanceado. Solamente Juan falleció de muerte natural, aislado en la Isla de Patmos. Esteban, aunque no fue uno de los doce apóstoles de Jesús, murió apedreado. Todos ellos estuvieron dispuestos a sufrir, ser perseguidos y aun a morir, no a causa de una mentira, sino porque tenían la convicción profunda de que lo que habían visto con sus propios ojos era verdad. Predicaban lo que habían experimentado y por eso tenían un mensaje confiable, ¡y nosotros podemos creerlo! De esta manera contamos con abundante evidencia interna de que Dios inspiró el Nuevo Testamento y es, por lo tanto, totalmente confiable.

Evidencia externa. ¿Qué puede decirse de la evidencia externa? ¿Contamos con algo similar a los Rollos del Mar Muerto que pueda atestiguar de la veracidad y confiabilidad del Nuevo Testamento? La respuesta es un rotundo ¡sí! Por una parte, las fechas de los documentos del Nuevo Testamento indican que fueron escritos durante la vida de personas contemporáneas de Cristo. Había personas que todavía estaban vivas y podían recordar las cosas que había dicho y hecho. Pablo escribió muchas de sus cartas antes de que se escribieran algunos de los Evangelios. El siguiente párrafo es un tanto técnico, pero trate de comprender lo que F. F. Bruce, erudito del Nuevo Testamento, dice:

"Los manuscritos del Nuevo Testamento aparecieron cien a doscientos años antes que los documentos históricos seculares. Existen solo nueve o diez manuscritos de la Guerra de las Galias de César. El más antiguo de estos manuscritos se escribió aproximadamente novecientos años después del tiempo de César. Conocemos la Historia de Tucídides (c. 460-400 a.C.) a través de ocho manuscritos en papiros, los más antiguos de los cuales datan del 900 d.C. Existen varios papiros que pertenecen al tiempo del inicio de la era cristiana. El caso se repite en relación con la Historia de Herodoto (c. 480-425 d. e.). Sin embargo, ningún erudito clásico prestaría atención al argumento de que la autenticidad de Herodoto o de Tucídides esté en duda porque los manuscritos más tempranas de su obra son de más de mil trescientos años después de los originales".7

En contraste, muchos de los manuscritos del Nuevo Testamento están mucho más cerca de los acontecimientos que describen, que los manuscritos de los documentos seculares. El manuscrito más antiguo que tenemos es un fragmento de un papiro que contiene Juan 8: 31-33, 37 de aproximadamente el año 130 d.C. Como se señaló anteriormente, quienes escribieron los libros del Nuevo Testamento vivieron durante la vida de Jesús o entrevistaron a aquellos que habían caminado y hablado con él.

Otra evidencia externa de la confiabilidad de la Biblia procede de referencias y citas de los libros del Nuevo Testamento, tanto por amigos como por enemigos del cristianismo. Los Padres Apostólicos que escribieron mayormente entre los años 90 y 170 d.C., manifestaron su familiaridad con la mayor parte de los libros del Nuevo Testamento. Varios de esos antiguos escritores no bíblicos usaron la Escritura como una fuente confiable y auténtica. Los escritores cristianos incluyen a Papías (130 d. C.), Clemente de Roma (95 d.C.), Ignacio (70-110 d.C.), Policarpo (70-156 d.C.) y Tatiano (170 d.C.). Ellos citaron y apoyaron la Biblia en sus sermones o sus escritos. Sus leccionarios y lecciones, usados en los servicios públicos de la iglesia, nos dan evidencia externa adicional. Para mediados del siglo XX, los eruditos habían clasificado más de 1.800 de esas lecciones que contenían leccionarios de los Evangelios, el Libro de los Hechos, y las Epístolas. Aunque no aparecieron antes del siglo VI el texto del cual citan puede ser muy antiguo y de alta calidad".8

Además de la validación por parte de escritores cristianos, la Biblia recibe la confirmación de antiguos escritores no cristianos como Tácito, Suetonio, Josefo, Plinio el Joven, el emperador Trajano, los compiladores del Talmud y muchos otros. Por ejemplo, Josefo (37 a 100 d.C.) habla de Daniel, el profeta, como un escritor del siglo VI a.c. Josefo se refiere a Jesús como el hermano de Santiago que fue martirizado. Confirma también la existencia y martirio de Juan el Bautista y da una breve descripción de Jesús y su misión.9 Estos informes de antiguos escritores cristianos y no cristianos complementan y confirman la Biblia, dándonos así una sólida evidencia externa de su veracidad y confiabilidad.

Traducciones confiables

Imagínese a sí mismo de pie en el Monte de los Olivos, contemplando en el cielo la figura de Jesús que va desapareciendo de su vista. Sus palabras todavía resuenan en sus oídos: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1: 8). l Qué quiso decir con "hasta lo último de la tierra"? Entonces, esforzando su vista para percibir una última vislumbre del Señor, recuerda la orden que dio: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones" (Mat. 28: 19). Dice Marcos, citando las palabras de Jesús: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Mar.16: 15).

