UNA AUTORIDAD EN NUTRICIÓN COMENTA A LA SEÑORA
ELENA G. DE WHITE

Clive M. McCay, Ph D.
Profesor de Nutrición
Universidad de Cornell

Tres artículos publicados en la Review and Herald, 12, 19 y 26 de febrero de 1959.

UNA NOTA EXPLICATORIA

El fondo histórico de los artículos del Dr. Clive M. McGay es interesante. Años atrás llegó a sus manos uno de los libros de la Sra. White sobre el tema de salud. Le impresionó lo que leyó particularmente porque la historia de alimentos y nutrición era un tema al que él había dado estudio especial. Inmediatamente vino a su mente la pregunta: ¿Cómo sabía tanto de nutrición, esta mujer, en una época en que se divulgaba tantos criterios infundados? Con el tiempo consiguió varios más de sus libros y fu enormemente impresionado.

Entonces una noche, el año pasado (1958), fue invitado a dar una charla en el club de hombres de la iglesia local a la cual él asistía. Eligió el tema: "Una mujer extraordinaria del siglo XIX, señora E. G. White". Una copia de su disertación llegó a nuestro escritorio. En un viaje, el verano pasado, paramos en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, para visitar al Dr. McCay. Lo encontramos exactamente donde esperábamos encontrarlo, escondido en una oficina que estaba rodeada de innumerables ratas y lauchas cuya contribución a la ciencia de nutrición se combinaba con el olor opresivo que despedían.

El Dr. McCay es una clásica muestra del hombre verdaderamente científico; completamente imperturbado por los roedores malolientes. De hecho, estaba entusiasmado por ellos, señalando a ésta y aquella pequeña criatura que comía, dormía o caminaba en una jaulita metálica por el bien de la ciencia. Nos llevó después de las granjas cercanas a la Universidad. Allí un gran establo con corrales contiguos marcados "Laboratorio del señor McCay" contenía varios animales que pasaban unos días masticando diferentes variedades de alimento para proveer datos de los efectos de varias dietas. Debiéramos agregar que Cornell, una de las más destacadas universidades de América, ha hecho mucho trabajo significativo de investigación en nutrición.

Pasamos la noche en el hogar del Dr. McCay, una casa de campo reconstruida, muy habitable y laberíntica.
Pronto descubrimos para nuestro deleite que, aunque especialista en el campo de nutrición, su activo interés y estudio se extienden en una forma en una forma extraordinaria. Más de una vez durante la velada volvía a preguntarnos: "¿cómo explica usted el hecho de que la Sra. White, con muy poca educación formal y ninguna preparación especial en nutrición haya formulado tan acertadamente principios de nutrición que recién ahora se establecen científicamente?" Él descartó como enteramente insatisfactoria la respuesta que se da a veces superficialmente: "La señora White simplemente copiaba sus ideas de otros". Observó que tal respuesta trae aparejada otra pregunta: "¿Cómo sabía la señora White de que ideas apropiarse y cuáles rechazar de entre el desconcertante conjunto de teorías y enseñanzas de salud corrientes en el siglo XIX?"

El Dr. McCay no trató de contestar esas preguntas. Como hombre de ciencia estaba interesado en el fenómeno del conocimiento singular de ella que se adelantaba al descubrimiento y experimento científico. No tratamos de entrar, durante la placentera pero muy breve visita, en una discusión amplia de la doctrina teológica de inspiración. Simplemente establecimos que los adventistas aceptan la declaración de que la Sra. White era inspirada por Dios y dejamos el tema.

"El Dr. McCay estuvo dispuesto y feliz de responder a nuestra invitación de escribir algo para "The Review and Herald". La serie de artículos aquí impresa presenta la esencia de su discurso al club de hombres, además de material adicional de relevancia.

F.D Nichol

La fascinación de la historia es el nunca concluido descubrimiento de gente notable a los cuales somos profundamente deudores por los avances en el conocimiento. Rara vez se llega a saber acerca de esa gente repentinamente. Como con conocidos que viven en la actualidad, primeramente los entrevistamos en varios lugares; gradualmente los llegamos a conocer más íntimamente estudiando sus vidas y escritos en detalle. Esto es particularmente cierto con respecto a la gente con quien nos relacionamos estudiando la historia de la nutrición.

