UNA HERENCIA INIGUALABLE

Por: Arthur L. White

INTRODUCCIÓN

Los que hoy estamos congregados en la casa de dios, tenemos una herencia sin paralelo, que traen a la mente la declaración de David en el Salmo 16:6 "Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado". La palabra "heredad", usada en este sentido, nos conduce a investigar nuestras raíces, y eso es precisamente lo que haremos hoy. Nuestras raíces como Adventistas del Séptimo Día, se encuentran en el gran despertar adventista de la década de 1840.

La fecha del 22 de octubre marca cada año en el calendario, un aniversario muy importante para los Adventistas del Séptimo Día de todos los países. Fue ese día, de 1844 en que Jesucristo, como nuestro divino Sumo Sacerdote, entró en el lugar santísimo del santuario celestial, para realizar allí su ministerio especial en nuestro favor.

Nuestros pioneros profundamente conmovidos por el cumplimiento de las profecías en su tiempo, y por la promesa de que Jesús vendría a este mundo otra vez. El Espíritu de Dios acompañó la proclamación de esas solemnes aunque alegres nuevas. En ese entonces, sin embargo, ellos no se dieron cuenta de que la hora del juicio de Dios y el mensaje del primer ángel de Apocalipsis 14, señalaba una obra de juicio especial inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo. Su más acariciada esperanza, justificada por muchas evidencias de bendiciones especiales del cielo mientras proclamaban el glorioso mensaje del pronto regreso de Cristo, fue rudamente quebrantada cuando Jesús no apareció el día que lo esperaban.

El sol salió ese martes por la mañana, cruzó lentamente el espacio y luego se ocultó bajo el horizonte. La oscuridad se profundiza hasta la media noche. Todavía Jesús no había venido. Cerca de 100,000 fervientes creyentes que habían esperado en confiada expectativa se hundieron en amargo desaliento y algunos se desilusionaron.

"¿Por qué no vino Jesús?" Clamaban. "¿Vendrá dentro de uno o dos días?" "¿O es que ha sido simplemente una ilusión?" Se lamentaban y se preguntaban qué les esperaba en el futuro.

Es interesante notar, que su desaliento no fue tan amargo como el que sufrieron los once discípulos cuando su Señor fue clavado en la cruz, en vez de ocupar el trono de David como ellos esperaban tan confiadamente. Entonces, en ese tiempo de angustia entre los adventistas de 1844, se oyó una voz, la voz de una doncella de 17 años -- "Como Dios me ha mostrado". ¡El don de profecía había sido restaurado de nuevo en el pueblo de Dios!

I. ESTABLECIENDO LOS PRINCIPIOS DOCTRINALES

1. En esa visión dada a Elena Harmon (quien pronto se convertiría en esposa de Jaime White), le fueron presentados los creyentes adventistas en camino a la ciudad de Dios. Cristo los guiaba felizmente en su viaje hacia la nueva Jerusalén que se suponía estuviera "bastante lejos". Pero felizmente la senda estaba iluminada por una "brillante luz" que iba detrás de ellos -- el mensaje de la próxima venida de Cristo.

Por supuesto la estructura completa que se debía levantar, no se veía con claridad en ese tiempo. Sin embargo, era suficiente el hecho de que Dios los había dirigido y los seguiría dirigiendo mientras conservaran sus ojos fijos en él.

2. Los ex-mileritas no eran tontos, y eran asiduos estudiosos de la Biblia. Algunos preguntaban en voz alta: "¿No terminaron las visiones al cerrarse el canon de las Escrituras?" Sin embargo, al estudiar el Nuevo Testamento, se dieron cuenta que el don del espíritu de profecía era de esperarse en los últimos días de esta tierra. La vida consecuente de Elena, la ausencia total de fanatismo, y la naturaleza práctica y oportuna de los mensajes, convenció a no pocos de que estaban en realidad presenciando una manifestación del genuino don de profecía.

El número de adventistas así convencidos, crecía a medida que esta joven se reunía con varios grupos de creyentes, mientras viajaba por mandato de Dios, de un lugar a otro. Cada fragmento de evidencia era crítico y cuidadosamente examinado con oración. A medida que la obra de Elena pasaba las pruebas bíblicas, los creyentes aceptaban cautelosamente otra proposición, una segunda plataforma, en su seguro fundamento de que el don de profecía había de esperarse después de los tiempos del Nuevo Testamento.

