Septiembre 11

Up La Piedra El Sellamiento Las Bases del Juicio Septiembre 11


 

 

El Día que Cambio América

Los adventistas frente a la crisis nacional norteamericana

por

Pedro J. Martinez, M.D., C.M.C.M.


 

Introducción

El profeta Juan pudo percibir muchos de los acontencimientos modernos gracias a la revelación dada por Dios.  Una de ellas nos dice:

Mateo por su parte nos dice:

De la misma forma Dios ha revelado a su pueblo, acontecimientos sin iguales, muchas veces pavorosos pero deben ser dados a tiempo.  He aquí algunas de esas declaraciones:


Momentos solemnes


Una Gran Tragedia

Me da mucho perplejidad el notar la reacción de los hijos de Dios ante la destrucción de la torres gemelas norteamericana y el ataque a el Pentágono ocurrida en Septiembre 11 de este año.  La disyuntiva moderna de las reacciones antes la calamidad, muchas veces no es entendida y muchas veces malinterpretadas.  Esto lleva a una sociedad a concentrarse solamente en los eventos externos y olvidar la realidad  o dimensión divina. Por otro lado impulsa a una serie de sensacionalistas, a monopilizar los sentimientos heridos una sociedad aterrada.

 Un efecto inmediato, es la respuesta de una buena porción del remanente.  A pesar de que el mortífero letargo del mundo ha estado y está paralizando nuestros sentidos espirituales, se logra vislumbrar implicaciones espirituales de carácter únicos.  Lo preocupante es que la historia nos dice,  que después de algunos meses, tal conmoción desaparece y el letargo espiritual hace de vuelta, su presencia entre nosotros con sus nefastos resultados. 

Muchos, por otro lado,  tenemos miedo de que una interpretación apocalíptica prematura pudiese dañar la imagen y los avances que la obra ha logrado a través de las décadas de prudencia y aislar las posiblidades de avance la misma.  Esto también podrían provocar una agitación que resultaría en un movimiento fanático que dañaría la causa de Dios

Este temor se agudizó después de las declaraciones del reverendo Jerry Falwell y la reacción del público norteamericano.  Jerry Falvwell dijo el jueves 13 de septiembre, durante una entrevista hecha por reverendo Pat Robertson, en su Club 700, que en forma indirecta los paganos, los aborcionistas las feministas, las lesbianas y homosexuales, y la asociación de libertades cívicas (ACLU) al tratar de secularizar a América han logrado que la protección divina se haya apartado y que esto es minúsculo comparado con lo que sucedería si Dios se apartara completamente de América.  Las reacciones no se dejaron de esperar. 

Por otro lado, esa “paz y tranquilidad” percibidas por muchos de nosotros ha sido  violentamente sacudida por los hechos tanto en New York como en Washington.  Muchos de nuestros modernos teólogos previamente se aventuraron a descartar los valores inherentes de las profecías bíblicas.

Recientemente estuve en una reunión pastoral donde nuestro invitado, un doctor en teólogia, especializado en Antiguo Testamento, descartaba el valor apocalíptico de Juan.  Otro de nuestros pensadores adventistas pedia que “dejemos a lado la numerología cabalística y avancemos en el siglo 21 con una conciencia no afectada por las proyecciones de nuestros pioneros del siglo 19”.    Más escalofriante es ver algunos de nuestros miembros, como Render Bruisma, erudito y ex-administrador de la iglesia solicitando “un nuevo planteamiento” para nuestro entendimiento de las profecías de los últimos días como un medio de salvar el creciente pluralismo teológico en la iglesia

Con respecto a una actitud indiferente ante los magnos acontecimientos finales, creo que conviene recordar lo que Dios nos dijo a través de su sierva inspirada:

¿Porque, entonces,  hemos de esperar que tales cosas sucedan para entender la realidad divina? ¿Porque no ejercitamos en forma regular los músculos de nuestra percepción espiritual y ver a través de otras tragedias menos portentosas, los mismo signos que hoy visualizamos a través de la tragedia norteamericana?.

La ciudad de Nueva York a la luz del Espíritu de Profecía

En forma especial el Señor le reveló algunos detalles de la suerte que muchas ciudades correrían al final de los días.  Una de esa ciudades fue la de Nueva York.  Sin necesidad de intepretar lo dicho por la sierva de Dios, leamos lo que ella recibió de Dios.  Creo que una buena idea que las mantengamos presente a través de todo este estudio y que derivemos las conclusiones al final del mismo al analizar  en forma meticulosa lo revelado por Dios a su pueblo.

