TESTIMONIO DEL DR. KRESS

Por

Dr. D. M. Kress

 

Algunas personas honestas han tomado una posición extrema respecto a algunas declaraciones de la señora White en cuanto a el uso de alimentos de origen animal, especialmente la leche y los huevos. Estos puntos de vista, extremos por cierto, fueron defendidos por el Dr. J. H. Kellogg y sus asociados en Battle Creek, incluyéndome entre ellos.

Cuando fui a Inglaterra defendí apasionadamente el hecho de no usar como alimento la mantequilla, la leche y los huevos; lo mismo hice cuando fui a Australia. Me esforcé en practicar lo que enseñaba. Fue difícil para mí el conseguir alimentos apropiados al viajar de un lugar a otro. Como resultado, mi dieta era pobre en algunos elementos nutritivos esenciales. Mi salud se deterioró a tal punto que casi moría, pues sufría de anemia perniciosa, la cual por entonces se consideraba como incurable.

A la señora White se le presentó mi caso en visión y me escribió varias cartas señalándome las causas de mi mala salud. Además, me urgía a hacer cambios en mi dieta. Me escribió: "Su devoción hacia los principios le está llevando a practicar una dieta que le ha resultado contraproducente y no recomendará la Reforma Pro-Salud. No sea un extremista al tratar de ser un ejemplo para otros que usted considera van a la zaga en la dieta". Me dispuse a poner en práctica este consejo.

Luego la hermana White añadía: "Cuando vea que se está debilitando físicamente, es esencial para usted el hacer cambios de inmediato. Agréguele a su dieta aquello que le ha quitado; es su deber hacerlo. Consiga huevos de aves sanas. Cómalos cocidos o crudos. Consiga vino de uva sin fermentar y agréguele dos huevos crudos. Tómelos, esto suplirá aquello que le hace falta a su cuerpo. Ni por un momento suponga que es incorrecto hacer lo antes indicado. . . apreciamos su experiencia y conocimiento como médico, sin embargo, déjeme decirle que la leche y los huevos debieran estar incluídos en su dieta. Estas dos cosas no debieran eliminarse a lo menos por ahora, y no debiéramos enseñar que otros lo hagan".

La carta me llegó a Australia y estaba fechada el 29 de mayo de 1901. En ella la hermana White añadía: "Llegará el tiempo cuando no podremos usar libremente, como ahora lo hacemos, la leche y los huevos, pero por ahora no podemos descartarlos. Los huevos contienen propiedades que son agentes benéficos en contra de algunos venenos. . . no deberíamos considerar la negación de un principio, el usar huevos de gallinas sanas y bien alimentadas". "Mientras yo descartaría la carne como dañina, algo menos objetable podría ser usado y esto son los huevos. No quite la leche de su mesa o prohíba su uso al preparar los alimentos. La leche a ser tomada debiera ser de vacas sanas y debiera ser pasteurizada. . . Yo uso un poco de sal, siempre lo he hecho, pues por la luz que me ha sido dada, este elemento, en lugar de ser deletéreo, es esencial para la sangre. El por qué y los cuándos de esto no lo sé, pero le doy la instrucción tal y como me ha sido dada".