3. Uno de los escritos más prominentes proclamados por nuestros pioneros era la profecía de Daniel 8:14 "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas: luego el santuario será purificado".

A mediados del siglo diecinueve, eruditos y estudiantes de Biblia, aun los que se oponían a las enseñanzas adventistas estaban generalmente de acuerdo con los cálculos de Guillermo Miller de que los 2,300 días terminarían el 22 de octubre de 1844. Casi todos estaban de acuerdo en que ese día sucedería algo muy importante. Peor, ¿Qué sería? Las opiniones eran divergentes. ¿Y cuál era el santuario que iba a ser purificado?

El 22 de octubre, el primer día del chasco, el agricultor y estudiante de la Biblia, Hiram Edson y el director - predicador O.R.L. Crosier, estudiando sus Biblias al norte del estado de Nueva York, fueron los primeros en concluir que el "santuario" no era esta tierra (como Miller y ellos habías supuesto), sino que estaba arriba en el cielo, y una obra importante tendría que realizarse allí antes de que Jesús volviera, ¿pero era esto acertado? Examinaron y volvieron a examinar con mucho cuidado las evidencias bíblicas de su posición y concluyeron en que estaban en lo correcto.

Es interesante notar que, sin tener conocimiento de la investigación que se había hecho en Nueva York, Elena Harmon, recibió una majestuosa visión a mediados de febrero de 1845 en Maine, que presentaba gráficamente la entrada de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial, donde había de empezar la fase final especial de su ministerio como Sumo Sacerdote.

Cuando se pusieron juntos el estudio bíblico y la visión, los creyentes reconocieron que Dios había confirmado de manera milagrosa las conclusiones alcanzadas por el estudio bíblico diligente, dándole una revelación divina especial a la joven Elena.

Aún más tarde el Señor mostró a su profetisa que "el hermano Crosier tenía la verdadera luz en la purificación del santuario" (A. Word to the Little Flock, pág. 12).

De esta manera la tercera plataforma básica -el entendimiento correcto de la doctrina del santuario celestial- ayudó a descifrar el misterio del gran chasco.

4. Luego, a medida que continuamos examinando nuestras raíces históricas como pueblo, se estableció la cuarta plataforma de la verdad doctrinal, y de nuevo la historia incluye varios individuos diferentes.

Raquel Oakes Preston, una bautista del Séptimo Día visitó a su hermana que enseñaba en una escuela en Washington, New Hampshire, en 1844. Mientras estaba allí, llamó la atención de adventistas que vivían allí cerca, de la importancia de observar el séptimo día, sábado. Casi al mismo tiempo en Fairhaven, Massachusetts, José Bates, un capitán de barco "convertido", empezó a guardar el sábado como resultado de haber estudiado cuidadosamente la Biblia, y comenzó a persuadir a otros con el asunto del cuarto mandamiento. Entre éstos estaban incluidos un maestro de escuela que se hizo predicador, Jaime White y su novia Elena Harmon.

Cerca de la fecha de su matrimonio (agosto 1846), y basados única y totalmente en evidencias de las Escrituras sometidos por Bates, los White aceptaron el sábado y empezaron a enseñarlo. Siete meses después, Elena recibió su primera visión relacionada con este asunto, confirmando la importancia y la obligación de esta verdad bíblica. El sábado 3 de abril de 1847, Elena White fue llevada en visión al lugar santísimo del santuario celestial. Allí Jesús abrió las tablas de piedra que estaban plegadas como hojas de un libro dentro del arca de la alianza. Elena notó inmediatamente una aureola de luz alrededor del cuarto mandamiento, indicando su significado.

Jesús le mostró que Dios nunca había cambiado el sábado, por cuanto El nunca cambia. Por el contrario, el sábado es el gran tema que une los corazones del pueblo que sirve a Dios. Se le reveló que el sábado será la gran prueba en el conflicto final antes de la venida de Jesús, la cuestión en la cual tomará parte todo el género humano. La prueba final será la lealtad, ya sea a la inmutable verdad de Dios, o a los dogmas de un poder apóstata.

