Confiando en la Palabra

Recibiendo la Palabra: Capítulo 2

Lección 1

Para el 3 de Enero del 2009


 

A través de los siglos, los cristianos que creen en la Biblia han recibido las Escrituras como la Palabra de .Dios, inspirada, fidedigna y autorizada. En eso han seguido el ejemplo de los creyentes bereanos a quienes Pablo elogió como "nobles" porque "recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras" (Hech. 17:11). ¿Qué es lo que hace a la Biblia única? ¿Y por qué siempre se ha encontrado a los seguidores de Cristo confiando en la Palabra?

El libro de los libros

La iglesia cristiana siempre ha apreciado su Libro como algo único. La familia de la iglesia ha atesorado este Libro como una joya costosa, aun a pesar de la adversidad y de la oposición de los incrédulos. Este Libro ha separado a los cristianos de los no cristianos. Ha dividido a la iglesia entre herejes y ortodoxos, protestantes y católicos, y en tiempos recientes, en conservadores y liberales. ¿Qué es exactamente este libro llamado la Biblia?

Se refiere a sí misma como "las Escrituras" (Mat. 21:42; Luc. 24:25-27, 44, 45), "el libro de Jehová" (Isa. 34:16), "los oráculos de Dios" (Rom. 3:2, Nueva Biblia española), "la buena palabra de Dios" (Heb. 6:5) y "la palabra de Cristo" (Col. 3:16).

La Escritura también se compara a sí misma a una cantidad de cosas para enfatizar su importante función. Como lámpara o luz (Sal. 119:105, 130; 2 Pedo 1:19) no sólo disipa las nubes de oscuridad en nuestro mundo y de duda en nuestras vidas, sino que también nos ayuda a escapar de los peligros y a ver con claridad nuestro camino en la vida. Como pan o alimento (Mat. 4:4; Job 23:12) alimenta al hambriento y le proporciona nutrientes para su crecimiento espiritual. Como espejo (Sant. 1:23-25) hace que nos veamos tal como realmente somos, para que podamos ser cambiados a la perfecta imagen modelo de Jesucristo (2 Coro 3:18). Como agua (Sal. 119:9; Efe. 5:26; Juan 15:3) tiene un poder limpiador y transformador. Como fuego (Jer. 20:9; 23:29; Sal. 39:3) puede derretir todas las aleaciones del pecado en nuestras vidas. Como martillo (Jer. 23:29) puede quebrantar los corazones endurecidos de una manera que ningún método humano jamás puede hacerla. Como espada (Efe. 6:17; Heb. 4:12) puede atravesar nuestra conciencia, herir nuestro orgullo y matar nuestro espíritu rebelde. Como semilla (Luc. 8:11) produce fruto en la vida. Y como algo que "discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Heb. 4:12) nos enseña a no criticar y juzgar la Biblia, sino más bien a sometemos a sus enseñanzas.

Verdaderamente este Libro no es igual a ningún otro libro.

Un libro único

Originalmente fue escrita por unos 40 autores diferentes en tres continentes diferentes (África, Asia y Europa), en países que distan cientos de kilómetros y en un período de unos 1.500 años. Trata con asuntos de interés universal: historia, filosofía, ciencia, salud, arquitectura, religión, etc. Se dirige a las necesidades de cada generación, ofrece soluciones para las perplejidades de la vida, y también revela el origen y el futuro de nuestro mundo. Ha llevado paz a las conciencias turbadas, consuelo al acongojado, esperanza al desesperanzado, valor al desalentado y la seguridad del re encuentro de los enlutados.

Escrita originalmente en hebreo, arameo y griego, la Biblia ha sido publicada en más idiomas que ningún otro libro en la historia y, con todo, no ha perdido su intensidad original. Este libro que es único, apela al joven tanto como al anciano, al rico tanto como al pobre, al ignorante tanto como al sabio. Defiende los derechos de cada persona, incluyendo los de los pobres e indefensos, y demuestra poseer un poder misterioso para transformar vidas.

Una lectura cuidadosa de este libro único revela que "la Biblia fue escrita por hombres de cada nivel de la vida política y social, desde el rey sobre su trono hasta los ganaderos, pastores, pescadores y políticos de poca importancia. Aquí están las palabras escritas por príncipes, por poetas, por filósofos, por pescadores, por estadistas, por profetas, por sacerdotes, por cobradores de impuestos, por médicos, por hombres enseñados en la sabiduría de los egipcios, por hombres educados en la universidad de Babilonia, por hombres adiestrados a los pies de maestros como Gamaliel. Hombres de cada categoría y clase están representados en este volumen milagroso. Las circunstancias bajo las cuales se escribió este libro fueron a veces muy difíciles y siempre las más variadas. Porciones de él fueron escritas en tiendas de campaña, desiertos, ciudades, palacios y mazmorras. Algunas partes fueron escritas en tiempo de peligro inminente y otras en tiempos de exaltado gozo".1