Les tomó cierto tiempo a los discípulos entender que en realidad su misión se extendía a todo el mundo. No fue sino hasta la conversión de Saulo al cristianismo que el evangelio comenzó a llegar a los no judíos. Fue a partir de entonces que el evangelio eterno comenzó a ser proclamado "a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo" (Apoc.14: 6). y ese impulso ha continuado a través de los siglos.

Para proclamar el evangelio fue necesario que los misioneros cristianos lo enseñaran a la gente en su idioma natal. Entonces los nuevos conversos desearon leer la Biblia en su lengua materna. Ya para fines del segundo siglo d.C., los eruditos habían traducido el Nuevo Testamento al siríaco, al latín y al copto. En el año 384 d.C., el Papa Dámaso le pidió a Jerónimo, el más notable erudito bíblico de su época, que hiciera una nueva traducción de toda la Biblia al latín, el cual era entonces el idioma común de la Europa Occidental. Quedó terminada en el año 405 y llegó a ser conocida comúnmente como la Vulgata.

En 1382, Wiclef produjo la primera versión en inglés. Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán a principios del siglo XVI. Esas solo fueron dos de los centenares de traducciones que siguieron. La Sociedad Bíblica Internacional señala que la Biblia ha sido ya traducida a más de dos mil doscientos idiomas, pudiendo llegar así hasta un noventa por ciento de la población mundial. En la actualidad, solamente los Traductores de la Biblia Wiclef tienen trabajando a más de seis mil personas en más de ochocientos cincuenta idiomas diferentes, en cincuenta países. De entre los idiomas a los que la están traduciendo, hay cuatrocientos sesenta y ocho a los que se está traduciendo por primera vez. Y la organización Adventist Frontier Missionaries está actualmente trabajando en traducciones de la Biblia (algunas de ellas en forma pictórica para Papúa, Nueva Guinea) para ciertos grupos específicos de personas.

En el idioma español hay varias versiones de las Escrituras. Al estudiar la Biblia en diferentes versiones aumentará su confianza en la exactitud de todas estas traducciones. ¿Es la Biblia que usted tiene hoy en su biblioteca la misma de hace dos mil o tres mil años? Obviamente no. Está en español, no en griego o hebreo. Pero, ¿es hoy la Biblia relevante para usted? ¡Absolutamente! El mismo Espíritu Santo que inspiró la Biblia le habla hoya su corazón, enseñándole, amonestándolo, corrigiéndolo, instruyéndolo (2 Tim. 3:16) y mostrándole su necesidad de Jesús.

Arthur S. Maxwell hizo la siguiente observación: "El mensaje del Autor puede ser entendido en cualquier idioma. Nunca pierde su poder vivificante. A dondequiera que va, fluye de ella un río de vida. Posee una extraña influencia reformadora que transforma la vida de las personas, llenándolas de valor y esperanza, y ayudándolas a vivir. 

Resumen

Hemos mostrado en este capítulo que hay tan pocos "errores en los manuscritos hebreos y griegos como para considerados insignificantes. Hemos hablado también de la relevancia de la Biblia para nosotros en la actualidad. Aunque la Biblia actual no es la "misma" de hace dos mil años, pues está escrita en diferentes idiomas, la evidencia externa e interna de las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, silencia las burlas y acusaciones de los incrédulos, probando que la exactitud de su traducción ha preservado el mensaje de su Autor. En el capítulo siguiente examinaremos evidencias arqueológicas que nos darán aun más evidencia externa de la validez histórica de la Biblia. Concluiremos diciendo: "Sí, la Biblia es, ciertamente, confiable como el 'manual del usuario' y la 'carta de amor' que Dios nos ha enviado a nosotros, sus hijos.

 


Referencias y Notas
 

 

1.    Josh McDowell, Evidencia que exige un nuevo veredicto (Miami: Editorial Vida, st).

2.    http: fwww.usc.edufDep.fLASfwsrpfeducationaLsitef dead_sea_scrollsf discovery.shtm l.

3.    Citado en Gerhard F. Hazel, Understanding the Living Word of God [Para comprender la palabra viviente de Dios] (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn., t. 1, p.  86.

4.    Harris, R. Laird, "How Reliable is the Old Testament?" Can [ trust my Bible? [¿Cuán con fiable es el Antiguo Testamento? ¿Puedo confiar en mi Biblia?] (Chicago: Moody Press, 1963), p. 124.

5.    [bid., p. 129.

6.    [bid.

7.    F. F. Bruce, The New Testament Documents: ¿Are they Reliable? [Los documentos del Nuevo Testamento: ¿Son confiables?] (Londres: Inter-Varsity Press, 1968), pp. 16, 17.

8.    John Little, Know What you Believe [(Sepa lo que cree] (Singapur: SU Publishers,

1984), p. 46.

9.    Josh McDowell, Evidencia que exige un nuevo veredicto (Miami: Editorial Vida, st).

10.   Arthur S. M axwell , Your Bible and you [Su Biblia y usted] Hagerstown, Maryland: Review and Herald Publishing Association, 1959), p. 51.

Compilador: Dr. Pedro Martínez


 

 
 

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