PREDICANDO CRISTOCENTRICAMENTE
Hacia una mejor predicción - 2

Morris L. Venden

 


En última instancia, el cristianismo no es simplemente un sistema filosófico o siguiera teológico. Ser cristiano significa algo más que simplemente tener cierto estilo de vida. Para ser cristiano, uno debe tener una relación con Jesucristo. Los pastores, quienes guían a la iglesia en pensamiento y adoración, necesitan moldear sus mensajes en la forma debida. Pero ¿cómo podemos predicar sermones cristocéntricos?

 

Un futbolista piensa en fútbol todo el día. Por lo general, un mecánico piensa sólo en automóviles. Un doctor está constantemente absorto en la medicina. Nosotros llamamos a esa gente fanática; decimos que es su trabajo pensar en esas cosas. Y está muy bien que un predicador sea unidireccional también. ¡Puede tener sólo una cuerda en su violín, si ésa es la correcta! De hecho, sería una verdadera lástima estar en el ministerio si un foco central fuera cualquier cosa excepto aquélla por la que el apóstol Pablo era conocido: "Hermanos, cuando fui a vosotros a proclamar el testimonio de Dios, no fue con excelencia de palabra o de sabiduría. Por que me propuse no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Cor. 2:1,2). Pablo era un "fanático" de Jesucristo.
Un fanático, de acuerdo a una definición que me gusta, es una persona que ha perdido su propósito, pero que ha redoblado sus esfuerzos. Ahora bien, esto no describe al apóstol Pablo. Su fanatismo era de un tipo diferente. La definición que describe a Pablo es ésta: un fanático es una persona que siempre concluye en el mismo lugar, sin importar donde comience. Y nosotros predicadores, podemos hoy en día imitar con seguridad a Pablo en este tipo de fanatismo.

Por supuesto, al escribir sobre este énfasis en Jesús, Pablo se estaba refiriendo a su experiencia en Atenas y cómo había cambiado su método de predicar. El libro Los hechos de los apóstoles describe esa transición. "Al predicar el Evangelio en Corinto, el apóstol siguió un plan diferente que en Atenas. Mientras estuvo en ese lugar, trató de adaptar su estilo de carácter de su auditorio; trató de hacer frente a la lógica, a la ciencia con la ciencia, a la filosofía con la filosofía. Al pensar en el tiempo así usado, y darse cuenta de que su enseñanza en Atenas había producido sólo poco fruto, decidió seguir otro plan de acción en Corinto, en sus esfuerzos por cultivar la atención de los despreocupados e indiferentes. Resolvió evitar todas las discusiones y argumentos complicados, l y no 'saber algo' entre los corintios, 'sino a Jesucristo, y a éste crucificado'. Iba a predicarles, no 'con palabras persuasivas de humana sabiduría, más con demostración del Espíritu y de poder' (1 Cor. 2:2,4) (pág. 198, 199).

Ahora bien, no es cierto que Pablo jamás habló de otra cosa excepto Jesucristo y éste crucificado, incluso en Corinto. Luego de expresar en 1 Corintios su propósito de conocer sólo a Cristo, procedió a hablar acerca de la carne ofrecida a los ídolos, fornicación, incesto, etc. Al examinar cuidadosamente las cartas de Pablo usted encontrará que habla de muchas cosas. Pero siempre termina en el mismo lugar donde empezó.

Pudiera ser que hoy usted diga: "Voy a predicar sólo de Jesús y éste crucificado", y luego se especializara en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y se olvidara de Ezequiel y Crónicas y el resto de las Escrituras. Sin embargo, estaría desaprovechando el resto de la Biblia. Podría incluso decir concentrarse sólo en los capítulos finales del cuarto evangelio y descuidar incluso el resto de los evangelios. Pero el tipo de fanático que me gustaría ser, y el tipo que Pablo era, es aquel que siempre concluye con Jesucristo no importa donde comience.

