¿Habrá otro mensajero especial?

Por Arturo L. White
Secretario de las publicaciones de E. G. de White

 

Pregunta: ¿Es la señora de White la única persona por medio de la cual el Señor hablará a la iglesia remanente por medio del espíritu de profecía o podemos esperar que otro ocupe este cargo?

Respuesta: La pregunta acerca de posibles manifestaciones futuras del don de profecía en la iglesia remanente fue de general interés en el tiempo de la muerte de la señora de White. En realidad, en diversas ocasiones durante los últimos años de su vida, la señora de White mientras hablaba con nuestros obreros o en sus escritos, aludió a su edad avanzada y la probable terminación de la obra de su vida. Ante tales circunstancias era natural que se preguntara acerca del futuro: "¿Habrá otro mensajero especial? ¿Hablará nuevamente el Señor a su pueblo por medio de alguien que él escoja como ha hablado por medio de ella?"

En respuesta a tales preguntas, la señora de White declaraba invariablemente que el Señor no le había revelado nada acerca de las futuras manifestaciones del don profético. A menudo añadía palabras de seguridad de que la luz que había sido dada guiaría y guardaría a la iglesia después de su muerte.

Pretensores del Cargo Profético

Durante los últimos 10 años de su vida hubo un número de personas que sintieron que habían sido llamadas como sucesores de la señora de White. Algunos de ellos le escribieron, otros fueron a verla. Cada uno tenía la seguridad de recibir de ella palabras de aprobación que lo confirmarían como sucesor. El pastor W. C. White que durante muchos años estuvo asociado con su madre en su tarea literaria, habló de esto en 1915:

"Una docena o más de personas se han presentado de vez en cuando, algunos declarando que había llegado el tiempo en que la señora de White debía dejar su obra y que ellos debían reemplazarla; otros pretendían haber sido elegidos por Dios como sucesores. Algunos han viajado largas distancias para ver a la Sra. de White diciendo que se les había revelado que habían sido escogidos como sucesores y que cuando ella los viera los reconocería y testificaría que eran las personas elegidas por Dios para ocupar su lugar cuando ella muriera. Cuando ella se encontraba con tales personas y escuchaba sus pretensiones, sus propuestas, sus argumentos y súplicas, les decía que no tenía ninguna orden ni instrucción acerca de ellos. Algunas de estas personas eran sinceras, pero engañadas, escucharon los consejos de sus amigos y abandonaron sus pretensiones basadas en su imaginación. Otros han dedicado años a escribir y publicar fanáticas exposiciones de las Escrituras, llenas de acusaciones contra aquellos que no aceptaron sus pretensiones y exposiciones" (Presentado en The Battle Creek Enquirer, 25 de julio de l913).

En 1912 mientras aún vivía la Sra. de White, en respuesta a una carta sobre el asunto de un sucesor, el pastor W. C. White escribió:

"Puede serle de interés saber que durante los últimos 5 años mi madre ha recibido seis u ocho cartas de personas que sentían lo mismo que esta hermana, que Dios los había ungido con el espíritu de profecía, y que él daría instrucciones a la Sra. de White para que testificara en favor de ellos. A todos ellos mi madre se vio obligada a enviarles la misma respuesta; que Dios no le había dado ninguna instrucción acerca de un llamado a una obra especial en favor de ellos.

"Algunas veces nuestros hermanos preguntaban a mi madre quién llevará después de su muerte la responsabilidad de la obra especial que Dios le ha confiado, y ella les contestaba que no sabe. Dios nunca le ha revelado nada al respecto y ella no siente ninguna preocupación acerca del asunto porque Dios es completamente capaz de instruir a sus siervos y dirigir su obra de acuerdo con su infinita sabiduría y designio" (Carta de W. C. White, 6 de octubre de l912).

"Mis Escritos Hablarán Constantemente"

Que la señora de White no tenía ningún presentimiento respecto al futuro, es evidente por una declaración escrita en 1907:

"Nuestro pueblo ha recibido luz abundante en estos últimos tiempos. Ya sea que mi vida se prolongue o no, mis escritos hablarán constantemente y su obra seguirá adelante tanto como dure el tiempo. Mis escritos están guardados en archivos en la oficina y aunque yo no siga viviendo, estas palabras que el Señor me ha dado seguirán viviendo y hablando al pueblo" (The Writing and Sending Out of the Testimonies to the Church, págs. 13, 14).