Pero la cosa notable acerca de la Biblia es que, a pesar de las circunstancias que dieron origen a los 66 libros diferentes en este Libro, el contenido de la Biblia muestra una armonía única. "Contiene toda clase de literatura; pero qué revoltijo sería si los 66 libros hubieran sido escritos en esta forma por hombres comunes. Supongamos, por ejemplo, que conseguimos los libros médicos, escritos por 30 o 40 doctores diferentes, de escuelas diversas ... los encuadernamos todos juntos y después ¡intentamos curar a un hombre con arreglo a ese libro! ... O supongamos que usted consigue que 35 ministros escriban libros de teología y después ver si puede encontrar alguna piel demasiado fuerte como para unidos todos".2 

Una conservación única

Pero aún hay más: la Biblia ha sido preservada notablemente durante el proceso de transmisión. A pesar del hecho que fue escrita en material perecedero y fue copiada y vuelta a copiar por cientos de años antes de la invención de la imprenta o de las computadoras, cuando se la compara con todos los otros manuscritos antiguos, la Biblia ha desplegado una exactitud extraordinaria en su transmisión. Aunque diremos más de esto en el capítulo 8, una breve explicación ilustrará ahora esta preservación tan notable.

Con excepción de algunas secciones de Esdras y la mitad de Daniel que fueron escritas en arameo, el Antiguo Testamento fue escrito originalmente en hebreo. El alfabeto hebreo tiene muchas letras que se parecen mucho entre sí. Observe por ejemplo, la íntima similitud entre las letras siguientes:

Beth (J) Y Kaf (:J)

Daleth (1) y Resh (1) Daleth (') y Kaf final (i)

Vau (i) y Yodh (")

Vau (i) y Nun final (i)

Jeth (n) y He (n)

Jeth (n) y Tav (t1)

Pe (!J) y Kaf (:J)

Además de eso, si la línea perpendicular izquierda de la he (i1) se omite o se borra accidentalmente por un copista, tenemos una daleth (i); 10 mismo también con la tau (r1) y la resh (1), y de manera similar con la pe (tl) y la kafCJ).

Hasta cerca del año 700 de nuestra era, cuando un grupo de escribas judíos (llamados masoretas) inventaron un sistema para escribir las vocales, la escritura hebrea consistía sólo de consonantes sin ningún signo de puntuación y, a veces, ¡apenas con algunos espacios entre las palabras! Es como si leyéramos Génesis 1:1-3 (Reina-Valera 1960) así:

NLPRNCPCRDSLSCLSLTRRTRRSTBDSRDNDVCLSTNGLSSTB

NSBRLFZDLBSMLSPRTDDSSMVSBRLFZDLGSDJDSSLLZFLL

La notable exactitud con la cual los masoretas escribieron el texto de la Biblia se debe a las estrictas reglas que siguieron. Por ejemplo, ninguna palabra o letra podía ser escrita de memoria. Se contaban las palabras o las letras de cada sección, y si las copias recientemente hechas no se ajustaban, se descartaba la copia recién hecha y se comenzaba de nuevo la tarea. Bernard Ramm ha descrito el proceso que llevó a conseguir esta exactitud única:

"Con referencia al Antiguo Testamento sabemos que los judíos lo preservaron como nunca ha sido preservado ningún otro manuscrito. Con su masora (parva, magna y finalis) [métodos para contar] ponían indicadores sobre cada letra, sílaba, palabra y párrafo. Tenían clases especiales de hombres dentro de su cultura, cuyo único deber era preservar y transmitir estos documentos prácticamente con una fidelidad perfecta: los escribas, los doctores de la ley y los masoretas. ¿Quién ha contado alguna vez las letras y las sílabas de las obras de Platón o de Aristóteles? ¿De Cicerón o de Séneca?3

Por otra parte, el Nuevo Testamento fue escrito en griego koiné, el idioma común de los tiempos apostólicos. Aunque no existen copias originales de los escritos primitivos de los apóstoles, han sobrevivido copias escritas a mano. Se las llama manuscritos por la frase latina manuscriptum, que significa "escrito a mano". Las abreviaturas que usan generalmente los eruditos para los manuscritos son: "MS" para el singular y "MSS" para el plural.

Los materiales del Nuevo Testamento son mucho más recientes para nosotros que los del Antiguo Testamento. Pero mientras que los bien adiestrados copistas judíos eran extremadamente cuidadosos al copiar cada palabra de los documentos del Antiguo Testamento, factores tales como la gran demanda de copias del Nuevo Testamento para instruir a los nuevos creyentes, y las interrupciones frecuentes al copiar debido a las hostilidades y persecuciones, llevaron a tener copias hechas precipitadamente Y algunas veces en forma descuidada, de los manuscritos originales del Nuevo Testamento. Afortunadamente para nosotros, debido a que han sido preservados tantos manuscritos del Nuevo Testamento, casi siempre podemos cotejar cualquier sección cuando hay alguna duda.