Por lo tanto, cuatro doctrinas fundamentales se convirtieron en el núcleo alrededor del cual empezaba a emerger un cuerpo de creyentes y doctrinas, las cuales se formularon como resultado el estudio diligente y cuidadoso de la Biblia, que fueron confirmados por el Espíritu Santo a través de la visión de Elena White. Al principio estas verdades fueron aceptadas por pocas personas relativamente, quizá cien o más, especialmente en Nueva Inglaterra y en el estado de Nueva York.

5. El desarrollo posterior del sistema doctrinal de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, tomó lugar del 1844 a 1850, cuando se dio inicio a una serie de reuniones de fines de semana, que se llamaban Conferencias Sabáticas. Nuevamente la función del Espíritu Santo, a través de su mensajera especial, no era la de iniciar, sino la de confirmar y corroborar cuando los creyentes estaban en la dirección correcta, y corregir cuando iban en dirección errónea. Pero el Espíritu Santo siempre esperaba hasta que estos estudiantes de la Escritura hubieran ido tan lejos como podían, antes de entrar a participar en forma dramática y franca, mucho más presionante.

La reunión en el granero de David Arnold, en Volney, Nueva York, en agosto de 1848, la segunda de seis efectuadas ese año fue muy típica. Se reunieron como treinta y cinco el viernes y apenas había dos de ellos que estuvieron de acuerdo en alguna posición doctrinal. Cada cual estaba ansioso de promover sus propias ideas peculiares. Cada cual insistía en que sus puntos de vista eran los únicos que estaban de acuerdo con la Biblia.

Las extrañas y conflictivas diferencias de opinión que contendían por ser aceptadas resultaban una carga pesada para Elena White. Entonces perdió el conocimiento y fue tomada en visión. Más adelante escribió lo siguiente sobre esto:

"La luz celestial descansó sobre mí. Pronto perdí de vista las cosas terrenales. Mi ángel acompañante presentó ante mí los errores de los presentes y también la verdad en contraste con estos errores. Que los puntos de vista discordantes que ellos reclamaban que estaban de acuerdo con la Biblia, y que debían abandonar sus errores, y unirse al mensaje del tercer ángel" (Spiritual Gifts, tomo 2, pág. 98, 99)

¿El resultado? "Nuestra reunión terminó victoriosamente. La verdad ganó la victoria" (Ibid., pág. 99)

Años más tarde, Elena White miraría hacia atrás con profunda satisfacción. Aquellas sesiones de oración e intenso estudio de la Biblia, sesiones que se extendían hasta muy tarde en la noche y algunas veces toda la noche, reuniones a las cuales asistían hombres y mujeres determinados a entender el significado de la verdad bíblica, de manera que pudieran enseñar y predicar con poder. Esas experiencias ella recordaría:

"Cuando llegaban al punto en su estudio donde decían: 'No podemos hacer nada más', el Espíritu del Señor descendía sobre mí y era arrebatada en visión y se me daba una clara explicación de los pasajes que habíamos estado estudiando, con instrucciones en cuanto a la forma en que debíamos trabajar y enseñar con eficiencia. Así se daba luz que nos ayudaba a entender los textos acerca de Cristo, su misión y su sacerdocio. Me fue aclarada una secuencia de verdad que se extendía desde ese tiempo hasta cuando entremos en la ciudad de dios, y yo comuniqué a otros las instrucciones que el Señor me había dado". (Mensajes Selectos tomo 1, pág. 241).

Es interesante que la señora White describa ese período de Conferencias Sabáticas (1848-1850) en el cual el sistema doctrinal de los Adventistas del Séptimo Día fue forjado en el yunque de intensa oración y estudio bíblico, "como uno de los mayores dolores de mi vida". ¿Por qué? Bueno, cuando ella no estaba en visión su mente estaba --para usar su término-- "cerrada". Y "no podía comprender el significado de los textos que estabamos estudiando". Durante todo ese tiempo, dijo ella, "no podía entender el razonamiento de los hermanos". Ella quedaba en "esta condición mental hasta que se aclaraban en nuestras mentes todos los principales puntos de nuestra fe, en armonía con la Palabra de Dios".