Durante el último cuarto de siglo he enseñado un curso en historia de alimentos y nutrición para estudiantes graduados. En ese caso se presentan materiales originales, comenzando en el antiguo trabajo griego de Atheneus, quien vivió en Roma al final del segundo siglo D.C. A través de los siglos XIII Petrus Hispanus publicó mucho acerca de dieta. Poco después del descubrimiento de América uno de los más grandes libros acerca de nutrición y el envejecimiento fue escrito por Luigi Cornaro (1464?-1566). Los siguientes hasta llegar al siglo XX proveyeron una notable colección de libros que presentan las teorías y algunas veces la investigación de los escritores en el amplio tema de nutrición y alimentos. Esas obras históricas deben ser examinadas críticamente porque contienen mucho que no es verdadero. En efecto, la mayoría de estas obras son una curiosa mezcla de verdad y error.

Entre los miles de personajes históricos conocidos en mis archivos, uno de los más sobresalientes es Elena G. de White. Tan acertadamente como uno puede llegar a juzgar, por la evidencia de la moderna ciencia nutricional, sus abundantes escritos sobre el tema de nutrición y salud en general, son correctos en sus conclusiones. Esto es doblemente sorprendente porque: no sólo fueron escritos, la mayor parte de ellos, en su época cuando circulaba un increíble conjunto de nuevos criterios de salud -buenos y malos- sino porque la moderna ciencia de nutrición, que nos ayuda a examinar conceptos y teorías, no había nacido todavía. Más sobresaliente aún, la Sra. White no tenía entrenamiento técnico en nutrición o en alguna subdivisión de la ciencia que trata de salud. Es más, por razones de su débil salud desde la niñez, sólo pudo completar una parte de su educación primaria.

OBTENCIÓN DE LIBROS DE
E.G. WHITE

No sé cuándo escuche por primera vez de la Sra. White. Mientras era estudiante en el colegio trabajé por unas semanas en un negocio e máquinas de Battle Creek, pero no puedo recordar su nombre de esa época. De tiempo en tiempo recibí visitas de algunos médicos adventistas y he llegado a admirarlos por su sinceridad en el servicio e interés en nutrición. Gradualmente, a través de los años, y más particularmente en tiempos recientes, he adquirido varios escritos de la Sra. White.

Sin embargo, mi conocimiento de la sabiduría de la Sra. White recién ha comenzado y las siguientes notas deben ser consideradas muy incompletas e inadecuadas.

A fin de colocar sus enseñanzas de salud en la perspectiva apropiada, debo primeramente registrar en forma breve ciertos hechos históricos.

Hasta los tiempos modernos el hombre vivía en áreas de la tierra más bien restringidas, porque no podía viajar lejos, ni rápidamente. Los hombres de adaptaban en cada zona al alimento disponible. Un médico en Inglaterra escribió un interesante resumen de esta relación del hombre hacia el alimento disponible, bajo el título: "El descuido de los principios naturales en la práctica medica actual". (Journal of Applied Nutrition, 1958. 11, 116).

Todas las plantas y animales que sirven como alimento para el hombre y otros animales se los conoce hace tiempo como mezclas complejas, a menudo combinadas en cientos de compuestos semi vivos llamados enzima. Algunos de los compuestos orgánicos pueden ser hechos por el cuerpo animal. Sin estos compuestos, vitaminas, aminoácidos esenciales o ácidos grasos, el cuerpo animal se enferma y muere.

LA DIETA EN ÉPOCAS REMOTAS

En tiempos pasados el hombre no destruía los complejos nutrientes de los alimentos naturales porque su provisión era a menudo escasa y debía comer el producto completo en la forma en que crecía. La cocción fue probablemente el primer método desarrollado que tendió a destruir parte de la vitamina del alimento. Sin embargo, el hombre primitivo era migratorio, dentro de límites y a menudo tenía poco combustible disponible. Por lo tanto cocinaba brevemente, como mucha gente del Oriente hace hoy día, por causa de las provisiones limitadas de combustible. El hombre primitivo aprendió a hacer brotar ciertas semillas como el frijol soya que es difícil de comer sin una larga cocción. Los brotes conservan los valores naturales del alimento y hacen posible la cocción en corto tiempo.