Como el texto original de la Biblia ha sido preservado de una manera única, los cristianos pueden estar absolutamente seguros de su exactitud esencial. Sir Frederic Kenyon, antiguo director del Museo Británico y una autoridad en manuscritos de la Biblia, lo dijo así: "El cristiano puede tomar toda la Biblia en su mano y decir sin temor o vacilación que tiene en sus manos la verdadera Palabra de Dios, transmitida sin pérdida esencial de generación en generación a través de los siglos".4

Una supervivencia única

Sin embargo, de todos los libros que alguna vez se hayan escrito, la Biblia ha sufrido los ataques más crueles. Con todo, ha sobrevivido a la persecución de los críticos y de los enemigos. Como un yunque, "los martillos de los infieles han estado golpeando en este libro por siglos, pero los martillos se desgastaron y el yunque aún perdura. Si el libro no hubiera sido el libro de Dios, los hombres lo habrían destruido hace mucho tiempo. Emperadores y papas, reyes y sacerdotes, príncipes y gobernantes, todos hicieron la prueba; ellos murieron y el libro aún vive".5

Bernard Ramm preguntó en forma retórica si, además de la Biblia, ha habido alguna vez un libro sobre filosofía, religión, psicología o cualquier otro tema que haya sido tan" desmenuzado, apuñalado, zarandeado, escudriñado y difamado ... con tanto veneno y escepticismo, con tanta minuciosidad y erudición en cada capítulo, línea y doctrina". Ramm concluyó: "Mas de mil veces doblaron las campanas anunciando la muerte de la Biblia; se formó la procesión para su funeral; se labró la inscripción de la lápida sepulcral; y se leyó el entierro. Pero de algún modo el cadáver nunca se quedó quieto ... Considerando la erudición total de los críticos y la ferocidad y precisión de los ataques, esperaríamos que la Biblia hubiera sido sepultada permanentemente en alguna' geniza' cristiana. * Pero tal cosa es difícilmente el caso. La Biblia aun es amada por millones, leída por millones y estudiada por millones" .6

* Nota del traductor-editor: Una "geniza" es una habitación-depósito de una sinagoga para guardar manuscritos viejos de las Escrituras que son demasiado sagrados como para ser destruidos o descartados.

Jesús lo dijo mejor hace casi 2.000 años: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mat. 24:35). Acerca de esta declaración, alguien ha escrito lo siguiente: "El imperio del César ha pasado; las legiones de Roma están convertidas en polvo; las avalanchas que Napoleón lanzó sobre Europa se han derretido; el orgullo de los faraones ha caído; las pirámides que levantaron para que fueran sus tumbas se están hundiendo cada día en las arenas del desierto; Tiro es una roca donde extienden sus redes los pescadores; a Sidón apenas le queda una roca; pero la Palabra de Dios sobrevive. Todas las cosas que han amenazado extinguida la han ayudado, y cada día demuestra cuán pasajero es el monumento más noble que el hombre puede erigir, cuán perdurable la más mínima palabra que Dios ha hablado. La tradición ha cavado una fosa para ella; la intolerancia le ha encendido muchos haces de leña; muchos Judas la han traicionado con un beso; muchos Pedros la han negado con un juramento; muchos Demas la han abandonado; pero la Palabra de Dios aun vive".7

¿Cómo explicamos la notable unidad, poder, supervivencia y la atracción universal de este antiguo Libro?

Una pretensión única: La revelación

Aunque escrita por escritores humanos, la Biblia hace una afirmación osada acerca de su origen divino. El apóstol Pablo escribió: "Toda Escritura es inspirada por Dios" (2 Tim. 3:16). Este texto levanta tres preguntas acerca de la Biblia: (a) ¿Cuánto de la Escritura es inspirado? (b) ¿Cómo es inspirada "toda la Escritura"? (c) ¿Cuándo y de qué manera fue dada por inspiración la Escritura?

1. ¿Cuánto de la Escritura es inspirado? El contexto de 2 Timoteo 3:16 indica que "toda la Escritura" se refiere al Antiguo Testamento, los libros que componían la Biblia en los días de Jesús y los apóstoles. Pero según otros pasajes del Nuevo Testamento, "toda la Escritura" también incluye a los escritos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, el apóstol Pedro se refiere a los escritos de Pablo sobre la misma base como "las otras escrituras" (2 Pedo 3:15, 16), y Pablo en 1 Timoteo 5:18 cita el registro de Lucas 10:7, "porque el obrero es digno de su salario", y se refiere a esta declaración como "escritura".

Si "toda la Escritura" (que consiste del Antiguo y del Nuevo Testamento) es inspirada, esto implica, en contra de 10 que pretenden los críticos y los liberales, que las secciones de la Biblia que hablan acerca de milagros, historia, geografía, ética, ciencia, etc., todas son inspiradas tanto como 10 son las secciones que tratan de doctrinas.

2. ¿Cómo es inspirada "toda la Escritura"? 2 Timoteo 3:16 dice en  forma clara que "toda la Escritura es inspirada por Dios" (theópneustos: literalmente, "respirada por Dios""J, es decir, todos los libros de la Biblia tienen un origen divino. No sólo es Dios la fuente esencial de la Biblia, sino que Jesucristo también estuvo conectado íntimamente con la producción de las Escrituras. Pedro escribió: "Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron Y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona Y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrían tras ellas" (1 Ped. 1:10, 11).

Más tarde, el apóstol Pedro escribió que el Espíritu Santo también fue un participante activo en la producción de las Escrituras: "Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios, hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1:21).