Era precisamente esa incapacidad lo que le impedía entrar en discusión; y no podía hacer otra cosa que decir lo que el Señor le había mostrado en visión para los presentes "aceptaran como luz enviada del cielo las revelaciones dadas". (Ibid., pág. 242).

La señora White y los que participaban con ella en esas inolvidables reuniones, no tenían duda ni de la fuente, ni de la autoridad de aquellas visiones. Escribiendo en otra ocasión, sobre estas mismas experiencias, ella dijo conmovedoramente:

"El poder de Dios bajaba sobre mí, y yo recibía capacidad para definir claramente lo que es verdad y lo que es error". Al ser así delineados los puntos de nuestra fe, nuestros pies se asentaron sobre un fundamento sólido. Aceptamos la verdad punto por punto, bajo la demostración del Espíritu Santo. Yo solía quedar arrobada en visión, y me eran dadas explicaciones". (Obreros Evangélicos, pág. 317.)

Y así fue como Elena White pudo decir con precisión:

"La dirección del Señor fue evidente, y sus revelaciones de la verdad fueron muy admirables. El Dios del cielo la estableció punto por punto. Aquello que era verdad entonces sigue siendo la verdad ahora" (Mensajes selectos, tomo 2, pág. 119)

Justamente cinco años antes de su muerte en 1915, la señora White recomendó que sus escritos, los cuales contenían la luz dada por Dios, continuaran "siendo presentados al pueblo", porque ellos contenían información "dada para corregir aparentes errores y para especificar lo que es verdad" (Carta 117, 1910; citada en Messenger to the Remnant, pág. 82).

Nuestros pioneros tenían un claro entendimiento de la importancia del Espíritu de Profecía en el desarrollo y defensa de las doctrinas que sostenemos. J.N. Andrews, el erudito en cuyo honor y memoria se nombró nuestra primera universidad, escribiendo acerca de la relación de Elena White con la doctrina, declaró que las visiones fueron dadas a Elena White.

"Constituyen los meidos por los cuales Dios preserva a su pueblo de la confusión, señalando los errores, corrigiendo falsa interpretación de las Escrituras, y haciendo que la luz brille sobre eso que está en peligro de mal interpretado, y por lo tanto, ser la causa del mal y la división entre el pueblo de Dios. En breve, su obra consiste en unir al pueblo de Dios en una misma mente y un mismo sentir sobre el significado de las Escrituras.

"El simple criterio humano, sin ninguna instrucción directa del cielo, nunca podrá encontrar la iniquidad escondida, ni ajustar las oscuras y complicadas dificultades de la iglesia, ni evitar diferentes y conflictivas interpretaciones de las Escrituras. Sería triste en verdad que Dios no pudiera aun conversar con su pueblo" (Review and Herald, feb. 15, 1970)

De esta manera vemos como Dios establece los fundamentos doctrinales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, siguiendo a su pueblo de los últimos días con una comunicación directa y oportuna, proveyéndoles de una herencia sin paralelo.

Todos los años acuden miles de peregrinos a la montañosa aldea de Fátima en Portugal, en busca de curación y otras bendiciones espirituales. ¿Por qué? Se les ha informado que hace muchos años, tres niños que jugaban bajo una encima, vieron súbitamente un ángel en las ramas de un árbol. Se dice que el ángel les habló algunas palabras.

Las palabras que escucharon los niños no eran de significado particular; y hasta los mismos niños se olvidaron de ellas. Sin embargo, por el hecho de que tres niños, dijeron haber visto a un ángel que les habló, millones de fervorosos cristianos son inducidos a subir a esa aldea en la montaña todos los años.

Que ironía en comparación con las 2,000 veces que Dios envió a su ángel durante los primeros 70 años de la experiencia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, con mensajes claros y definidos para su iglesia, sus dirigentes, sus miembros y su juventud. Estos mensajes han sido publicados y podemos leerlos hoy. Y no podemos evitar el preguntarnos si como Adventistas del Séptimo Día apreciamos realmente lo que Dios ha hecho por nosotros.