De ese modo, Jesús llega a ser el foco central de cualquier plataforma de lanzamiento que se use en toda la Escritura. ¿Sería posible, incluso en la predicación evangelística, que usted preparara sus semanas de tal forma que la gente se fuera a casa, después de escuchar una presentación sobre Daniel 2, pensando más en la Roca, Jesucristo, que en Nabucodonosor? ¿Es posible presentar los símbolos de Apocalipsis de modo que la gente se marche pensando más en Jesús que en las bestias? Predicar cristocéntricamente no limitará necesariamente nuestros sermones a estudios sobre la vida de Cristo, pero buscará exaltar a Jesús, el Hombre de la Biblia, sin importar el asunto ni el tópico que estemos presentando.

Al abordar el concepto de la exaltación de Cristo en nuestra predicación, podríamos hacernos las preguntas típicas de los periodistas. En el párrafo de entradilla de un artículo periodístico, los reporteros tratan de responder las preguntas qué, por qué, cuál, dónde, cuándo, quien, y cómo. Cuando se trata de la predicación, supongo que la persona que predica fundamentalmente acerca del qué sería la que se inclina hacia el lado del legalismo qué hacer, qué no hacer. El que se enfoca sobre el cuándo podría ser aquél cuyo interés primario es la escatología y los eventos mundiales. Algunos predicadores han llegado a ser muy conocidos por eso. Una persona podría preocuparse con el cuál. Este podría ser el estudiante de las religiones mundiales.

Hay muchos tipos de intelectuales que se deleitan en preguntar por qué. Y es posible gastar mucho tiempo tratando de responder esa pregunta. Algunos de nosotros hemos tenido una verdadera preocupación en enfocarnos sobre la pregunta cómo. Muchos jóvenes se han frustrado porque la iglesia ha hablado demasiado acerque del qué, pero tan poco acerca del cómo. Y han encontrado extremadamente difícil descubrir cómo vivir la vida cristiana.

Pero la pregunta quién debiera ser el tema primordial y la meta de cada sermón. Podemos encontrarnos predicando, y legítimamente, sobre las preguntas qué, cuál, por qué, e incluso cómo. Pero si descuidamos el quién, nuestro ministerio no producirá más que muy poco fruto.

Un hombre vino al mi oficina no hace mucho tiempo y solicitó que su nombre fuera quitado de la membresía de la iglesia. Él fue simpático. ¡Podría haber sido más fácil para mí si él hubiera estado de mal humor! Pero fue amable y cortés e interesante hablaba con él. Incluso ofreció venir a la siguiente junta administrativa de la iglesia y explicar las razones por las que quería que su membresía fuera suprimida.

Mientras hablábamos traté de averiguar si alguna vez él había tenido una relación personal con Jesucristo o no. Yo quería descubrir si alguna vez había experimentado el quién. Y encontré que no. Sus creencias en Cristo y en la iglesia habían estado siempre solamente en un plano intelectual. Consideraba que el cristianismo era simplemente un sistema de pensamiento. Y estaba desechándolo en favor de una filosofía alternativa.

Qué tragedia para el ministro del evangelio presentar la verdad de tal manera que sólo conduzca a los oyentes a una creencia intelectual, a aceptar un sistema de pensamientos, y no a un descubrimiento de la Persona, el quién, la base entera del cristianismo. Es posible ser un hindú o un mahometano o un humanista y aceptar sólo una teoría o creencia intelectual. Pero no es posible ser un cristiano genuino sin la aceptación personal de una persona, Jesucristo mismo.

¿Qué es el evangelio? ¿Ha estado usted alguna vez involucrado en una discusión sobre eso? ¿Es el evangelio justificación solamente? ¿Incluye santificación? ¿Qué acerca de la glorificación? Durante mucho tiempo el tema de la salvación se ha dividido en tres partes: Justificación (ser salvo de nuestros pecados), santificación (ser salvo de nuestro pecar presente) y glorificación (ser salvo de un mundo de pecado). Pero Pablo tiene una definición aún mejor del evangelio. Él dice: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree; primero al judío y también al griego" (Rom. 1:16). El evangelio, entonces, es Jesucristo y todo lo que él vino a hacer. Ello incluye al menos las tres divisiones ya mencionadas: lo que él ha hecho por nosotros, lo que él hace por nosotros y lo que él quiere hacer por nosotros cuando venga otra vez. Pero el evangelio es aun más que esto. Está principalmente relacionado con el Quién - es el evangelio de Jesucristo.