Así que el testimonio de la propia Escritura es que el libro que llamamos Biblia tiene su origen en todos los miembros de la Trinidad: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Al igual que los tres miembros de la Deidad cooperaron en la creación del mundo, así también los encontramos trabajando juntos para dar al mundo un libro único: la Biblia.

Las Escrituras rara vez tratan acerca del método de revelación de Dios a los escritores de la Biblia. La Palabra inspirada declara simplemente: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por [su) Hijo" (Heb. 1:1, 2). Las "muchas maneras" en las cuales Dios habló incluyen: por visiones y sueños (Isa. 1:1; Eze. 1:1; Dan. 7:1); por apariciones directas (teofanías) Y mensajes de Dios (Exo. 3:2-7; 20:1); por medio de un ángel (Dan. 8:15, 16; 9:21, 22; Apoc. 1:1-4); por relatos de testigos (1 Juan 1:1-3; 2 Pedo 1:16-18); por la meditación sobre la naturaleza y la experiencia humana (Sal. 8:3, 4; Rom. 2:14, 15; 1 Coro 7:12, y como otros casos que se encuentran en los libros de Job, Salmos, Proverbios Y Eclesiastés); y por la investigación histórica.

La investigación histórica merece algún énfasis como uno de los modos de la revelación, ya que en la mente de algunos se supone que un escritor inspirado no tiene que tomar ningún préstamo ni compilación para escribir la Biblia, ni aun emplear asistencia editorial o de algún secretario.

En contra de este punto de vista, la Biblia indica claramente que los escritores inspirados citaron o copiaron de autores anteriores. Toda la verdad, doquier se encuentre, pertenece a Dios. Así, Moisés registra que usó material del libro de las guerras del Señor (Núm. 21:14); Josué y Samuel mencionan que tomaron material del libro de Jaser (Jos. 10:13; 2 Sam. 1:18); los autores de los libros de Reyes y Crónicas se refieren por lo menos a ocho libros perdidos que usaron como fuentes de información (1 Rey. 11:41; 15:29; 2 Crón. 9:29; 12:15; 20:34; 33:19); y Lucas nos informa que para hacer su obra hizo investigación histórica (Luc. 1:1-4). Debido a que el Espíritu Santo guió a los escritores en su selección y uso de las fuentes, sus escritos son tanto la Palabra de Dios como lo son la de aquellos cuyo contenido les fue revelado directamente en visiones, sueños y teofanías.

Algunas veces un profeta también empleaba un secretario o un asistente editorial al comunicar el mensaje de Dios, como por ejemplo Jeremías que empleó la ayuda de Baruc (Jer. 36).9

3. ¿Cuándo y en qué manera fue inspirada la Biblia? ¿Cómo aseguró Dios que la fragilidad de los escritores humanos de la Biblia no afectara la exactitud de la Biblia? La contestación se encuentra en la cooperación única entre Dios y sus agentes humanos elegidos.

Una cooperación única: La inspiración

Probablemente, la cosa más misteriosa acerca de la Biblia es la forma como los Autores principales del Libro (los miembros de la Santa Trinidad) pudieron emplear a seres humanos falibles como sus instrumentos para redactar, en una manera confiable, el mensaje de Dios. A este proceso lo llamamos "inspiración".

Escritores falibles, registro infalible. Algunos pueden abrigar el pensamiento de que (1) el mensaje profético fue una invención de los escritores de la Biblia, y de que, (2) teniendo en cuenta que los escritores humanos eran falibles, la Biblia no es de ninguna manera confiable. En respuesta a tales ideas, el apóstol Pedro afirma:

"Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas [en griego, múthos: un relato, cualquiera que sea su significado, que no está basado en hechos objetivos], sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad ... Tenemos también la palabra profética más segura [en griego, bebaióteron: que tiene la fuerza de 'permanecer firme sobre los pies', 'firme', 'confiable', 'válido'], a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados [en griego, ferómenoi: literalmente, 'arrebatados, llevadosl1O] por el Espíritu Santo" (2 Pedo 1:16-21).

El mismo Pedro, que fue un recipiente de la inspiración, no niega la voluntad ni la personalidad humana al escribir las Escrituras (los escritores realmente "hablaron"); más bien recalca tres hechos importantes acerca del fenómeno de la inspiración: (1) la fuente última del mensaje nO fueron los pensamientos e impulsos de los mensajeros humanos; (2) loS escritores humanos fueron ayudados divinamente ("llevados") por el Espíritu Santo para comunicar sus mensajes divinos; de manera que (3) el producto de este esfuerzo cooperativo entre lo humano y lo divino fue fidedigno ("más seguro").

Debido a esta cooperación única entre Dios y los escritores humanos de la Biblia, tanto Jesús como los cristianos del Nuevo Testamento reconocieron que aunque los escritores de la Biblia emplearon sus propias palabras y expresiones, el producto final (la Biblia) tenía el sello de aprobación de Dios como siendo verdaderamente su Palabra.