A los que visitan la última residencia de la señora White, ubicada en Elmshaven, entre los viñedos del Valle de Napa, al norte de California, se les enseña el dormitorio del segundo piso, en el cual la profetisa del Señor, fue despertada muchas noches durante los últimos 15 años de su vida por Gabriel, el ángel principal del cielo. Sin lugar a dudas, estos visitantes se ubican en el mismo sitio en que se presentó el ángel mientras daba los mensajes de instrucción, de ánimo y de advertencia.
¿Nos damos cuenta hoy del significado de todo esto?

II. GUÍA EN EL DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN

Los Adventistas del Séptimo Día, han sido guiados y preservados por la mano del Señor así como fue Israel en el pasado. Oseas escribió concerniente a esto: "Y por profeta hizo subir Jehová a Israel de Egipto, y por profeta fue guardado"
(Oseas 12:14)

1. Terminadas las primeras Conferencias Sabáticas, y encaminados hacia una definición de las creencias de los Adventistas del Séptimo día, Elena White recibió una visión en noviembre de 1848. En ella "se le dio una perspectiva de... el deber de los hermanos de publicar la luz que brillaba en el sendero"
(Life Sketches, pág. 125). Luego, volviéndose a su esposo ella dijo:

"... Has de comenzar a imprimir un pequeño periódico y enviarlo a la gente. Será pequeño al comienzo; pero a medida que la gente lea, te enviará medios con los cuales imprimir; y será un éxito desde el mismo principio. Se me ha mostrado que desde este pequeño comienzo saldrán reyes de luz que han de circuir el globo".
(El Colportor Evangélico, pág. 9.)

Fue en 1848 cuando Jaime White segó cien acres de heno para una guadaña de mano a ochenta y siete centavos el acre, con el propósito de reunir el dinero para viajar a algunos lugares donde se habían establecido Conferencias Sabáticas. Así dio comienzo y se publicó un pequeño folleto de ocho páginas con una cuenta de crédito. Después de enviar tres números, Jaime White recibió suficiente dinero para pagar al impresor, no solamente para las primeras tres tiradas, sino también por la cuarta. La factura total llegó a $64.50 y el recibo original por la transacción (fechada el 3 de septiembre de 1849) todavía se guarda en la bóveda de la Corporación Elena G. White en la Asociación General, en Washington.

Hoy tenemos una cadena de cincuenta casas publicadoras que circundan el globo y que imprimen literatura por un valor de más de cien millones de dólares cada año, en 177 diferentes idiomas.

2. A mediados del siglo XIX , era mucha la ignorancia en las áreas de filosofía e higiene. Médicos mal informados y pobremente educados practicaban la cirugía con las manos sucias. Prescribían la sangría como terapia importante para aliviar la congestión y el tabaco como medicina para los problemas de la garganta. Increíble (para nosotros hoy), que hasta la revista Review and Herald del 3 de enero de 1863, publicó la sugerencia de aplicarse moscas españolas pulverizadas y mezclarlas con trementina como remedio saludable para combatir la difteria, durante una epidemia de esta contagiosa enfermedad (pág. 51). En esos días se administraban otros venenos libremente.

José Bates, uno de los fundadores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (con Jaime White y su esposa) fue impresionado al principio con la necesidad de una reforma para abandonar las prácticas perjudiciales. Como resultado de su cuidadosa observación y razonamiento de causa de efecto, Bates fue eliminando progresivamente el café (1836), el alcohol (1843) y el tabaco (1844). Pero su experiencia era singularmente única, y tenía poca influencia sobre sus compañeros adventistas.

Más tarde, el 6 de junio de 1863, escasamente 16 días después de la organización de la Asociación General, Elena White visitaba el hogar de un laico adventista, Aaron Hilliard, en Ostego, Michigan. Ese viernes por la noche, según ella informó más tarde, "El gran tema de la reforma pro salud fue presentado delante de mí en visión" (Review and Herald 8 de octubre de 1867)
.
Los consejos de esta visión y una multitud de otros que le siguieron sobre la vida saludable, se encuentran hoy en libros tales como Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, Counsels on Health, Temperancia y Ministerio de Curación. Estos libros efectuaron una renovación en las vidas de aquellos que lo aceptaron.