Este testimonio está en completa armonía con el que nos llegó por medio de otro de nuestros obreros que oyó a la Sra. de White hacer declaraciones respecto al futuro. Uno de éstos fue M. N. Campbell. El escribió el 3 de febrero de l943:

"Pocos meses antes de que la Sra. de White tuviera su accidente, el pastor Montgomery y yo, en compañía de otro hermano, la visitamos en Elmshaven. El pastor W. C. White y la hermana McEnterfer estaban presentes en la entrevista. En el curso de la conversación pregunté a la señora de White si ella había recibido alguna luz en cuanto a si viviría hasta el regreso de Jesús. Contestó que no tenía ninguna luz al respecto de si viviría o no hasta entonces".

Le expresé mi ardiente esperanza de que el Señor prolongaría su vida hasta ver el fin del gran conflicto sobre la tierra y la segunda venida. Y Añadí: "Si usted va al descanso nos veremos importunados por toda suerte de fanáticos que se levantarán pretendiendo ser sus sucesores".

Ella contestó tranquilamente. "El Señor es perfectamente capaz de encargarse de su causa".

"Luego le pregunté si en caso que el Señor la llamara al descanso había probabilidad de que otra persona ocupara su lugar. Varios de sus libros estaban sobre la mesa de escribir que estaba junto a su silla. Colocó su mano sobre los libros y dijo que ellos encerraban toda la información necesaria para nuestro pueblo por el resto de la jornada. Sólo hasta ese punto se sintió libre de contestar mi pregunta".

Dios Cuidará de su Obra

El problema acerca de un sucesor de la señora de White llegó a ser más agudo cuando ella murió en 1915. Interesó no sólo a la iglesia sino al mundo. ¿Qué significaría su muerte para sus escritos? ¿Algún otro sería su sucesor, favorecido con el don profético? El día del funeral en Battle Creek, Michigan, un corresponsal del periódico Battle Creek Enquirer, se entrevistó con su hijo, W. C. White. Citamos del número del 25 de julio de 1915 bajo el título audaz: "La Sra. de White no tenía idea en cuanto a un sucesor".

"Guillermo C. White, de Santa Elena, hijo de la difunta Sra. Elena G. de White, el cual durante los últimos 35 años ha sido el administrador de sus asuntos y que durante un cuarto de siglo ha sido miembro de la junta de la Asociación Adventista, fue entrevistado ayer acerca del probable efecto de la muerte de la Sra. de White sobre la denominación con la cual ella estuvo íntimamente relacionada. A la pregunta: ¿Ha elegido la Sra. de White a alguien como sucesor? El contestó:

"No, ella nunca consideró que este era asunto de su incumbencia y nunca se refirió a ningún individuo como candidato probable para esta obra".

"Se le preguntó: ¿Sabía ella quién sería el sucesor?

El señor White continuó: "Esta es una pregunta que se le dirigió muchas veces y ella siempre declaró que este asunto no le había sido revelado y que no tenía conocimiento ni información al respecto.

"¿Sabía ella si alguna persona sería elegida para reemplazarla cuando muriera?

Esta es otra pregunta que se le dirigió muchas veces y ella siempre contestó que no sabía. Al mismo tiempo expresó su plena confianza en que Dios cuidaría de su obra y que ni ella ni los demás necesitaban preocuparse al respecto".

La siguiente pregunta que se le dirigió fue. "¿Escogerán los dirigentes de la denominación una persona para que se encargue de la obra que ella realizaba?"

El señor White contestó: "No, ellos creen que Dios escogerá sus mensajeros y que sería una presunción de parte de los hombres intentar elegir a las personas por las cuales el espíritu de profecía se ha de manifestar". Battle Creek Enquirer, 25 de julio de l915.

El entendimiento de W. C. White sobre este asunto estaba de acuerdo con el de los obreros contemporáneos. Al pastor J. N. Lougborough se le preguntó si la señora de White sabía quién sería el sucesor. En respuesta, él se refirió a lo que había contestado S. N. Haskell, sobre una conversación con la señora de White en la cual ella le manifestó su convicción de que la denominación ya había recibido suficiente instrucción para guiarlos hasta el fin si ellos le prestaban oído.

F. M. Wilcox, en un editorial escrito en la Review and Herald poco después de la muerte de la señora de White, se refirió a este asunto de interés general, que ocupaba la mente de tantas personas, y declaró:

"Esta es una pregunta que sólo el Señor puede contestar y hasta donde nosotros sepamos Dios nunca ha dado ninguna insinuación acerca de su voluntad al respecto" (Review and Herald 19 de agosto de l915).