Este último punto es muy importante. Algunos teólogos modernos (llamados neo-ortodoxos o barthianos, seguidores del teólogo suizo Karl Barth) sostienen que la Biblia no es la palabra de Dios pero que puede llegar a ser la palabra de Dios en el momento en que la Biblia le habla a una persona en un encuentro personal significativo. En un rechazo sutil de la inspiración de la Biblia, estos teólogos insinúan que hasta que la Biblia "llegue a ser" la Palabra de Dios, es meramente la palabra de humanos, o, en el mejor de los casos, un documento humano que contiene la Palabra de Dios. Como esta posición ha ganado un gran número de adherentes, es importante considerar lo que dice la misma Biblia sobre si la Biblia es la palabra de seres humanos o si es realmente la Palabra de Dios.

Verdaderamente es la palabra de Dios. Así como los profetas del Antiguo Testamento amonestaron en contra de los que profetizaban sus propias palabras antes que las palabras que Dios les había dado (Deut. 18:18, 20; Jer. 23:16), Jesús también explicó claramente que "el que Dios envió, las palabras de Dios habla" (Juan 3:34). La implicación es que todos los mensajeros verdaderos de Dios (los profetas y los escritores de la Biblia) comunicaron el mensaje que Dios les había dado en una manera fidedigna. Por eso, Jesús pudo decir de sí mismo: "El Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar" (Juan 12:49); "Y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14:24).

La repetida afirmación, "Así dice el Señor", que se antepone a muchos mensajes de los profetas del Antiguo Testamento testifica de la veracidad de sus mensajes. Los escritores del Nuevo Testamento también explicaron claramente que todos los escritos de los profetas del Antiguo Testamento son en verdad las palabras de Dios. Por ejemplo, Marcos cita a Jesús como diciendo: "Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo ... " (Mar. 12:36). Zacarías, el padre de Juan el Bautista, dijo que Dios habló "por boca de sus santos profetas' que fueron desde el principio" (Luc. 1:70). En el registro de la primera reunión de oración en la iglesia apostólica, los creyentes "alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor ... tú le inspiraste a tu siervo, nuestro padre David que dijera ... " (Hech. 4:24, 25, Nueva Biblia española). Hablando con los judíos en Roma, dijo Pablo: "Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres diciendo ... " (Hech. 28:25).

Además de identificar a Dios como el origen de las palabras de los escritores del Antiguo Testamento y de las palabras de Jesús, los escritores del Nuevo Testamento también testificaron de que sus propias palabras tenían autoridad porque su mensaje también era de origen divino (Luc. 10:16; Gál. 1:8, 9). Por eso Pedro instó a sus lectores a recordar las palabras "que antes han sido dichas por los santos profetas" (2 Pedo 3:2). Pablo sumó su voz cuando habló de las cosas que "Dios nos la reveló a nosotros por el Espíritu ... lo cual también hablamos no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual" (1 Coro 2:10, 13).

"Esto es, el Espíritu de Dios no susurró mecánicamente el texto en los oídos del escritor, ni tampoco los autores tuvieron la experiencia de escribir en forma automática. En cambio, experimentaron una asimilación viviente de la verdad, de manera que las experiencias que habían tenido en el pasado por medio de la cultura, el vocabulario, las penurias y cosas parecidas, todo fue tomado y asimilado en el producto único que en forma simultánea procedió de la personalidad única de los escritores. y sin embargo, y es exactamente cierto, ¡también procedió del Espíritu Santo! Y el Espíritu Santo permaneció con los escritores no sólo en la etapa conceptual o la de la formación de las ideas, sino todo el tiempo hasta la etapa de expresarse, escribir y componer el texto".u

A pesar de las deficiencias del lenguaje humano, gracias a la dirección del Espíritu, los pensamientos, las ideas y las palabras de los escritores de la Biblia expresan exactamente el mensaje que Dios les reveló. Sin embargo, la dirección del Espíritu en los escritores inspirados, al expresar en sus propias palabras los pensamientos y las ideas dados por Dios, no debe confundirse con la inspiración mecánica (de dictado), una teoría equivocada que afirma que el Espíritu Santo dictó cada palabra de la Escritura.

El apóstol Pablo resumió la cooperación única entre Dios y los escritores humanos de la Biblia en su carta a los cristianos de Tesalónica: 'por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis nO como la palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes" (1 Tes. 2:13). En otras palabras, el hecho de que las Escrituras son inspiradas, presupone que la Biblia es verdaderamente la Palabra de Dios.

Una analogía única: Humana Y divina

La naturaleza dual de la Biblia como el producto de ambos, lo humano y lo divino, puede compararse con Jesucristo y su encarnación. Así como Jesús (la Palabra encarnada) es plenamente divina y plenamente humana, así también la Biblia (la Palabra escrita) es plenamente divina y plenamente humana. Así como Jesús tuvo autoridad para hablar, ordenar y dar vida a aquellos que lo aceptaron, así también la Biblia afirma lo mismo. Estas afirmaciones son evidentes por la manera como los escritores del Nuevo Testamento citan a los del Antiguo Testamento.