Sin embargo, el asunto de la predicación cristocéntrica nuna puede ser estudiada simplemente en términos de contenido. En la primera mitad de este artículo hemos considerado la predicación cristocéntrica. Pero la predicación cristocéntrica no tendrá ningún efecto sin predicadores cristocéntricos. Si no tenemos a Cristo en la vida, él no va estar en nuestra predicación a pesar de las palabras que usemos. Pablo se determinó a no conocer nada excepto a Cristo y éste crucificado, porque ése era el foco de su propia vida.

A veces podemos engañarnos a nosotros mismos con el pensamiento de que somos cristianos. Es posible ser religioso, pasar por la rutina de las actividades de la iglesia, y sin embargo, no conocer una relación personal con Jesucristo. ¿Cómo podemos saber si somos realmente cristianos o simplemente estamos siendo motivados por el egoísmo o por razones seculares que desempeñan un papel?

Dos pruebas: ¿De quién nos encanta hablar, y en quién nos encanta pensar? Observe sus pensamientos y conversación en su tiempo libre, cuando no está siendo motivado o estimulado por la iglesia o la escuela sabática o el trabajo. En sus momentos libres cuando se relaja ¿en qué piensa usted y de qué habla? Para el ministro es fácil pensar y hablar de Jesús durante el sermón. Pero ¿qué después de comer el sábado cuando sólo su familia lo rodea? En una convocación religiosa es fácil pensar y hablar de Jesús durante las reuniones. Pero ¿cuál es el tipo de conversación cuando los ministros se juntan entre las reuniones o en el comedor? Puede ser fácil pensar y hablar de Jesús cuando usted está con personas que esperan que lo haga así puesto que usted es el ministro. Pero ¿en qué piensa cuando está sólo y puede realmente ser usted mismo?.

El apóstol Pablo pasó esta prueba de fuego. "Y más aún, considero todas las cosas como pérdida por el sublime valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo... A fin de conocer a Cristo, conocer la virtud de su resurrección, y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejantes a él en su muerte" (Fil. 3:8-10).

 

Si trato de predicar sermones cristocéntricos sin conocerlo y sin tener comunión con él, seré como un muerto tratando de dictar una conferencia sobre la vida. Es imposible. Lo más importante de la fe y la experiencia cristiana está contenido en conocer a Jesús.

No pediría disculpas por hacer demasiado hincapié en la importancia de conocer a Jesús personalmente. En encuestas hechas con miembros de iglesia, los resultados muestran que sólo uno de cada cuatro pasa tiempo con Jesús día a día. Sólo uno de cada cuatro tienen esa hora de reflexión en la contemplación de la vida de Cristo. Sólo uno de cada cuatro está tomando tiempo para estudiar su Palabra y comunicarse con él a través de la oración. De hecho, una encuesta reciente mostró que sólo uno de cada cinco está pasando tiempo de estudio personal de la Biblia sobre esta base regular.

Sería alentador pensar que los ministros, de toda esa gente, estuvieran entre quienes llevan en una vida centrada en Cristo, legando a conocer a Jesús por sí mismos. Pero mi hermano levantó encuestas durante varios años en el seminario donde él enseñaba. En una clase particular de estudiantes ministeriales y ministros que volvían a las aulas para estudios adicionales, les pidió que respondieran a la pregunta sobre cómo experimentar una relación significativa con Cristo. Los estudiantes, dijo él, presentaron obras maestras sobre la necesidad de la oración y el estudio personal de la Palabra de Dios. Incluyeron magníficas ideas sobre cómo hacer el tiempo de comunión y compañerismo con Dios el momento más importante del día, y cómo involucrarse en compartir y testificar como resultado.

Después que había escrito bastante, les dijo: "Ahora por favor volteen sus papeles y díganme cuáles de esas cosas han practicado últimamente".

No les pidió que pusieran sus nombres. Pero revisó las respuestas cuidadosamente y mantuvo un registro de los resultados a través de los años. Sólo uno de cada cuatro estaba procurando conocer a Jesús diariamente. ¡Uno de cada cuatro! ¿Sería ir demasiado lejos al decir que éste es uno de nuestros más grandes problemas en el ministerio cristiano? ¿Cómo pueden los muertos dar una conferencia sobre la vida? El ministerio cristiano tiene que ser algo más que la IBM o General Motors. No es simplemente otro negocio. Debe surgir de una relación con Jesucristo.