En cuanto al uso inadecuado de ciertas informaciones con respecto al destino de la ciudad de Nueva York en sus tiempos ella dijo:


La angustia y dolor

Es normal que nos sintamos muchas veces ofendidos cuando algun evento horripilante ocurre y algunos lo aprovechan para avanzar sus propias causas.  En su analisis el Dr. Pereyra plantea las siguientes preguntas:

¿Como hemo de contestar estas preguntas? La respuesta humana ante la tragedia es la busqueda de respuestas a las mismas y consuelo en sus momentos de desesperación.  Negar es te hecho pudiera ser fatídico, pues simplemente muestra un desconocimiento de la naturaleza humana.  Sin embargo la realidad de los hechos va mucho mas de la respuesta biológica del ser humano y se remonta a consecuencias que pudieran ser eternas, que ignorarlas sería tan fatídico como a las primeras o mucho más.

A veces es importante analizar como los profetas de Dios respondieron ante la magnitud de un hecho destructivo como son la perdidas de miles de vidas humanas.  Creo que aquí, a este punto, la forma que la profetiza respondió ante el terremoto de San Francisco, pudiera traernos algunas de estas respuestas.

“Lleno de angustia” fue la expresión usada por la sierva del Señor.  Su alma se conmovió ante el espectaculo ofrecido por la Ciudad de San Francisco.  Es una respuesta que debe ser emulada por todos los creyentes modernos.  Sensibles al dolor y a la tragedia.

Es normal expresar angustia, dolor ante un evento de tal magnitud como lo ha sido los ataques terroristas a New York y Washington.  No hay nada malo en expresar nuestro dolor por las perdidas de vidas humanas y nuestra condenación a los individuos participantes en tal hecho, asi lo hizo la hermana White.

Sin embargo me preocupa el esfuerzo llevado a cabo para tratar de ver dichos eventos a través de un espejo unicamente social, sicológico, epistemológica, moral y/o político. Una buena parte de los debates históricos concernientes a las implicaciones sociológicas de los signos catastróficos desde una perspectiva biblica, han sido manchados por la falta de entendimiento del plan salvifico y falta de revelación apropiada que ayude a entender las implicaciones desde una perspectiva divina y no simplemente filosófica-humananista.  Por eso no me sorprende la existencia de una “teología de orientación apocalíptica y catastrofista que pone el acento en la destrucción final y otra teología que responde a la tradición del Éxodo, centrada en la economía de la salvación y en el prodigio divino” según lo expresara el Dr. Pereyra en su manifiesto.

Esto me lleva a la siguiente pregunta ¿Nos embarcaremos en definiciones filosóficas para tratar de interpretar los acontencimientos modernos? ¿Nos quedaremos pasmados ante la intensidad del desastre, con sus implicaciones patológicas? o ¿nos proyectaremos más allá de las apariencias y entraremos en una dimensión diferente y desde allí tratar de analizar las postura divina ante los acontencimientos humanos? 

Es por eso que me siento agradecido a los doctores Pereyra, Treiyer y Vergan y al pastor Contreras por sus aportaciones all entendimiento de estos eventos y a la manera en que, en forma cordial y respetuosas se plantearon las diferentes conclusiones.

La pregunta que pudiese surgir desde de un análisis tal, pudiera ser esta:

Debemos recordar que Dios sigue en control y que nada que suceda escapa a sus ojos.   Estos eventos debieran llamar a la colectividad del remanente a preguntarse no ¿por qué? sino ¿para que? Dios ha permitido tal calamidad.  Si creemos que la casualidad no existe para el creyente cristiano, entonces tenemos que concluir que detrás de todo este evento hay propósitos inherentes que deben ser expuestos a la luz de la humanidad de una manera respetuosa, seria y firme.

Frente a cualquier tragedia o dolor, para el creyente hay más que la manifestación externa de los mismos.  Como creyentes debieramos proyectamos a la dimensión espiritual, para allí encontrar respuestas, si fuese posible, a la realidad de los eventos humanos, no desde la perspectiva nuestra, sino desde la perspectiva trinitaria.

Esto último requiere un estudio minuicioso de las revelaciones ofrecidas por la Biblia y el Espíritu de Profecía.  La complejidad de los eventos finales, sobrepasa a la simple aplicación teológico-escatológica, ofrecida por nuestros modernos pensadores.  Sin descartar la validez de las intrepretaciones modernas, no debieramos limitar a determinados eventos proféticos a la aplicación simplista-catastrófica o a la salvífica-prodigiosa.


El propósito divino

 

  1. Una llamado a entender realmente a Dios

Muchas veces nuestra percepción personal de Dios interfiere con nuestra apreciación de los hechos circundantes

 

  1. Un llamado a percibir más allá de nuestras

Las catástrofes no son eventos desprovistos de valor espiritual.  Dios sigue en control y por lo tanto no esta ausente de las tragedias.  De una u otra forma todas ellas traen consigo un mensaje especial.  Buscarlo sería recompensador.