Lo que la Escritura dice, Dios lo dice. Los escritores del Nuevo Testamento a menudo personifican a la Escritura con la expresión: "La Escritura dice ... " Esta "Escritura" existía también en el tiempo de Abraham (Gál. 3:8) y Faraón (Rom. 9:17); la Escritura puede hablar (Rom. 10:11), dar órdenes (1 Tim. 5:18) y predecir acontecimientos, algunos hasta 2.000 años en el futuro (Gál. 3:8). Esta manera sorprendente de citar pasajes del Antiguo Testamento indica que los escritores del Nuevo Testamento vieron algo sobrehumano en el Antiguo Testamento. El uso frecuente del tiempo presente griego, léguei (" dice"), para describir la acción de la Escritura hace pensar que el Antiguo Testamento "aún está hablando". El Nuevo Testamento habla del Antiguo Testamento como si Dios estuviera hablando; obviamente los escritores del Nuevo Testamento no tuvieron duda alguna con respecto a la íntima relación entre la Escritura y Dios. Al usar esta clase de fórmula introductoria, los escritores de la Biblia dan a entender enfáticamente el origen divino y la consecuente autoridad de la Escritura.*

* Nota del traductor-editor: En el Apocalipsis se ve esa fórmula veterotestamentaria de una manera clara en los mensajes de Jesucristo glorificado y del Espíritu Santo a las siete iglesias: "El... dice esto", "Oiga lo que el Espíritu dice ... " (Apoc. 2:1, 7, 8, 11, etc.).

Por ejemplo, Pablo cita algunas veces la Escritura por el verbo léguei  ("él/ ella/ ello dice") sin nombrar expresamente el sujeto (Dios, Escritura, etc.).12 Sin embargo, una mirada al contexto muestra que Dios está implícito como sujeto. De manera similar en los pasajes citados del Antiguo Testamento, Dios era el sujeto. Otra cita frecuentemente usada como fórmula es "Dice Dios" o "Dios dijo". Por ejemplo, en Mateo 19:5 Jesús introduce al Génesis con la frase: "Y [Dios] dijo", pero en el versículo del Génesis fue Moisés (y no Dios) quien estaba hablando. En 2 Corintios 6:16 Pablo presenta sus citas del Antiguo Testamento diciendo: "Como Dios dijo", con lo cual da a entender que el mensaje del Antiguo Testamento es el mensaje de Dios. Sea que diga: "La Escritura dice" o "Dios dice", no es de importancia para Pablo; ambos comparten la misma autoridad.

Las tres fórmulas introductorias que hemos presentado ("La Escritura dice", "Dice Dios" y "Dios dice"), han mostrado que las Escrituras del Antiguo Testamento son un libro divino, hablando con autoridad. Pero la fuerza y la constancia con la cual los escritores del Nuevo Testamento enfatizan este hecho, no les impide reconocer que las Escrituras han llegado a la existencia a través de instrumentos humanos. Vemos esto en otra forma que usan para citar al Antiguo Testamento.

David, Isaías y Moisés "dicen". Pablo no tiene dificultad en atribuir la Escritura a sus autores humanos. De hecho, cita libremente al Antiguo Testamento con fórmulas sencillas tales como "David habla de la bienaventuranza" (Rom. 4:6-8); Isaías "dice", "como antes dijo", "Isaías clama" (Rom. 10:16; 9:29, 27); y Moisés "dice" (Rom. 10:19). Si los profetas del Antiguo Testamento escribieron o hablaron, sus mensajes están citados como Escritura, indicando que la inspiración incluye la comunicación escrita y oral. También, parece que Pablo no le da importancia al hecho de que las palabras sean comentarios de estos autores o palabras directas de Dios registradas por ellos (Rom. 10:5; cf Lev. 18:5).

Podemos concluir que la Escritura tiene una paternidad literaria doble: Dios es el Autor primordial a través de cuya iniciativa los escritores humanos hicieron su obra. Sería inexacto decir que la Biblia es un libro humano que contiene la Palabra de Dios, o asignar algunas partes de la Escritura a Dios y otras al hombre. La Escritura es la Palabra de Dios dada a través de instrumentos humanos. Al igual que no podemos separar la naturaleza humana de Jesús de su naturaleza divina, así también no podemos dividir la Escritura, afirmando que algunas partes son humanas y otras divinas.

Una evidencia inequívoca. Una evidencia inconfundible de que la Biblia tiene una marca divina es la manera en la cual sus escritores humanos registraron los relatos biográficos de sus héroes y heroínas cuando no se portaron bien. Noé, el sobreviviente del diluvio, se embriagó y no cubrió su desnudez; Abraham, el amigo de Dios, mintió y dudó de Dios; Lot, el héroe del relato de Sodoma y Gomorra, se embriagó y tuvo una  relación incestuosa con sus hijas; María, la hermosa cantora y profetisa de Israel, tuvo un problema de celos y racial y quedó herida de lepra; Rahab, la mujer de fe y una de los antepasados de Jesucristo, había sido una prostituta; David, un hombre según el corazón de Dios, fue culpable de adulterio y asesinato; Salomón, el hombre más sabio que alguna vez haya vivido, vivió la vida de un necio; Judas, uno de los más influyentes entre los doce discípulos de Cristo, fue un ladrón y un traidor; Pedro, un apóstol destacado de Cristo, negó a su Maestro con maldiciones y juramentos; Juan, el apóstol del amor, demandó que bajara fuego del cielo para destruir a sus enemigos; y Pablo, el apóstol de las gentes, persiguió a los discípulos de Cristo.