El hombre recién aprendió a destruir la mayor parte del valor del alimento natural, cuando descubrió la destilación del alcohol, hace más de mil años y cuando aprendió a cristalizar el azúcar, hace alrededor de dos mil años. Destilación cristalización con métodos humanos para separar la mayor parte de las vitaminas y otros nutrientes de los alimentos naturales. Cuando granos, como el maíz, son fermentados y luego destilados, toda la proteína, grasa, vitamina y minerales son dejados en la retorta. Hoy en día con esos nutrientes alimentan a los animales y el hombre bebe el alcohol en forma de vodka o whisky. Cuando la caña de azúcar o la remolacha (betabel) están desarrolladas, son ricas en muchos nutrientes al igual que otros alimentos, pero cristalizándolo el azúcar desecha los nutrientes, tanto como hace la destilación.

ERA CRISTIANA MODERNA

Hasta los tiempos modernos estos procesos tenían poca importancia en la nutrición humana, porque el hombre no podía reducir en gran escala miles de toneladas de alcohol y azúcar. Carecía de equipo para procesar en gran cantidad. Además no tenían los medios para reunir los ingredientes para hacer azúcar o alcohol en una vasta escala, aún si el alimento natural hubiera podido ser cultivado en proporciones grandes. Hace doscientos años se debatió en el Parlamento un proyecto para restringir el crecimiento de Londres, por la dificultad de transportar suficiente alimento a la población por medio de caballos o carruajes. En épocas pasadas la cantidad de alcohol y azúcar que se producía era suficientemente pequeña como para hace de estos productos un lujo.

Hace alrededor de 150 años la ciencia de la química, la física y la fisiología comenzaron a avanzar rápidamente. Estas ciencias finalmente hicieron posible producir y distribuir la basta selección de alimentos que inundan los mercados americanos de hoy. Al mismo tiempo hacen fácil la producción y venta de enormes cantidades de sustancias altamente procesadas, tales como azúcar y alcohol, que apelan al gusto del hombre pero que pueden conducirlo en contra de su bienestar. Hoy en día, el aumento de medios de comunicación tales como la televisión y un aumento en el conocimiento de la psicología de vender, hace posible venderle al hombre cantidades que aumentan cada vez más, de estos deteriorados productos.

Con el desarrollo de las ciencias naturales vino un mejor entendimiento de la nutrición humana. El químico llegó gradualmente, en el transcurso de los últimos 150 años, a apreciar que el alimento natural está compuesto de numerosos nutrientes tales como minerales, aminoácidos, proteínas y ácidos grasos no saturados. Sin embargo, este aumento del conocimiento científico no aseguró al hombre la lucha contra la desnutrición y mala salud, porque es un conocimiento muy incompleto. Por eso, aún en la actualidad la nutrición humana debe apoyarse sobre la experiencia y la enseñanza del pasado.

A medida que el conocimiento básico de nutrición avanza, los hombres crean normas que pretenden mostrar lo que cada persona debiera consumir si desea estar sana y bien alimentada. La primera de esas normas fue creada pro un químico de nombre Prout, hace ya más de un siglo. La más reciente de éstas fue formulada por varias agencias de salud, científicas y gubernamentales, en diferentes países.

Aún en nuestros días, tales normas son guías temporales e incompletas porque conocemos tan poco acerca de la nutrición humana. Ingerir alimentos para proveer todos los nutrientes según estas normas no nos aseguran estar libres de desnutrición hoy, más de lo que hubiera asegurado hace cien años.

En cierto sentido esas normas tuvieron una muy mala influencia porque los maestros de nutrición hicieron creer a sus alumnos que no pude haber desnutrición en una nación cuya gente consume alimentos que provee los niveles de vitaminas o preparados sugeridos en esas normas. Tales enseñanzas dan rienda suelta a aquellos que venden alcohol, bebidas gaseosas, azúcar y productos refinados para aumentar sus ventas, porque pueden afirmar constantemente que la gente está alimentada adecuadamente.

Los hombres de ciencia en el campo de la nutrición que rinden adoración en el templo de las así llamadas normas han sido igualmente inconsistentes desde el principio. Hace un siglo la enfermedad de pelagra era común en América y en algunas áreas de Europa donde se comía maíz. Por esa época la enfermedad fue eliminada de Francia reduciendo la cantidad de maíz que se consumía y haciendo que la gente comiera más huevos y carne. El químico francés Roussell, ya sabía cómo prevenir la pelagra en 1840, pero más de 70 años pasarían antes que los americanos hicieran uso de ese conocimiento. Las normas de nutrición de la era de la pelagra le habían hecho pensar al hombre que estaba adecuadamente alimentado cuando la verdad era opuesta.