3.       Un llamado a percibir los tiempos y las señales

4.       Un llamado a ver más allá de lo aparente y lograr identificar a los verdaderos autores

La epoca histórica en la que vivimos es sin lugar a dudas la fase final de la historia humana.  Los hechos predichos no son para que nos angustiemos sino para que reconozcamos la veracidad de la Palabra de Dios que con mucha antelación pudo visualizar los que hoy contemplamos.

¿Quien en realidad esta detrás de estos eventos, antes del cierre de gracia?  Las siguientes tres citas nos ayudaran a entender claramente  que detrás de una acción tal hay mas de lo que sospechamos.  ¿Sera cierto que la dimension hablada por Pablo cuando dijo: “...no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino no contra principados, contra potestades, contra gobernadores en las tinieblas”?

5.       Una forma para fortalecer el corazón de los creyentes en las promesa divinas

El creyente no se regocija en la desgracia ajena, sin embargo puede visualizar el mismo evento desde un angulo diferente.  Es esta apreciación la que  provoca en el creyente una paz interior y una seguridad unica.  Es la presencia del Espíritu Santo la que provoca este gozo singular aun en medio de las tragedias.  Son cosas divinas que el mundo no lo puede entender ni lo entendera.

6.       Un llamado a la reflexión y a la consagración

Cada evento debe ser analizado cuidadosamente por todos los fieles, pues en ellas , por tragica que sea, se podra vislumbrar de una u otra forma la mano de Dios.  En medio de la seguridad provista por el Espiritu Santo y de la tristreza producida por el evento, el creyente es llamado a tomar tiempo para analizar profundamente la realidad de su relación con Dios y fundamentar su esperanza en la Palabra de Dios y no en los seres humanos

  1. Una llamado a predicar el evangelio

A pesar de la existencia de seres humanos que seran endurecidos ante la desgracia como faraón lo fue en Egipto, otros buscaran en forma radical una interpretación que tenga validez y que ofrezca garantias a las personas fallecidas y/o a sus familiares.

Debieramos, sin desvalorizar a las personas involucradas, aprovechar para la predicación de nuestro mensaje.  No debemos de olvidar, sin embargo, que los enemigos de la causa utilizaran estos mismos argumentos para fomentar su causa

Con respecto a New York la sierva del Señor nos dice:

 

  1. Un llamado a entender los juicios de Dios

Los eventos a los cuales hemos sido llamado a ser testigos, seran de una magnitud horrible.  No para que nos alegremos de la desolación de los demas, sino para que busquemos la unica fuente real de protección, es decir, Cristo.

Aunque el contexto no es con referencia a la ciudad de New York, la siguiente declaración nos ayudara a entender la perspectiva divina

9.       Un llamado a abrir los ojos a la realidad divina

 


La Promesa divina

 


Nuestro deber

¿Que debemos los hijos de Dios hacer en estos momentos?  ¿Nos dejaremos vencer por el temor y las acusaciones que vendran?  La sierva del Señor nos recuerda:

Este mismo principio se utilizara al final de los tiempos como sigue diciendo la cita:

Sin embargo, como creyentes ya avisados tenemos una gran tarea y responsabilidad frente a nosotros, como lo deja bien claro la inspiración:

 


Conclusión

Ignorar las implicaciones socio-psico-politico-morales de la crisis norteamericana, sería fatal.  El aspecto humanístico de esta tragedia sólo puede concentrarse en el dolor y la miseria.  Lo que no debieramos es dejar que dichas implicaciones oscurrezcan la realidad desde el punto de vista divino.  Debemos de ser compasivos, dispuestos a ayudar en cualquier forma, sin negar las responsabilidades sagradas dadas a nosotros.

Nuestra metodología es divina, pues las instrucciones son claras ante la eventualidad de eventos de corte catastróficos.  Las declaraciones son  innumerables dejando poco lugar a los principios hermenéuticos, pues su interpretación es clara

Esta responsabilidad se reflejara en el cumplimiento de nuestro deber de ir a esas familias directa o indirectamente y dejarseles saber que es su misericordia Dios  ha dispuesto llamar a dormir a muchos de sus hijos antes de la crisis final. No porque no les ama, sino todo lo contrario.

 Llevémosle el mensaje de esperanza que como vivos pueden obtener.  Que la seguridad en Cristo no necesariamente se conforma a lo temporal, pero que si se proyecta por toda la eternidad

Enseñémosle que la muerte física para el creyente reviste poca importancia. Porque el morir no es sino dormir en Cristo

Oremos para que el Señor nos guie y nos utilice lo mejor posible, sin olvidar nuestras responsabilidades de consolar y de orar por aquellos que estan es problemas.  Es tiempo de asumir nuestra responsabilidad y movernos con el poder protector e impulsador del Espíritu Santo.

 

 

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