Si los relatos biográficos de las Escrituras fueran sencillamente esfuerzos humanos para realzar la reputación moral de algunos hombres y mujeres prominentes, los escritores habrían omitido juiciosamente los aspectos negativos o vergonzosos de sus vidas, o cuando menos los hubieran reconstruido. "Esa es la forma como los hombres escriben la historia; pero cuando el Señor se encarga de contar su relato de un pecador, no selecciona a un pordiosero miserable y pobre y lo avergüenza. Ni siquiera da el nombre del ladrón en la cruz, ni el de la mujer culpable a quien le dijo: 'Ni yo te condeno, vete y no peques más'; sino que toma a David del trono y lo pone en tierra en cilicio y ceniza, y le arranca de su corazón el clamor: 'Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades, borra mis rebeliones'. Y cuando es absuelto, perdonado, limpiado y hecho más blanco que la nieve, la pluma de la inspiración pone por escrito todo el registro tenebroso y condenable de sus crímenes, y el rey en su trono no tiene poder, no tiene riquezas, no tiene influencia suficiente para hacer desaparecer la página; y permanece en la historia para que los infieles se mofen por tres mil años. ¿Quién escribió eso?"13

"Usted encuentra a un hombre que le dice la verdad acerca de reyes, guerreros, príncipes y gobernantes de hoy, y puede estar completamente seguro que tiene en su interior el poder del Espíritu Santo. Y un libro que nos habla de las faltas de aquellos que lo escribieron y que le dice a usted que 'no hay justo, ni aún uno', tiene en sí las marcas de un libro verdadero; porque todos sabemos que los hombres tienen faltas, y fracasos, y pecados; y entre todos los hombres cuyas vidas aparecen registradas en ese libro, cada hombre tiene algún defecto, alguna mancha, excepto uno, y ese es 'el hombre Jesucristo'".14

Un Libro en el cual confiar

La Palabra inspirada de Dios. Sobre la base de la discusión en este capítulo, los cristianos que creen en la Biblia a través de las edades siempre han recibido la Biblia como la Palabra inspirada, fidedigna y autorizada de Dios. Por esta razón el apóstol Pablo le escribió a los creyentes en Tesalónica: "Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes" (1 Tes. 2:13; cf Hech. 17:11).

Contra los que "piensan que pueden simplificar las pretendidas dificultades de las sencillas Escrituras, calibrando con su regla finita lo que es inspirado y lo que no es inspirado", Elena de White advierte: "Cuando los hombres, con su juicio limitado, encuentran que es necesario examinar versículos para definir lo que es inspirado y lo que no lo es, se han adelantado a Jesús para mostrarle un camino mejor que aquél en que nos ha conducido" .15

Ella nos exhorta a rechazar el intento de descubrir" grados de inspiración" en los escritos inspirados, ya sean los de la Biblia o los suyos, atribuyendo algunas partes a la inspiración del Espíritu y afirmando que otras no son inspiradas: "Cuando los hombres se atreven a criticar la Palabra de Dios, se aventuran en un terreno sagrado y santo, y sería mejor que temieran y temblaran y ocultaran su sabiduría como necedad. Dios no ha puesto a nadie para que pronuncie juicio sobre su Palabra, eligiendo algunas cosas como inspiradas y desacreditando otras como no inspiradas. Los testimonios han sido tratados en la misma forma; pero Dios no está en eso" .16

Satisface las necesidades humanas. Porque la Escritura es un libro inspirado, también es un libro verdadero y confiable. "La Biblia es más que un buen libro o que un libro verdadero. El hombre puede escribir un buen libro, un libro verdadero, aun un libro maravilloso, pero el hombre nunca ha producido un volumen que se compare con las Sagradas Escrituras. ¡La Biblia vive! A través de sus páginas sagradas Dios se mueve y habla a los corazones humanos. Es un Libro de origen divino destinado desde el principio a llenar una necesidad única entre la familia humana. Ningún otro libro lo ha desafiado con éxito" Y

"Le señala a los pecadores el camino del perdón, de la paz y de la redención. Nos dice como hombres sujetos a las mismas pasiones que nosotros, pueden aún ser hombres de una fe poderosa, teniendo compañerismo con Dios y suplicando con oraciones fervientes y eficaces. Nos cuenta cómo hombres que pecaron contra el Altísimo pueden ser limpiados de sus culpas sangrientas, y lavados y hechos más blancos que la nieve. Nos dice cómo nosotros, redimidos gracias a la misericordia de Dios, podemos permanecer inmaculados como los ángeles en la presencia del Rey eterno. ¿Estamos dispuestos a escuchar sus instrucciones y encontrar vida y paz en Cristo el Señor?"18