Actualmente existe la misma condición, en principio, en América. Los exponentes de las normas aseveran que los americanos son los mejores alimentados en el mundo. Al mismo tiempo miles de americanos están muriendo de enfermedades del corazón y las arterias. Hay evidencia creciente e impresionante de que estas enfermedades son el reflejo de una mala dieta, pero esto lo cosechan los que se guían por las así llamadas, "Normas de Nutrición Adecuadas", echo que nos fuerza a admitir que toda la ciencia de la nutrición es todavía muy primitiva para proveer completa y adecuada guía, aún cuando existe mucho conocimiento al respecto.

La salud ha sido un asunto de poca preocupación individual para la mayoría en nuestra nación durante toda la historia. Entre los 170 millones de personas en América actualmente, probablemente no haya más de 10 millones que están dispuestos a una consideración seria y auto disciplina para mantener cuerpos sanos. Sólo después que perdieron su salud están la mayoría de las personas dispuestas a dar alguna atención al cuidado de los cuerpos.

Mientras que la selección y preparación de alimentos juega un rol importante en el mantenimiento de la salud, pocos seleccionan el alimento sobre la base de su valor nutritivo. La mayoría lo selecciona tomando en cuenta el gusto, la forma como está presentado el producto, la presión de la propaganda o la facilidad de prepararlo. De ese modo los grandes procesadores de alimentos orientan sus programas de investigación hacia empaque, gusto y conveniencia, antes que hacia el valor nutricional.

Un programa de nutrición sólido toma en consideración más que únicamente la compra de alimento. Un cuerpo sano, un programa de vida satisfactorio y una mente tranquila son todos parte de los factores de una nutrición correcta, siendo que las glándulas que aseguran la digestión y la asimilación del alimento no puede funcionar bajo la influencia de una mente perturbada.

He dado esta pequeña reseña para proveer el marco para mis comentarios sobre las enseñanzas de Elena G. de White, particularmente en términos de la utilidad de sus enseñanzas en la actualidad para la población de América. Cualquiera sea la religión del lector, puede ganar mucho en medio de este mundo confuso en el cual vivimos, por un estudio de los escritos de la Sra. White. Además, todo nutricionista moderno serio debe impresionarse por la solidez de las enseñanzas de la Sra. White a pesar del hecho de que ella empezó a escribir
ya cerca de un siglo.

Sólo una pequeña porción de personas parece comprender la importancia del concepto "Vida Balanceada" o la "totalidad" de la vida. Esto está muy bien expresado en la pequeña compilación de escritos de la Sra. White que está incluida en "De la ciudad al Campo". En esta época, cuando los problemas de crimen y delincuencia juvenil aumentan constantemente, sus escritos son de interés especial para los sociólogos. Pero para el nutricionista moderno tienen también una apelación especial porque gran número de personas se ha trasladado a las afueras de las ciudades. Tienen facilidades para producir muchos de sus propios vegetales y frutas con un mínimo de residuos de fumigación tóxica. Tienen lugar donde moler el trigo y hacer su propio pan.

Inclusive pueden producir las papas y calabazas para su consumo. La Sra. White comprendió el valor de tales alimentos para una mejor nutrición y el valor de la experiencia de cultivar un huerto como recreación humana.

Cuando se leen tales obras de la Sra. White como Ministerio de Curación o Consejos sobre el Régimen Alimenticio, uno es impresionado por la exactitud de sus escritos a la luz de la ciencia moderna de nutrición. Sólo se puede especular en cuanta mejor salud podría gozar el americano término medio, aún cuando no supiera casi nada de la ciencia moderna, sí sólo las enseñanzas de la Sra. White.

Para entender mejor la extraordinaria naturaleza de sus enseñanzas, debiéramos estudiarlas en el marco del ambiente intelectual que prevalecía durante los primeros años de su vida. Este ambiente le proveyó de los problemas que necesitaban solución. Algunos de esos problemas son más evidentes hoy día y reclaman una solución, debido a que la vida es mucho más compleja y el aumento de la población es enorme.

 

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