"Lo que le escribo ahora me fue presentado clara y distintamente anoche. La razón de la mala salud del Dr. Kress es el haber socavado las reservas vitales de su cuerpo y el fracaso de no haberlas suplido mediante alimento sabroso y nutritivo. Mi hermano, dedique toda su vida al crucificado por sus pecados, pero no se ate usted mismo a una dieta pobre, pues así representa mal la reforma pro-salud. . . Hemos de estar en contacto con las masas, y si la reforma pro-salud se les enseña en la forma más extrema, se les haría un gran daño. Les pedimos que abandonen el consumo de la carne, el ingerir te y café. Esto está bien. Pero alquien dice que también la leche debiera eliminarse. Este es un asunto que necesita manejarse cuidadosamente. Hay familias pobres cuya dieta consiste de pan y leche, y si es que pueden conseguir, un poco de fruta. Todo alimento a base de carne, debe descartarse, pero los vegetales debieran hacerse apetitosos con un poco de leche o crema o algo equivalente. Los pobres dirán cuando se le presente la reforma pro-salud: gqué vamos a comer? fNo podemos comprar nueces! Se me ha instruído que cuando le presente el evangelio a los pobres, les diga que, en cuanto a su dieta, traten de conseguir el alimento más nutritivo a su alcance. No les puedo decir: "No debéis comer huevos o tomar leche o crema. No debéis usar mantequilla en la preparación de vuestros alimentos". El evangelio debe ser predicado a los pobres, por lo tanto, el tiempo no ha llegado aún para prescribirles una dieta estricta. Vendrá el tiempo cuando tendremos que descartar algunos de estos artículos de nuestra dieta actual, tales como la leche, la crema, los huevos; pero mi amonestación es que no traiga sobre usted el tiempo de angustia antes de tiempo y aflija su alma hasta la muerte. Espere hasta que el Señor prepare el camino ante usted. Me gustaría decirle que cuando llegue el tiempo en que no será seguro usar la leche, la crema y los huevos, Dios nos lo revelará. En la reforma pro-salud, no hemos de abogar por los extremos. El problema del uso de la leche, la crema y los huevos, será resuelto a su tiempo.

Después de recibir este mensaje, comencé de imediato a hacer reformas respecto al uso de huevos y leche, y con la bendición de Dios, me he recuperado bien. Ella me pidió que llamara a los ancianos de la iglesia y que me ungieran con aceite, reclamando las promesas de Dios para que me concediera mi salud y me perdonara mis pecados. De esto hace cuarenta años. He llegado a casi cumplir 82 años de vida y todavía me siento bien al emplear tres horas diarias en mi consultorio en el hospital. Por la salud que sin merecer se me ha dado, estoy en deuda con el mensaje que se me dio, en el momento en que mi recuperación parecía sin esperanza desde el punto de vista médico. Todavía sigo el consejo de usar leche y huevos y cuando siento la necesidad de usarlos lo hago con jugo de uvas como se me indicó.

Yo pienso que la posición que debiéramos tomar es la de emergencia en ciertas situaciones, mas bien que desde el punto de vista moral. Los productos lácteos, cuando provienen de una fuente saludable, según yo lo veo, siempre serán permitidos hasta el fin de nuestro peregrinaje en este mundo. La leche y los huevos fueron destinados a ser alimento desde el principio, antes de que el pecado entrara en el mundo. Ellos contienen todos los elementos nutritivos, incluyendo las vitaminas, para mantener con vida a las criaturas para las cuales fueron originalmente destinados. Esto no sucede con la carne. La carne jamás fue destinada como alimento. Dios nunca planeó que una criatura tuviera que matar a otra a fin de vivir. El comer carne fue permitido como resultado de la entrada del pecado en el mundo. Fue realmente una dieta de emergencia y su uso es justificable solo en ausencia de los alimentos naturales originales. La carne no puede ser clasificada jamás entre la leche y los huevos. Si el pecado no hubiese entrado en el mundo, la leche y los huevos hubiesen sido utilizados como alimentos para las criaturas para las cuales fueron originalmente destinados. No es pecado si el hombre los usa, si así lo desea, puesto que contienen los elementos de la nutrición.

Pienso que he dejado mi posición clara en esta carta y me siento contento por ello. Reconozco esto como una oportunidad que Dios me ha dado para deshacer en cierta medida lo que mis enseñanzas en el pasado hicieron. Es tarde, pero siento que posiblemente Dios pueda capacitarme para ayudar a otros quienes se sentirían inclinados a tomar una posición extrema como yo lo hice en cuanto a la dieta.

 

 

405 Niblick Avenue
Orlando, Florida
Enero 6, 1944.

 

 

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