Digna de nuestra confianza. En un tiempo cuando está de moda para los cristianos "poner en duda algunas partes de la revelación, y buscar defectos en las aparentes inconsecuencias de esta declaración y aquella otra", nos conviene seguir el ejemplo de Elena de White de confiar en la Palabra: "Tomo la Biblia como lo que es, como la Palabra Inspirada. Creo en sus declaraciones: en una Biblia completa. Se levantan hombres que piensan que encuentran algo para criticar en la Palabra de Dios. Lo exhiben delante de otros como una evidencia de sabiduría superior. Muchos de esos hombres son inteligentes y eruditos; tienen elocuencia y talento, y toda la obra de la vida [de ellos] es intranquilizar las mentes en cuanto a la inspiración de las Escrituras. Influyen en muchos para que tengan la misma opinión de ellos. Y la misma obra de propaga de uno a otro, tal como Satanás quiere que sea, hasta que podamos ver el pleno significado de las palabras de Cristo: 'Cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?' (Luc. 18:8)".19

Una feligresa muy observadora declaró correctamente: "Dios no nos da a nosotros la opción de elegir qué partes de su Palabra aceptar o rechazar de la misma manera que no nos da la opción de aceptarlo o rechazarlo parcialmente. La salvación exige que lo aceptemos plenamente y que aceptemos su Palabra; a su vez, una aceptación de él requiere una entrega plena a él. Nada más es requerido y nada menos es aceptable para Dios. Porque es por su Palabra como lo conocemos; y es por medio de su Palabra como nos guía. Dios y su Palabra son inseparables" .20

Como cristianos que creemos en la Biblia, ¿continuaremos confiando en la Palabra? ¿O nos encontraremos dudando de la Palabra?

 

Referencias

1 W. A. Criswell, Why 1 Preach That the Bible is Literally True [Por qué predico que la Biblia es literalmente verdad] (Nasville, Broadman Press, 1969), p. 71.

2 H. L. Hastings, Will the Old Book Stand?, p. 21.

3 Bernard Ramm, Protestant Christian Evidences [Evidencias cristianas protestantes] (Chicago, Moody Press, 1957), pp. 230, 231.

4 Frederic Kenyon, Our Bible and the Ancient Manuscripts [Nuestra Biblia y los manuscritos antiguos] (Nueva York, Harpers, 1940), p. 21.

5 H. L. Hastings, citado por John W. Lea, The Greatest Book in the World [El mayor libro

del mundo] (Philadelphia, sin casa publicadora, 1929), pp. 17, 18. 6 Ramm, Protestant Christian Evidences, pp. 232, 233.

7 ¡Ay de mí!, no puedo recordar dónde encontré esta cita particular.

8 Aplicado a la Biblia, el término griego theopneustos se usa una sola vez en la Biblia (2 Tim. 3:16); puede ser aplicado a cualquier grado de influencia divina. Véase H. Wayne House, "Biblical Inspiration in 2 Timothy 3:16" [Inspiración bíblica en 2 Timoteo 3:16], Bibliotheca Sacra 137 (1980), pp. 54-63.

9 Juan Carlos Viera, "Modelos bíblicos de inspiración", Revista Adventista (Buenos Aires, ACES), febrero de 1997, pp. 23, 24; marzo de 1997, pp. 26, 27. Allí él discute seis modelos de inspiración: el "modelo visionario", el "modelo testimonial", el "modelo histórico", el "modelo consejero", el "modelo epistolar" y el "modelo literario". Una excelente discusión teológica Sobre la perspectiva bíblica de la revelación e inspiración es el trabajo de Raoul Dederen, "The Re¬velation-Inspiration Phenomenon According to the Bible Writers" [El fenómeno de la revela_ ción-inspiración según los escritores bíblicos], Issues in Inspiration and Revelation, pp. 9-29; véase el cap. 1, la nota 21.

lO La palabra griega que se usa aquíféro ("llevar", "llevar consigo"), fue usada para hablar de un buque de velas que era llevado por el viento. Como Pedro fue un pescador, su uso de esta palabra es significativo. Implica que los escritores humanos de la Biblia fueron gentilmente conducidos por el Espíritu al comunicar el mensaje que Dios les había dado a ellos por revelación.

11 Walter Kaiser hace esta declaración al describir el concurso divino-humano (es decir, Un "correr juntos" en el reino del pensamiento), cuando el Espíritu Santo usó a los seres humanos para comunicarles en una manera confiable las verdades divinas de la Biblia. Véase el cap. 2 ("The Meaning of Meaning" [El significado del significado]), de Walter Kaiser y Moisés Silva, en An Introduetion to Biblieal Hermeneuties: The Seareh for Meaning [Una introducción a la hermenéutica bíblica: La búsqueda de significado] (Grand Rapids, Zondervan, 1994), pp. 40, 41.

12 Rom. 9:15 (ef Exo. 33:19); Rom. 9:25 (ef Ose. 2:23; 1:10); Efe. 4:8 (ef Sal. 68:18).

13 Hastings, Will the Old Book Stand?, pp. 17, 18.

14 Ibíd., p. 18.

15 Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 19. 1

6 Ibíd., p. 26.

17 Robert H. Pierson, Thought the Winds Blow [Aunque soplen los vientos] (NashvilIe,

Southern Publishing Association, 1968), p. 53.

18 Hastings, Will the Old Book Stand?, p. 345.

19 Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, pp. 19,20.

20 Kathleen McCan a Samuel Koranteng-Pipim, correspondencia fechada el 7 de junio de 1996.

 

 



 

 

 

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