Los científicos de hoy, cuyas continuas investigaciones financiadas por el gobierno de los Estados Unidos, entre otros, han demostrado que los hombres y mujeres adventistas de los Estados Unidos, Holanda y Noruega, viven de seis a ocho años más que el ciudadano promedio en esos países. Evidencias documentadas muestran que los adventistas sufren substancialmente menos cáncer, enfermedades del corazón, apoplejías y diabetes que los no adventistas. Es obvio que los consejos dados a este pueblo hace un siglo o más, pagan excelentes dividendos en la actualidad a aquéllos que los practican.

3. La preocupación de Dios, no sólo por la curación de los enfermos, sino también por la defensa de los principios preventivos, le fue presentada a Elena White en una visión, el día de Navidad en 1865. Ella informó más tarde:

"Me fue mostrado que debemos proveer un hogar para los afligidos y para los que deseen aprender cómo cuidar de sus cuerpos de tal manera que puedan prevenir las enfermedades" (Testmonies Tomo 1 pág. 489).

Otra vez dijo:

"Nuestro pueblo debe tener una institución de su propiedad, bajo su propio control, para beneficio de los enfermos y los que padecen entre nosotros, los que desean gozar de salud y fortaleza de modo que puedan glorificar a Dios en sus cuerpos y en sus espíritus, los cuales son de Dios" (Testimonies, Tomo 1, pág. 492.)

¿Y cuál fue la respuesta? Con esta exhortación todavía en sus oídos nuestros antepasados se dispusieron a establecer el próximo año el Instituto de Reforma Pro Salud del Oeste. En 1877 se le cambió el nombre por Sanatorio de Battle Creek. El mismo John Harvey Kellog acuñó la palabra "Sanatorio" para indicar un sitio donde el pueblo aprende a conservarse "sano" (Richard W. Schwarz, John Harvey Kellog, M.D. pág. 62.)

Esta institución se convirtió en la precursora de veintenas de instituciones para el cuidado de la salud que le darían a los Adventistas del Séptimo Día, renombre internacional por sus instituciones superiores que prestan un servicio dedicado. Hoy la iglesia administra una cadena de 166 hospitales y sanatorios que abarcan todo el mundo; unas 224 salas terapéuticas, clínicas y dispensarios y 45 lanchas y aviones dedicados a prestar servicio médico.

¡Esto no sucede por casualidad!

4. Después de lanzar un programa pro salud de largo alcance, Dios dirigió la atención de su mensajera especial hacia la educación de la juventud de la iglesia. En 1872 Elena White escribió su primer mensaje, un amplio artículo de 30 páginas de testimonios sobre este tema, el cual ella intituló concisamente "Educación Apropiada". (Más tarde ella modificaría su expresión, cambiándola a su término favorito y muy usado: La Verdadera Educación).

Este material lo tenemos hoy en el tercer tomo de Testitimonies for the Church, págs. 131-60. Sus palabras introductorias: "La mejor obra jamás asumida por hombres y mujeres, es la de tratar con mentes jóvenes" desmienten el fervor revolucionario con el cual este folleto fue escrito, pero más adelante ella declara enfáticamente: "Somos reformadores" (pág. 159). Y lo que ella estaba pidiendo a sus compañeros miembros de iglesia era nada menos que escuelas cuya filosofía circundante fuera totalmente radical y revolucionaria-- una completa desviación del pensamiento educacional contemporáneo que estaba en boga. La percibida tardanza de la hora añadió urgencia a su ruego:

"El tiempo es demasiado corto ahora para realizar lo que podría haberse hecho en las generaciones pasadas; pero podemos hacer mucho aun en estos postreros días, para corregir los males existentes en la educación de la juventud... Debido a que el tiempo es corto, debemos trabajar con diligencia y redoblada energía, para dar a los jóvenes la educación en la que consiste nuestra fe". (Consejos para Maestros, pág. 223, 224)

La iglesia se reunió otra vez para inspirar liderazgo, y el 24 de agosto de 1874 nuestra escuela en Battle Creek, abrió sus puertas con cien alumnos. (El relato de la fascinante historia de cómo prosperó esa escuela, y cómo descendió a una triste derrota, cuando fueron ignorados en favor de principios contemporáneos no inspirados, tendrá que ser en otra oportunidad. Sin embargo, el Colegio de Battle Creek, más tarde reiniciado con el nuevo nombre de Emmanuel Missionary College (Hoy Universidad de Andrews), fue el primero de una serie completa de establecimientos educacionales, que algún día habría de circundar la tierra.