Cuando era un ministro principiante tomaba sermones de mi padre, de mi tío, y de grandes predicadores de nuestra denominación tales como Haynes, Richards, Bunch, Fagal y Vandeman. Y la gente decía: "Sabe, me gustó su sermón. Parece cómo si ya lo hubiera escuchado en algún lugar, pero me gustó".

Me estaba acreditando el estudio personal de esos sermones como mi vida devocional. ¿Ya descubrió usted que su estudio e investigación para los sermones no necesariamente va a reemplazar su vida devocional? Eso fue algo duro para mí. Me tomó tres años en el ministerio antes que lo aprendiera.

En mi primera iglesia una piadosa mujer vendría cerca de la puerta al final del culto y diría con una dulce sonrisa: "Pastor, realmente aprecié su sermón hoy, será maravilloso cuando usted llegue a conocer a Jesús".

Unas pocas semanas después se acercaría de nuevo. "Gracias por ese sermón pastor. Será maravilloso cuando usted llegue a conocer a Jesús".

¡Yo comencé realmente a desarrollar sentimientos conflictivos por esta dama! Pero sabía que ella tenía razón. Siempre fue simpática al respecto, dulce y amable. Pero ella sabía dónde se encontraba, y yo no. ¡Lo mejor de todo, oró por mí!.

 

En su libro By Faith Alone (por fe solamente), Carlyle B. Haynes confiesa haber estado en el ministerio por quince años antes que algo similar le ocurriera. Descubrió que, aun cuando había predicado de la salvación a cientos de personas, él mismo estaba perdido, y tuvo que empezar completamente de nuevo a buscar familiarizarse personalmente con Jesús y aceptar la salvación para sí mismo, día tras día.

Todo lo cual me recuerda a la día Ana. La tía Ana hacía el mejor pan que jamás alguien hizo. Cada vez que mi hermano y yo visitáramos a la tía Ana, podríamos siempre imaginárnosla sacando una hogaza de pan del honro. Y la primera cosa que nos prepararía cuando llegáramos sería una pieza de pan casero.

Piense en lo que ella decía haber hecho. Podría habernos dejado oler simplemente. ¡Y, bueno, aun una olida era irresistible! Pero detenernos allí hubiera sido extremadamente frustrante. ¡Ella podría haber comido una pieza de pan en nuestra presencia, y eso hubiera sido aun peor! O, como realmente hizo, podría habernos dado una pieza de pan, y eso era riquísimo. Podría habernos dado varias piezas, y eso era aun mejor. Y más todavía, podría habernos dado varias hogazas para llevar cuando perdiéramos.

Pero la mejor cosa que la tía Ana podría haber hecho, hubiera sido enseñarnos cómo hacer pan casero como ése por nosotros mismos. De vez en cuando oímos decir que el predicador necesita alimentar a las personas. Eso está bien. Pero nosotros los predicadores necesitamos hacer algo aún más importante. Necesitamos enseñarle a la gente cómo alimentarse a sí mismos. Por mucho tiempo las personas han estado siguiendo a otras personas, y eso es precisamente por lo que estamos en problemas hoy día. No es suficiente juzgar la verdad mediante quién tiene la dentadura más linda. Nuestra única seguridad está en ir a la Fuente de pan de vida por nosotros mismos, y luego enseñar a la gente a ir allí también.

Cuando conocemos a Jesús por nosotros mismos y él es el centro de nuestras vidas y de nuestros días, entonces estamos capacitados para exaltarlo ante nuestras congregaciones. Debemos exaltar a Jesús de tal manera que a la gente le dé hambre del Pan de vida, y luego debemos enseñarles la receta de modo que sepan cómo buscarlo y exaltarlo por ellos mismos. Al conocerlo, tanto el pastor como la gente encontrarán al único método para tener una vida cristocéntrica. Y es conociéndolo a él como recibimos vida eterna.
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Traducido de la revista Ministry de febrero de 1984.

 

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