Es evidente, entonces, que ni la señora de White ni sus contemporáneos tenían instrucción alguna en cuanto a lo que el futuro reservaba. La pregunta quedó sin respuesta. Dios podía escoger alguien que hablara como lo había hecho por medio de la señora de White o podía no hacerlo. No estamos ahora más cerca de la respuesta de lo que estabamos el 16 de julio de l915.
Es verdad que desde entonces, como sucedió antes, varios se han levantado pretendiendo poseer el don profético, pero su obra no ha resistido la prueba. No podemos dar crédito a cualquiera que se presente pretendiendo haber recibido visiones o revelaciones de Dios. Sobre este punto hemos sido específicamente advertidos y amonestados.

"Habrá quienes pretenderán tener visiones. Cuando Dios da claras evidencias de que la visión procede de él, podéis aceptarlos, pero no la aceptéis bajo ninguna otra evidencia; porque la gente será extraviada cada vez más, tanto en los países extranjeros como en Norteamerica. El Señor quiere que su pueblo obre como hombres y mujeres de buen juicio" (Review and Herald, 25 de mayo de l905).

Pruebas Bíblicas de un Profeta

Desde la muerte de la señora de White en 1915, los Adventistas del Séptimo Día han mantenido su posición de que cualquier pretensor del don profético debe satisfacer todas las pruebas bíblicas de un profeta como lo hizo la señora de White. Estas pruebas básicas pueden enumerarse como sigue:

1. "Por sus frutos los conoceréis" Mat. 7:16.
2. "A la ley y al testimonio: Si no hablaren conforme a esto es porque no les ha amanecido" Isa. 8:20.
3. "Cumplimiento de las predicciones Jer. 28:9; Deut. 18:22.
4. "La actitud del defensor hacia Cristo, su encarnación y su obra en nuestro favor 1Jn. 4:2, 3; 1Tim. 3:16.

Hay también algunas otras evidencias importantes. Entre ellas mencionaremos:

Manera en que el profeta recibe las revelaciones
Oportunidad del mensaje
Importancia del mensaje
Vida personal del pretensor

Si confrontamos estas pruebas y evidencias con las pretensiones del don profético no habrá peligro de ser engañados. Una cosa es cierto. Si el Señor escoge a alguien nuevamente para hablar por medio del don profético, los mensajes estarán en plena armonía con los que se hallan en la Biblia y en los escritos del espíritu de profecía.

CONCLUSION

Pero algunos preguntan: ¿Por qué ha habido sólo un profeta en la iglesia remanente mientras que en los tiempos bíblicos hubo muchos? En los tiempos antiguos Dios llamó a uno tras otro para testificar por él. A veces hubo varios profetas contemporáneos. En relación con esto, conviene recordar que en los tiempos bíblicos los profetas transmitían oralmente su mensaje. En algunos casos hubo copias hechas prolijamente a mano, pero aún los rollos no estaban generalmente a disposición y a veces se perdían y no estaban al alcance de los dirigentes del pueblo. Por lo tanto, era necesario que el Señor mantuviera su mensaje ante su pueblo por medio de repetidos testimonios orales. Los mensajes orales pronto se olvidaban de modo que Dios llamaba a uno y luego a otro para testificar por él.

En nuestros días los mensajes del Espíritu de Profecía han sido impresos no sólo en inglés sino en muchos de los principales idiomas del mundo. Han sido distribuidos ampliamente. Estos libros testifican en los hogares de todos los adventistas que se preocupan por conseguirlos. Son leídos desde el púlpito de nuestra iglesia y reimpresos en nuestros periódicos. Por eso Elena de White pudo confiadamente decir:

"Ya sea que mi vida se prolongue o no, mis escritos hablarán constantemente y su obra continuará mientras dure el tiempo".

Si prestamos oído a estos consejos y estudiamos estos mensajes para conocer la voluntad de Dios y sus instrucciones a la iglesia, puede ser que Dios termine su obra por medio del testimonio de un solo vaso escogido, tan plenamente como si levantara otro.

En cualquier caso podemos tener la misma seguridad que tenía Elena de White, de que Dios se encargará de su obra y que estará con su pueblo hasta el mismo fin. Entre sus últimas palabras registradas hay una expresión de confianza en la dirección de la iglesia. Ella dice:

"No creo que tendré más testimonios para nuestro pueblo. Nuestros hombres de mente sólida saben lo que conviene para el progreso y edificación de la obra. Con el amor de Dios en sus corazones necesitan profundizar cada vez más el estudio de las cosas de Dios" (Review and Herald, 15 de abril de 1915).

Si en los días finales del gran conflicto Dios decide hablar a su pueblo por medio de otro mensajero viviente, el escogerá a la persona para cumplir este propósito y pronto la iglesia sabrá "desde Dan hasta Berseba" que la tal persona es "profeta del Señor" 1Sam. 3:20.

 

 

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