Siete años después de dar inicio a la escuela en Battle Creek, Elena White y su hijo Williams C. White, estaban en la costa del Pacífico asistiendo a un campamento en Sacramento, California. Ante su insistencia, el 20 de octubre de 1881, los miembros reunidos allí apoyaron formalmente la fundación de un segundo colegio en Healdsburg.

Con el beneficio de la percepción retrospectiva (así como la providencia profética), los fundadores determinaron evitar los peligros ocultos y los defectos que desgraciadamente habían dañado los primeros años de la escuela en Battle Creek: tendrían un dormitorio para albergar a los alumnos, cursos de estudios regulares (y requeridos) sobre la Palabra de Dios, y un programa industrial que combinaría las actividades de la escuela con la experiencia práctica.

El colegio prosperó, pero a poco se fue congestionando el lugar. Como observara Elena White: "Mientras los hombres dormían, el enemigo sembraba casa". Más tarde, el colegio se llamó Pacific Union College (Colegio de la Unión del Pacífico) y fue reubicado en la cumbre de la montaña Howell, a 1600 pies de altura sobre el Valle de Napa, cerca de Elmshaven.

El primer día de clases del colegio de Healdsburg fue el 11 de abril de 1882, con veintiséis alumnos. Ocho días después, al otro lado del continente, diecinueve estudiantes asistían a su primer día de clases, en la escuela que más tarde se llamó Atlantic Union College (Colegio de la Unión del Atlántico) en South Lancaster, Massachussetts. Ambas instituciones celebraron con alegría su centenario el año pasado. Luego se establecieron dos colegios en los Estados Unidos; el Colegio de Avondale de Australia (la escuela modelo), y otros que habrían de abrirse. Hoy los adventistas del Séptimo Día, dirigen el segundo sistema escolar protestante más grande de los Estados Unidos, y sostienen en todo el mundo 5,000 escuelas con 28,000 maestros y 607,000 estudiantes.

III. PROTECCIÓN CONTRA LOS ENGAÑOS DE SATANÁS

Haciendo un repaso de la historia anterior de la iglesia, de la cual entonces era presidente de la Asociación General, George I. Butler, dijo en 1883.

"...Estas visiones...han sido siempre tenidas en grande estima por los más celosos y humildes entre nuestro pueblo. Ellas han ejercido una influencia destacada entre nosotros desde el principio. En primer lugar han llamado la atención por adelantado a cada movimiento importante que hemos hecho. La obra de publicación, el movimiento de salud y temperancia, la educación y el costo de la educación superior, la actividad misionera y muchos otros ramos importantes, deben su eficiencia principalmente a esta influencia. Hemos encontrado el valor de sus consejos, a través de una larga, variada y en algunos casos, triste experiencia. Cuando los hemos descuidado, hemos sufrido una gran pérdida". (Review and Herald Supplement, Aug. 14, 1883, pp. 11 y 12).

1. Los escritos de la señora White, inspirados en el Espíritu Santo le proporcionaron al pueblo de Dios muchas vías de información, instrucción y guía. Probablemente la extraordinaria y más grande contribución a nuestra comprensión de las Escrituras, es su "Gran Controversia entre Cristo y Satanás", tema que traza el origen, desarrollo y destino final de todo mal. Esto nos ha ayudado a entender el significado de acontecimientos contemporáneos, así como de la historia pasada.

2. Esos escritos han brindado siempre un correctivo útil al preservarnos de enseñanzas erróneas en nuestro medio. En 1896, John Bell, enseñaba en Australia que el Mensaje del Tercer Angel todavía estaba en el futuro. John Harvey Kellog defendió el panteísmo en 1900. A. F. Ballenger trató de eliminar el santuario celestial en la primera década del siglo veinte. Fanáticos ignorantes trataron de levantar una montaña teológica doctrinal en 1909, con su controversia concerniente al "continuo" de Daniel capítulo 8. Y en todo ese tiempo Elena White ayudó a conducir un sano, inteligente y profundo curso teológico eliminando los extremos, combatiendo la herejía y señalando siempre hacia una "más excelente manera de vivir".

3. Sin embargo, no sólo ayudando a establecer los fundamentos doctrinales de este pueblo, no solamente guiando en el desarrollo de la organización, ni protegiéndonos en situaciones difíciles y defendiéndonos de los engaños de Satanás es que vemos la completa unidad y valor de las contribuciones de Elena White a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, al brindarnos sin paralelo.

Elena White impresionó las vidas de miles de miembros de iglesia como individuos. Y siempre conmovió para mejorar. Hombres y mujeres fueron impresionados tan favorablemente, que estos mensajes causaron una elevada calidad de vida cristiana. Estaban convencidos de que mediante ellos Dios estaba preparando a un pueblo con la clase de carácter que soportaría la prueba severa de los últimos días. Y esos mensajes hicieron una obra efectiva para Dios. Y todavía lo siguen haciendo.

Hasta los no adventistas reconocieron el valor de la vida y ministerio de Elena White. Menos de seis semanas después de su muerte, ocurrida el 16 de julio de 1915, el director del periódico New York Independient observó lo siguiente concerniente a la iglesia y a su profetisa:

"Por supuesto, estas enseñanzas se basaban en las más estrictas doctrinas de inspiración de las Escrituras. El Adventismo del Séptimo Día no podría ser de otra manera. Y el don de la profecía se habría de esperar como fue prometido a la iglesia remanente, la cual se había conservado fiel a la verdad. Esta fe proveyó gran pureza de vida y celo incesante. No hay ningún otro grupo cristiano que los supere en carácter moral y formalidad religiosa. (23 de agosto de 1915, págs. 249, 250).

CONCLUSIÓN

Por consiguiente, esta es nuestra herencia-- "una buena herencia", una herencia que no podemos perder. Esta herencia no es solamente algo a lo cual podemos mirar con satisfacción y cierto orgullo justificable, sino con herencia de vital significado que hoy poseemos, que en parte podemos considerar como un juego de herramientas que nos ha sido legado:

--Un nivel medio del cual podemos afirmar nuestras vidas para conservar nuestros pensamientos, palabras y acciones a tono con el modelo.

--Una balanza por medio de la cual pueden pesar nuestros motivos, ambiciones y relaciones hacia nuestros familiares y nuestro prójimo.

--Un telescopio a través del cual, el futuro, tan nebuloso e incierto para muchos, es traído a una perspectiva clara y exacta.

--Un microscopio a través del cual podamos aislar e identificar pecados acariciados que con seguridad marchitarían nuestra esperanza de salvación.

--Un cuchillo por medio del cual podamos cortar los pesos innecesarios del vicio habitual y dominante.

--Un lente por medio del cual nuestros ojos puedan ser habilitados para observar de cerca a un Salvador amante que nos prepara un hogar eterno, y que nos dice a cada uno de nosotros: "Cuando está en el corazón el deseo de obedecer a Dios, cuando se hacen esfuerzos con ese fin, Jesús acepta esa disposición y ese esfuerzo como el mejor servicio del hombre, y suple las deficiencias con sus propios méritos divinos" (Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 448).

Amigo, ¿estamos usted y yo haciendo el mejor uso de estas herramientas que nos ha provisto nuestra incomparable herencia? ¿Estamos familiarizados con la información, los consejos, las reprensiones, y los estímulos a la mano, que han llegado a nosotros a través de la pluma de la mensajera de Dios?

Algunos años antes de morir, Elena White escribió: "No tenemos nada que temer del futuro, excepto que olvidemos" y luego menciona dos cosas separadas y distintas: (1) "La manera como nos ha guiado el Señor, y (2) "Su enseñanza de la historia pasada" por medio del don de profecía para la iglesia remanente (Life Sketches, pág. 196).

Que podemos escudriñar verdaderamente las instrucciones de Dios y que podemos probar seriamente "sus enseñanzas" tan gratamente provistas para nuestro bienestar. Debemos en verdad "recordar" y al recordar, digamos como Pablo, "no fui rebelde a la visión celestial" (Hechos 26:19)